jueves, 20 de junio de 2019

Tragedias cotidianas



Al salir del cole veo a una pareja que se acerca hacia mí por el Paseo de Alcobendas. Él luce la inconfundible camiseta de Aldovea; ella es una chiquilla de catorce o quince años, con poquita ropa encima, flaca como un fideo, de pelo negro alborotado y brazos movedizos que se agitan como las aspas de un molino mientras habla y habla. Él escucha en silencio mirando al suelo, como si estuviese recibiendo una dura reprimenda.
Abro la puerta del coche, pero no me decido a entrar. Me vence la curiosidad por saber de qué están hablando.
Al fin me siento frente al volante y abro la ventanilla. En ese momento, la pareja pasa a mi lado. Ella gasta una voz afilada como un bisturí capaz de traspasar la chapa de la carrocería.
—Sabes lo que te digo. Voy a morir sola, gorda y fea, pero no me importa. Ella se lo pierde.
Pongo en marcha el vehículo. ¡Ah, la vida atormentada de los adolescentes; quien la sufriera otra vez!

4 comentarios:

Antuán dijo...

Hola people! ¿Como lo lleváis? Adolescentes. Siiii! Por supues. Todos hemos pasado por eso. Yo sobre todo la experiencia con mis hermanos. Los combates de boxeo, carreras en bicicleta por los caminos destrozados de las ruedas de los tractores yendo a los olivares. A ver quien era el ultimo, sobre todo. Las peleas en la comida... como nos aprovechábamos del pequeño que cuando había conejo con patatas se las reservaba para el final, las tajajaditas; se entiende y se las comíamos y se quejaba a mi madre. Los juegos en la calle empedrada que hacíamos chispas con piedras sueltas. Y otras bestialidades. churro vá. El escondecorreas. En los huecos de las paredes. Antes había menos alumbrado. Por que mucho más... la adolescencia los fines de semana y verano nos tocaba ir al campo. Pero eso también cuenta. cazábamos pajarillos con linterna y escopeta en la huerta. con los de al lado. Y Hasta otra que esto ha sido un intermedio. tengo que seguir. Adiosle

Isa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Merche dijo...

Pues la mía fue "de libro": cursi, lánguida y tonta hasta el infinito y más allá. Me da una vergüenza recordar algunas cosas...
Y llorona, muy muy llorona.

Fernando Q. dijo...

yo de volver, a la treintena, cuando lo tenía todo pero estaba siempre preocupado por mis hijas pequeñas, por el trabajo, por la casa...
Eso sí, no esperaría a convertirme. No esta vez, no Señor...