lunes, 17 de junio de 2019

Fiesta de la Santísima Trinidad



Cuando Jesús nos reveló que Dios es Padre y que podemos invocarlo con ese título, dijo mucho más sobre cada uno de nosotros que sobre Dios. Ahora sabemos que ante todo somos hijos, y que ese Dios que habló desde la zarza ardiente y desde el trueno, ese Dios infinito, incomprehensible, inmutable, eterno y omnipotente, nos ama con la ternura de la madre más apasionada, cariñosa, cálida, indulgente, cercana.
Cuando Jesús nos llamó por primera vez "amigos", se puso en cuclillas para estar a nuestra altura; nosotros, al contrario, estiramos el cuello; porque la amistad iguala. Desde entonces sabemos que tenemos un Dios-Amigo que nos cuenta sus secretos y espera que nosotros hagamos lo mismo, porque Él es siempre leal, guarda nuestras confidencias y nunca niega un favor a quien lo solicita en nombre de la amistad.
Cuando Jesús nos reveló que su Espíritu tomaría posesión de nuestra alma y viviría para siempre allí escondido, con tal de que le abramos la puerta y no le expulsemos, comprendimos que somos como aquel personaje de la parábola que encontró un tesoro en el campo. El campo es nuestro corazón y Dios nuestro tesoro. Por eso lo custodiamos con siete candados; no podemos tolerar que el diablo lo arrebate.

6 comentarios:

Fernando Q. dijo...

Al Espíritu Santo sólo hay que dejarle hacer. Ni más ni menos. Pero el Malo nos engaña (porque le dejamos, claro) y cerramos la puerta.

Tan simple, tan inmenso...

Isa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antuán dijo...

Tengo un libro de santo Tomas de Aquino desde hace años de paginas amarillas que tomé prestado y estrené pues muchas hojas estaban sin despegar. Vamos que lo hice mio: Doctrina teológica y reconozco que no me he aprovechado bastante de su lectura; así como me he parado en algunas lecciones y pasado el rotulador verde fosfo. Donde la Trinidad por ejemplo dice si mal no recuerdo: Dios nos conoce mejor que nosotros y se encuentra muy a gusto en los salones de nuestro entendimiento. Pensando en las tres divinas Personas, no puedo menos que referirme a la Santísima Virgen y en su relación con la Trinidad. Hablando con mis colegas y en lo que venia pensando. En la Salve le decimos Dios te salve, me salia decirle: Dios me salve, Dios nos salve. ¡Pedimos tantas cosas! y somos tantos que nos escuchará. Adiosle

Isa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Enrique Monasterio dijo...

Goyo, por una vez no publicaré tu comentario. Creo que el tono es inadecuado

Anónimo dijo...

Y San Juan Pablo II nos dijo que Jesús es el rostro divino del hombre y el rostro humano de Dios