domingo, 25 de mayo de 2008

Escupir es peligroso


Acaba de "cantar" Chikilikuatre y yo me voy a la cama. Prometo solemnemente que, si gana, me iré a otro continente mañana mismo.
Abro un periódico digital y encuentro esta noticia que reproduzco tal cual. Es una parábola viva de la vieja Europa.


Un hombre falleció al caerse del balcón de su hotel durante una competencia de escupitajos con un amigo, informó el martes un periódico suizo.

El diario 'Blick' dijo que el joven, de 29 años, tomó carrerilla desde el interior de su habitación para escupir más lejos, pero perdió el equilibrio y se precipitó a la calle desde una altura de 6'4 metros.

El hombre, que murió en el hospital, sugirió el concurso cuando, junto con dos amigos, volvía de madrugada de la discoteca de su hotel en Cadempino, en el cantón suizo de Ticino.

Uno de sus amigos se había ido a dormir, pero los otros dos decidieron ver quién escupía más lejos desde el balcón de la habitación.

Me pregunto qué dirá el predicador en el funeral. No le envidio.
Descanse en paz.

sábado, 24 de mayo de 2008

En la aleta

...Y anteayer encontré esto en el parabrisas de mi Polo.

Kloster está indignado y quiere salir a la búsqueda de la presunta agresora. Pero, como la denuncia es anónima y tampoco he dado con el delator, me temo que no servirá de nada.

Consulto con mi asesor económico y me dice que el seguro me pagará la caricia porque estoy abonado “a todo riesgo”, pero que, lógicamente, no tendré “bonificación” a la hora de renovar la póliza.

Esto de la “bonificación” me resulta un poco extraño. Significa que, si me porto bien y mi casa aseguradora está contenta, me cobrarán menos, pero si me dan un golpe en la aleta derecha (Dios mío, acabo de descubrir que mi polo tiene aletas, como los tiburones), entonces no hay prima.

O sea, que el golpe lo pago yo..., el año que viene.


El perrito, la anciana y la lluvia



Ayer por la mañana llovía a mares sobre Madrid y yo me había dejado el paraguas en el coche.

Salí de casa aprovechando una tregua, pero antes de llegar al garaje atacó de nuevo el chaparrón. Me refugié en un portal, y desde allí fui testigo de la escena.

Se había detenido un automóvil a pocos metros. El chofer salió y se dirigió a la puerta trasera de la derecha para ayudar a salir a una anciana señora. La tomó del brazo, abrió un paraguas enorme de varios colores y la llevó hasta la puerta de casa, que era justamente donde yo me encontraba.

El mecánico entonces regresó al coche, volvió a abrir la puerta —la misma puerta— y saltó a la calzada un perrito insignificante esquilado por zonas como si fuera un jardín francés. Por un instante pensé que el auriga lo llevaría en brazos, pero el chucho tenía su dignidad y no lo consintió: igual que su dueña, se acercó poco a poco al portal, protegido, naturalmente, por el paraguas de colores.

—Vamos, León —dijo entonces la señora con manifiesta exageración—.

El perrito, antes de entrar, dejó un recuerdo líquido junto al contenedor de la basura.

Kloster, que venía a mi lado, me tentó:

—¿Hacemos un comentario rompedor y demagógico o una consideración lírica sobre el amor a los animales? También podríamos hablar de las mascotas, de las ancianas, de las peluquerías caninas, de…

—¿Por qué no te callas? —le respondí—.

—Eso me suena, concluyó mi amigo.

viernes, 23 de mayo de 2008

24 de mayo, día de la Iglesia en China



El Santo Padre, en la carta que escribió a los fieles de la Iglesia católica en la República Popular China, en mayo de 2007, manifestó su deseo de que el 24 de mayo, memoria de Nuestra Señora, Auxilio de los Cristianos, que se venera en el santuario mariano de Sheshan, en Shangai, fuese una jornada de oración por la Iglesia en China.

Este es el texto completo de la oración compuesta por el Papa para la ocasión:


Virgen Santísima, Madre del Verbo Encarnado y Madre nuestra,
venerada con el título de "Auxilio de los cristianos" en el Santuario de Sheshan,
a la que se dirige con devoción toda la Iglesia en China,
hoy venimos ante ti para implorar tu protección.

Mira al Pueblo de Dios y guíalo con solicitud maternal
por los caminos de la verdad y el amor, para que sea siempre
fermento de convivencia armónica entre todos los ciudadanos.
Con el dócil "sí" pronunciado en Nazaret tú aceptaste que
el Hijo eterno de Dios se encarnara en tu seno virginal
iniciando así en la historia la obra de la Redención,
en la que cooperaste después con solícita dedicación,
dejando que la espada del dolor traspasase tu alma,
hasta la hora suprema de la Cruz, cuando en el Calvario permaneciste
erguida junto a tu Hijo, que moría para que el hombre viviese.

Desde entonces llegaste a ser, de manera nueva, Madre
de todos los que acogen a tu Hijo Jesús en la fe
y lo siguen tomando su Cruz.

Madre de la esperanza, que en la oscuridad del Sábado Santo
saliste al encuentro de la mañana de Pascua
con confianza inquebrantable, concede a tus hijos
la capacidad de discernir en cualquier situación,
incluso en las más tenebrosas,
los signos de la presencia amorosa de Dios.
Señora nuestra de Sheshan, alienta el compromiso de quienes
en China, en medio de las fatigas cotidianas,
siguen creyendo, esperando y amando,
para que nunca teman hablar de Jesús al mundo
y del mundo a Jesús.

En la estatua que corona el Santuario tú muestras a tu Hijo
al mundo con los brazos abiertos en un gesto de amor.
Ayuda a los católicos a ser siempre testigos creíbles de este amor,
manteniéndose unidos a la roca de Pedro
sobre la que está edificada la Iglesia.
Madre de China y de Asia, ruega por nosotros ahora y siempre.

Amén.


jueves, 22 de mayo de 2008

Un amigo imaginario


Tiene 18 años y no está bautizada. Tampoco sabe nada de Jesucristo ni de la Iglesia.

—Mis padres me han enseñado que lo importante está aquí y no en el cielo —me dice—.

—¿Y qué es lo importante?

—Tener éxito y muchos amigos que te quieran, para poderles ayudar.

Habla con sencillez, sin hacer alarde de nada. Le gusta charlar conmigo porque, según dice, hablo un idioma que ella entiende.

Me cuenta sus proyectos, sus ideas sobre el mundo, la política, el hambre, el calentamiento global, que le preocupa más que ninguna otra cosa… De pronto le interrumpo:

—¿Piensas en Dios?

Se ríe.

—Todo el mundo piensa en Dios.

—¿Y has hablado con Él alguna vez?

—Dios no existe…

—Ya. ¿Pero has hablado con Él?

Entonces, algo se le rompe por dentro y se pone a llorar.

—Todo el mundo lo hace. Es como un amigo imaginario…

—¿Quieres que hablemos de eso?

Ella asiente. Y tenemos una conversación encantadora sobre ese amigo "imaginario".


miércoles, 21 de mayo de 2008

Himnos y cantos marianos (VI)


Entre los cantos marianos españoles, las saetas. ¿Cómo podría olvidarlas? La primera que oí en mi vida (era un miércoles santo en una calle estrecha de Sevilla) me derribó del caballo con estrépito y me convirtió para siempre a la Semana Santa andaluza.

Sin embargo no me siento capaz de definirla. ¿Qué es una saeta? ¿Quién me presta una definición? Si tuviese que explicársela a alguien que llegase de lejos, no sabría qué decirle. Ni siquiera sirve un vídeo. Hay que escucharla allí y vivirla junto a la Virgen dolorosa, entre aromas de flores y cera derretida, diciendo piropos a nuestra Madre.





martes, 20 de mayo de 2008

Y el domingo...




A pocos días del Corpus Christi...

María me invita a visitar y a "linkear" un blog que acaba de nacer: éste. Como veis, su autor es Javier Cremades, rector de la Iglesia del Espíritu Santo, de Madrid y está dirigido a los madrileños del mundo entero, quiero decir a todos los que vivimos en esta ciudad.

Leedlo y difundidlo. Esta tarde o mañana, en cuanto tenga un par de minutos libres, añadiré un par de videos.

Una palabra profanada


Apenas hube terminado de redactar el post sobre “ la palabra”, me acordé de este viejo artículo, que habla de una palabra amadísima: la Hostia Santa. Cuando lo escribí no supe cómo titularlo. Los españoles entenderán mi perplejidad. Ahora, a pocos días de la fiesta del Corpus Christi, creo que viene como anillo al dedo.


Empiezo a redactar este artículo en la capilla del Centro universitario donde trabajo. En este pequeño oratorio celebraré la Santa Misa dentro de media hora. Entre tanto permanece en penumbra. Para escribir me basta la luz tenue que ilumina el Sagrario.

He puesto una palabra como título. La leo en voz alta y siento la misma desazón que me produce oírla a todas horas: en la radio, en la televisión, en la calle, en las conversaciones más triviales e incluso en ambientes presuntamente cultos. Decido tacharla. Había escrito “La Hostia”

“La Hostia” es una palabra profanada, un vocablo envilecido, contaminado por el vómito de millares de blasfemos que se han ensañado con Ella durante años. No tengo tiempo ni ganas de hacer un análisis sociológico o histórico de la cuestión; pero, en todo caso, ofender a Dios con la palabra siempre me ha parecido un pecado estúpido, una especie de pataleta de adolescente, aunque sea cosa de viejos. Los blasfemos se rebelan contra sus más íntimas creencias con la misma agresividad del quinceañero que escupe a un retrato de su padre para reivindicar su autonomía.

No tan grave, pero sí tan necia como la blasfemia, es la irreverencia consciente, el manoseo torpe o graciosillo del lenguaje sagrado para escándalo de ancianitas o regocijo de clerófobos. La Hostia Santa (pongamos siempre este adjetivo) se ha convertido para muchos en un sustantivo “audaz”, en un churrete asqueroso del lenguaje progre o en una muletilla mohosa para tartamudos mentales.

Hace un rato, frente al despacho del capellán, un grupo de alumnos de Derecho comentaba el último examen de no sé qué asignatura. Una alumna repitió tres o cuatro veces esta palabra con su correspondiente artículo determinado. Yo no podía verla, y quizá ella tampoco era consciente de que la escuchaba a pocos metros. La chica probablemente no quería ofender a nadie, pero su reducido vocabulario precisaba de un comodín, y por lo visto no tiene otro mejor.

Sin embargo, la Hostia es Jesucristo. No quiero decir que “signifique” la presencia de Jesús entre nosotros; ni siquiera que “esté” escondido en un pedazo de pan. No: el pan ya no existe. La Forma consagrada “es” Jesús, su Cuerpo, su Sangre, su Alma, su Divinidad.

Miro al Sagrario. Todavía faltan diez minutos para la Misa. Dentro de poco tendré la Hostia en mis manos: el Cuerpo glorioso e inmortal de Jesús, que ha querido permanecer con sus heridas abiertas, entregándose eternamente al Padre desde la Cruz, para hacer perenne su Sacrifico.

Por eso, mientras trato de prepararme para celebrar la acción más sagrada y trascendente que podemos realizar en esta vida, pienso en ese Jesús escupido, torturado y humillado que se dispone una vez más a ser Sacerdote y víctima del Sacrificio. Y me pregunto si, tal vez, permitirá tantas ofensas, insultos e irreverencias a su presencia eucarística para poder seguir sufriendo como Hostia igual que sufrió en la Cruz.

* * *

He terminado la Misa hace veinte minutos. Hablo con Nacho de todo esto. Él piensa que tengo razón en el fondo, pero que exagero.

—La gente no sabe lo que dice. A mí no me gusta emplear esas palabras, aparte de que soy la mar de tranquilo, pero cuando juegas a básquet y te dan un codazo, no sé…, a lo mejor se me escapa. ¿Está mal eso?

—Las palabras salen siempre de algún sitio —respondo—; y nunca son inocuas.

Le propongo que limpiemos entre todos esta palabra santa, y no toleremos que la irreverencia se extienda entre personas que ni siquiera sospechan que ofenden al Señor. Que no vaya de boca en boca como si fuera basura.

—¿Y qué se consigue con eso?

—Dar gloria a Dios. Y, de paso, reparar por tantas ofensas.

Imagina por un momento que estás en el Huerto de los Olivos con Jesús. Él lleva ya sobre sus hombros todos los pecados de los hombres, y no aguanta más el peso y la repugnancia de ese cáliz terrible. Ha empezado a sudar gotas de sangre… ¿No te gustaría limpiarle la frente y besar su rostro?

Limpiemos al menos su Nombre; no seamos cobardes.