Siempre
viajo con “El Criticón” en la mochila y en el IPad. Hoy precisamente leía este
pasaje en el que Gracián hace referencia a las islas afortunadas. Os brindo esta broma sin comentarios.
Contaban
los antiguos que cuando Dios crió al hombre encarceló todos los males en una
profunda cueva acullá lejos, y aun quieren decir que en una de las islas
Fortunadas de donde tomaron su apellido (*); allí encerró las culpas y las
penas, los vicios y los castigos, la guerra, la hambre, la peste, la infamia,
la tristeza, los dolores, hasta la misma muerte, encadenados todos entre sí. Y
no fiando de tan horrible canalla, echó puertas de diamante con sus candados de
acero. Entregó la llave al albedrío del hombre, para que estuviese más
asegurado de sus enemigos y advirtiese que, si él no les abría, no podrían
salir eternamente. Dejó, al contrario, libres por el mundo todos los bienes,
las virtudes y los premios, las felicidades y contentos, la paz, la honra, la salud,
la riqueza y la misma vida.
Vivía
con esto el hombre felicísimo. Pero duróle poco esta dicha; que la mujer,
llevada de su curiosa ligereza, no podía sosegar hasta ver lo que había dentro
la fatal caverna. Cogióle un día bien aciago para ella y para todos el corazón
al hombre, y después la llave; y sin más pensarlo, que la mujer primero ejecuta
y después piensa, se fue resuelta a abrirla. Al poner la llave aseguran se
estremeció el universo; corrió el cerrojo y al instante salieron de tropel
todos los males, apoderándose a porfía de toda la redondez de la tierra. La
Soberbia, como primera en todo lo malo, cogió la delantera, topó con España,
primera provincia de la Europa. Parecióla tan de su genio, que se perpetuó en
ella, allí vive y allí reina con todos sus aliados: la estimación propia, el
desprecio ajeno, el querer mandarlo todo y servir a nadie, hacer del don Diego
y vengo de los godos, el lucir, el campear, el alabarse, el hablar mucho, alto
y hueco, la gravedad, el fausto, el brío, con todo género de presunción; y todo
esto desde el noble hasta el más plebeyo. La Codicia, que la venía a los
alcances, hallando desocupada la Francia, se apoderó de toda ella, desde la
Gascuña hasta la Picardía, distribuyó su humilde familia por todas partes: la
miseria, el abatimiento de ánimo, la poquedad, el ser esclavos de todas las
demás naciones aplicándose a los más viles oficios, el alquilarse por un vil
interés, la mercancía laboriosa, el andar desnudos y descalzos con los zapatos
bajo el brazo, el ir todo barato con tanta multitud; finalmente, el cometer
cualquier bajeza por el dinero; si bien dicen que la Fortuna, compadecida, para
realzar tanta vileza introdujo su nobleza, pero tan bizarra, que hacen dos
extremos sin medio. El Engaño trascendió toda la Italia, echando hondas raíces
en los italianos pechos; en Napoles hablando y en Genova tratando, en toda
aquella provincia está muy valido, con toda su parentela: la mentira, el
embuste y el enredo, las invenciones, trazas, tramoyas, y todo ello dicen es
política y tener brava testa. La Ira echó por otro rumbo. Pasó al África y a
sus islas adyacentes, gustando vivir entre alarbes y entre fieras. La Gula, con
su hermana la Embriaguez, asegura la preciosa Margarita de Valois, se sorbió
toda la Alemania alta y baja, gustando y gastando en banquetes los días y las
noches, las haciendas y las conciencias; y aunque algunos no se han
emborrachado sino una sola vez, pero les ha durado toda la vida; devoran en la
guerra las provincias, abastecen los campos, y aun por eso formaba el emperador
Carlos Quinto de los alemanes el vientre de su ejército. La Inconstancia aportó
a la Inglaterra, la Simplicidad a Polonia, la Infidelidad a Grecia, la
Barbaridad a Turquía, la Astucia a Moscovia, la Atrocidad a Suecia, la
Injusticia a la Tartaria, las Delicias a la Persia, la Cobardía a la China, la
Temeridad al Japón, la Pereza aun esta vez llegó tarde, y hallándolo todo
embarazado, hubo de pasar a la América a morar entre los indios. La Lujuria, la
nombrada, la famosa, la gentil pieza, como tan grande y tan poderosa,
pareciéndola corta una sola provincia, se extendió por todo el mundo,
ocupándolo de cabo a cabo; concertóse con los demás vicios, aviniéndose tanto
con ellos, que en todas partes está tan valida, que no es fácil averiguar en
cuál más: todo lo llena y todo lo inficiona. Pero como la mujer fue la primera
con quien embistieron los males, todos hicieron presa en ella, quedando
rebutida de malicia de pies a cabeza.
Baltasar
Gracián. El Criticón. Crisi decimatercia.
La feria de todo el Mundo
(*)
Conviene recordar que el adjetivo “fortunado/a” en el castellano clásico puede
hacer referencia tanto a la buena fortuna como a la mala. Gracián, que no debía
tener un concepto muy elevado de esta tierra, da por supuesto que las Canarias
son islas de mala fortuna. (Nota de Kloster)