sábado, 31 de diciembre de 2011

La sinfonía


Dice Iván, comentando lo que escribí anteayer, que la verdad es "múltiple". Yo prefiero pensar, como Von Balthasar, que es "sinfónica". 
En el concierto de las ideas, se oyen infinidad de sonidos disonantes. Uno querría callarlos a todos para hacer oír la propia voz, que siempre nos parece la más hermosa; pero no es justo: ese fragor desafinado y chillón procede de infinitos instrumentos musicales que fueron creados para componer una grandiosa sinfonía. 
¿Cómo poner de acuerdo el trueno de los timbales con el llanto del violín o con el goteo melodioso del arpa?
Busquemos todos, con humildad, no el lucimiento personal, sino la Verdad con mayúscula. Estemos atentos al vuelo de la única batuta capaz de lograr el milagro. Desde hace más de veinte siglos sabemos dónde está el Camino, la Verdad y la Vida.

viernes, 30 de diciembre de 2011

En la fiesta de la Sagrada Familia



Hace cuatro años escribí algo aquí sobre la fiesta que celebra hoy la Iglesia. En diciembre de 2008 expliqué que esta fecha tiene un significado especial para mí: hace 53 años pedí la admisión en el Opus Dei. Acompañadme en mi acción de gracias por el tiempo pasado.
Hoy, durante la Misa, he recordado que mañana se celebra en muchas ciudades de España una especie de maratón popular de más o menos kilómetros según los casos. En estas carreras siempre hay unos cuantos atletas profesionales que toman la delantera muy pronto y se disputan el triunfo entre ellos. Luego llegan los demás, la gran masa de aficionados, mejor o peor preparados, pero sin posibilidades de vencer.
En ocasiones suele aparecer también un  corredor solitario que llega a la meta cuando ya han entregados las medallas a los vencedores y las tribunas están casi vacías de público. Ese último atleta, gordito, pequeño y con rostro desencajado, al divisar la línea de llegada, acelera el ritmo, saca pecho y entra triunfador como si hubiese logrado la medalla de oro. Luego mira el cronómetro para comprobar, quizá, que ha batido su propio record.
Hoy, al echar la vista atrás me he acordado de ese corredor. Yo quiero ser como él. Llevo muchos años arrastrándome en la cola de un pelotón de grandes atletas, y no quiero abandonar ahora que la meta está tan cerca. Me conformo con entrar un segundo antes de que se cierre el control.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Raíces



A medida que avanzamos en la vida, nuestras certezas disminuyen en número, pero crecen en profundidad y solidez. Uno querría sacarlas a la luz, sembrarlas a voleo por el mundo; pero esas pocas convicciones son las más difíciles de comunicar.  Yo sé que la verdad pocas veces se impone por la fuerza de un razonamiento. Necesita remover primero el corazón y la sensibilidad del que oye. Desde allí tal vez pueda llamar a la puerta de la razón. Pero suavemente, sin agredir y sin prisas, porque la inteligencia humana suele estar atrincherada detrás de un muro de prejuicios, de tabúes, de vanidad juvenil, de palabras.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Celebrando los inocentes

Una vez más me remito a Enrique García-Máiquez. Leedlo aquí, y poned vuestros comentarios en el mismo artículo. Así se enteran mejor en el diario.



Otro anuncio de propina

Yo escribo siempre con pluma estilográfica o con el teclado, pero no cabe duda de que este anuncio es muy convincente. 

martes, 27 de diciembre de 2011

Ataques al correo

Ayer por la tarde alguien entró en mi correo electrónico desde Estados Unidos y desde China. A partir de ese momento mi buzón empezó a llenarse de basurilla informática que probablemente rebotará a todos mis contactos. ¿Qué hacer? Yo he cambiado la contraseña del correo y he restaurado el sistema.
Si comenzáis a recibir avisos de que tenéis un mensaje de Navidad accediendo a una extraña página web, os aconsejo que eliminéis los mensajes sin más. Tampoco es mala idea la de cambiar la contraseña ahora mismo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Los lunes, publicidad

Y hoy es lunes, casi martes y medio sábado.
Este anuncio que me envía Yayo me parece buenísimo y me sugiere un breve comentario.
En mi opinión el idioma universal al que siempre ha aspirado la humanidad desde que se torcieron las cosas en Babel, no será el inglés ni el esperanto. Hay ya una lengua nueva que se ha ido elaborando poco a poco en los últimos años y que traspasa todas las fronteras: la que empleamos en Internet. Es el idioma de los iconos y los emoticonos.
Volveremos al lenguaje jeroglífico de los antiguos egipcios.
 

¿Dónde se fueron los pájaros?


 Un carbonero común
¿Dónde estabais, agateadores, carboneros, herrerillos, picapinos, pinzones, mitos, camachuelos…? La semana pasada desaparecisteis por completo sin despediros.
Hace cuatro días, en el bosque de Artebakarra sólo se oía el sonido del agua y el estruendo de un viento huracanado, pero los pájaros…, llegué a pensar que se habían escondido bajo tierra. ¿Dónde se meterán para protegerse de la lluvia cuando el temporal arrecia como sólo ocurre en esta tierra?
Hoy, al fin, el gran Bilbao resplandece al sol, y he vuelto a salir por la mañana para felicitar las Pascuas a mis amigos alados. Allí estaban todos. He pasado lista y han respondido como siempre. Incluso he creído ver un azor ―el fantasma silencioso del bosque― haciendo su ronda de caza entre los árboles.
Esta noche lo comentaba en la cena y un recién llegado llamado David me ha hecho la consabida pregunta:
―¿Para qué va a buscar pájaros? Están todos en Internet.
―¿Para qué? Para nada. La contemplación es el final. No es un bien útil: se justifica por sí misma. El Cielo será contemplación.
La verdad, no me apetecía dar más explicaciones. Mañana buscaré aves en la costa.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Hoy tampoco sale la prensa

No pretenderéis que el globo vuele esta mañana, ¿verdad?
A todos los que me habéis escrito (demasiados para contestaros uno a uno) muchísimas gracias. Os deseo una muy feliz Navidad que nunca acabe.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Estás aquí


Del concurso de belenes de la Universidad de Navarra
Esta noche, una vez más, antes de la Misa del Gallo me tocará predicar en el belén de Islabe. Nos sentaremos muy juntos alrededor del misterio. Apagarán todas las luces menos las que iluminan las escenas del nacimiento y nos pondremos de rodillas delante del Niño.
Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí…
Yo sé que el Señor está real y substancialmente presente en el Sagrario, a pocos metros de este salón; y sé también que en cualquier lugar, a cualquier hora del día o de la noche, puedo repetir el mismo acto de fe.
―Sé que estás aquí, porque
donde haya dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos. Y si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él, y haremos morada en él.
Sin embargo esta noche, al terminar la oración preparatoria, diré en voz alta lo que siempre he pensado: que en los belenes de cada familia, el Señor se hace presente de una forma distinta; que ese niño Jesús de trapo, de porcelana de arcilla o de papel, no es sólo un muñeco.
Sé que cada vez que besemos una de esas imágenes, el Señor sentirá en su piel la huella de nuestros labios.
Ojalá nunca nos avergoncemos de esos besos y de jugar a muñecos con María.
 

viernes, 23 de diciembre de 2011

¿Por qué no un ángel?



San Josemaría nos enseñó a convertir la lectura del Evangelio en una aventura emocionante. Con un poco de fantasía y un mucho de corazón, es posible entrar en la vida de Jesucristo y ser un personaje más en cada una de las escenas: ayudar a Jesús a distribuir los panes y los peces en la montaña del milagro; beber el vino nuevo de Caná de Galilea en compañía de la Santísima Virgen, de Jesús y los apóstoles; buscar, con María, al Niño que se nos perdió en Jerusalén; salir de pesca al anochecer, en el Mar de Tiberíades, con Pedro y los demás. Y ahora que llega la Navidad, ser el borrico del portal, la estrella que guía a los Magos, el pastor que descubre a Dios entre pañales, y, ¿por qué no? también el ángel que dirige el coro con batuta de plata para que suene bien el primer villancico de la historia.
Te contaré un secreto, Caty. Hablo contigo porque probablemente me entenderás mejor que los otros. Ya no me da vergüenza confesar que siempre he querido ser ángel.
Algunos chicos de tu edad y de la mía sueñan con tener poderes, como Superman, Batman o Harry Potter. Pero no hay color: ser ángel mola muchísimo más. Primero, porque los ángeles existen de verdad. Son millones de millones de millones, y, como hay tantos, seguro que no les importa que se incorpore otro a la familia. Además vuelan mejor que los superhéroes de la tele o que Harry Potter con su escoba: son capaces de trasladarse a donde quieran en un instante. Y, lo más importante de todo: están siempre muy cerca de Dios y, a la vez, de aquellos a los que deben custodiar en la tierra.
Oye Ignacio, ¿no te gustaría ser el ángel custodio de la Virgen sólo por unos días? ¿Y acompañar a San José en su taller o a cualquiera de los personajes que aparecen en el Evangelio?
A mí me encanta ponerme las alas de fiesta y jugar con Jesús a que soy su ángel junto a la cuna. Os parecerá una tontería, pero esta Navidad volveré a hacerlo y, como ya os lo he contado, no me dará vergüenza que me reconozcáis. Espero encontraros a todos allí.  

¡Feliz Navidad, globeros!


jueves, 22 de diciembre de 2011

Otro vídeo magnífico

La familia González-Simancas & Díaz-Guerra felicita la Navidad con un vídeo que merece un premio. Vedlo a pantalla completa; vale la pena.
El próximo año habría que organizar un buen concurso de Christmas en vídeo. Gracias a Dios se va imponiendo la calidad sobre las cursilerías (entrañables,  desde luego) que todavía corren por la red.

Feliz Navidad from esim on Vimeo.



miércoles, 21 de diciembre de 2011

El Belén de San Alberto Magno

Don José Luis Añón, párroco de San Alberto Magno, de Vallecas, me envía esta espléndida felicitación de Navidad, en la que, de paso, nos enseña su belén.

“Escampa”



Me dice Iñaki que hoy “escampará” en Bilbao. ¿Hace cuántos años que no oía este verbo? Aquí escampa cuando deja de llover. Se conoce que la lluvia es la regla y el sol la excepción. En Madrid nunca escampa; ellos se lo pierden.
Voy a hacer colección de palabras perdidas. Me refiero a esas voces de mi infancia que casi he olvidado, pero que siguen vivas a este lado de la Cordillera Cantábrica. Son vocablos cálidos que tienen aroma y sabor de hogar. El que los pronuncia no es consciente de que, para mí, son como regalos de Navidad.


martes, 20 de diciembre de 2011

Hoy, retiro


Hortensia Núñez-Ladeveze vio así a Zabulón, mi pastor sabio

“El corazón del necio es un vaso roto, que no retiene la sabiduría” (Ecli. 21, 14) 

Había leído muchas veces estas palabras, y solo ahora comprendo que la Sagrada Escritura habla de mí y del tiempo perdido. He recibido doblones de oro, joyas de valor incalculable ―aquellas tertulias con San Josemaría, los años pasados en Roma, los miles de horas de conversación con Dios―, ¿y qué conservo? ¿Qué puedo transmitir a los demás?
No quiero ser “experto” en nada. Dios no me pide que sea ingenioso, sino sabio, con la sabiduría del hombre que todo lo espera de lo alto. Tal vez el Señor repare mi corazón agujereado y pueda retener en ese vaso de barro al menos un eco fiel de su Palabra salvadora.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Caty y la estrella



Caty, que, según dice, acaba de cumplir doce años me envía por correo electrónico una foto suya con sus padres y sus dos hermanos mayores, y con un perro enorme, que se llama Blú. También cuenta un montón de cosas, que no pienso deciros sin su permiso, pero añade una consulta que me tiene inquieto:
Oye, don Enrique; tu libro del belén que puso Dios me ha gustado bastante, pero no entiendo lo que dices de Simeón, que se le metió una estrella en el ojo. ¿Eso cómo puede ser? Si quieres me respondes en el blog, que lo leo casi todos los días. Un beso de tu amiga…
 
Querida Caty:
Muchas gracias por contarme tantas cosas y por la foto, que es preciosa. Gracias, sobre todo, porque no sabía qué poner en el globo esta noche y ahora no tengo más remedio que contestarte.
Tienes razón: una estrella no cabe en un ojo, aunque la estrella sea muy pequeña y el ojo tan grande como los tuyos.  Es sólo una forma de hablar. A ver si soy capaz de explicártelo bien. 
¿No se te ha metido nunca una canción en la oreja como si fuera el zumbido de un mosquito? Una mañana cualquiera sales de la cama tarareando algo que oíste el día anterior. Desayunas sin dejar de cantar por lo bajo. Te montas en el autobús del cole y sigues con la canción en los labios. Y en clase, en el recreo y por la tarde, la melodía sigue allí sin que puedas quitártela de encima.
Algo parecido ocurrió con la estrella de Oriente, que señaló el camino a los Magos: no sólo estaba en el cielo: también entró de forma misteriosa en el corazón de Melchor, Gaspar y Baltasar. Desde entonces supieron que debían buscarla en el firmamento, y cuando la encontraron no tuvieron la menor duda de que aquélla, y no otra, era “su estrella”, la que debía guiarlos hasta el Niño.
Y a Simeón le ocurrió lo mismo. Oriente se le metió en el ojo cuando era un chiquillo y muchos años después le guió hasta Jesús.
A ti y a mí puede pasarnos algo parecido. Dios se mete en nuestro corazón sin que entendamos cómo y nos habla en voz muy baja, como una melodía, o nos enseña un camino con una luz nueva, como una estrella. Si no nos tapamos los oídos ni cerramos los ojos, esa música y esa luz pueden llevarnos muy lejos. A donde Dios quiera.
¿Me has entendido?
No me contestes en el blog. A los que entran aquí no les importa nada de qué hablamos tú y yo.

Los lunes...

Ya hay bastantes anuncios en la tele estos días. Aquí pondremos algunos vídeos que nos hablen de la Navidad

domingo, 18 de diciembre de 2011

Tajamar se supera

Este es el villancico de Tajamar para la Navidad de 2011. En esta ocasión han contado con la colaboración especial de Tontxu, que es el autor de la música. La han subtitulado porque están seguros de que la felicitación traspasará nuestras fronteras.  

viernes, 16 de diciembre de 2011

Empezar a descansar


Me siento obligado a escribir una línea, a pesar de que estoy bastante agotado de tanto prepararme para descansar. Ya me lo advirtió Kloster:
―Ve al descanso con alegría, como quien recibe un regalo inesperado… No te lo tomes como un deber. Te aplastará.
He llegado a Islabe volando entre huracanes y aguaceros racheados. Nada más entrar en la casa me topo con un sacerdote mayor, don Fernando, que fue mi traductor al japonés.
Don Fernando asegura que nació en el barrio de Chamberí, pero lo cierto es que emigró a Japón en enero de 1959 y ha regresado a España 48 años después.
Don Fernando se explica despacio, sin levantar la voz, como si quisiera hipnotizar a su interlocutor. Hay mucho de Oriente en sus palabra y en sus gestos. Habla de aquella tierra, que sigue siendo su segunda patria, con afecto y un pelín de ironía.
Charlaremos bastante, sin duda, durante los próximos días y haré lo imposible para que publique en castellano un librito espléndido que escribió hace años…
Son las 11 y media de la noche. El búho duerme. La galerna vela.  

Dentro de 9 días, la Misa del Gallo



En el siglo V, el Papa Sixto III introdujo en Roma la costumbre de celebrar en Navidad una vigilia nocturna, a medianoche, “apenas cante el gallo”, en el pequeño oratorio llamado "ad praesepium", "ante el pesebre", que está situado detrás del altar principal de la Basílica de Santa María la Mayor.
Así nació lo que los romanos llamaron “Misa del Gallo”. La costumbre se extendió muy pronto por los países cristianos. 
Como todos los años yo celebraré esa Misa a las 12 de la noche del próximo día 24. ¿Y vosotros? ¿Por qué no recuperar esa vieja costumbre? No celebremos la Navidad olvidándonos del Niño.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Alix Monasterio

Mi super sobrino-nieto Alex sigue componiendo e interpretando música desde Santa Fe, Nuevo México. La última vez que lo vi era un simpático pre adolescente con cara de listo. Ahora, con 16 o 17 años, triunfa con baladas melancólicas como ésta.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

El abrigo



Hay oro en el camino.
Lo pusieron los ángeles
para vestir al Niño.
Dejadme contemplarlo.  
¿No veis que es un gran río,
un villancico de oro?
No lo quitéis aún,
que me muero de frío.

Querido Ignacio, quise escribirte un cuento, pero las musas me abandonaron. No sé si volverán mañana o pasado, cuando pise mi tierra otra vez. El caso es que, camino de casa, ayer por la noche, fui cantando, sin darme cuenta, esa especie de coplilla elemental.
Y es que mi cuento tenía algo que ver con con las hojas del otoño, que todos se apresuran a barrer para que nadie resbale, pero que son el oro del Adviento con el que Dios quiso abrigar a Jesús.


Hay que difundir este libro


Siempre he pensado que la batalla contra el aborto voluntario terminará con el triunfo de la vida, igual que en la lucha contra la esclavitud venció la libertad del hombre.
Cada vez es más evidente para cualquiera que sepa sólo un poco de biología que realizar un aborto es matar a un ser humano vivo e indefenso. Lo saben los científicos, los médicos que mienten a sus pacientes y asesinan, las enfermeras, los anestesistas, los camilleros... 
Sin embargo la masacre continúa. El negocio es colosal y hay demasiadas "buenas gentes" que miran para otro lado. De vez en cuando un abortador confeso se convierte a la vida. Fue el caso del Doctor Nathanson (el "Rey del aborto"), que escribió un libro colosal en el que relata su propia historia.
Ahora la misma editorial presenta en Madrid otro libro que es preciso difundir: "Sin planificar", de Abby Johnson, una ex directora de una clínica abortista.  Haced click sobre el tarjetón que he puesto arriba. Estáis todos invitados.




martes, 13 de diciembre de 2011

Luis Recio ha muerto

Ocaso en las Rías Baixas 
Fue uno de mis últimos profesores de Gaztelueta. Vino al colegio cuando los mayores estábamos a punto de terminar el bachillerato, pero nos ganó nada más llegar.
Nunca un apellido ha definido con tanta precisión a su dueño. Luis fue un hombre recio, fuerte, sobrio en sus expresiones. Pronto comprendimos todos que se esforzaba por embridar un corazón enorme y generoso.
Luis estuvo unos años en Gaztelueta hasta que se trasladó a San Sebastián con Erramun Eguía (también él se nos fue ya al cielo)  para "fundar" nuevos colegios que participaran del mismo espíritu.
Hoy no escribiré más, porque la memoria es traicionera y no tengo otra cosa a mano. Ni siquiera una fotografía.
Luis ha fallecido en un centro de la Obra en Pontevedra. Estaba muy bien preparado, gracias a Dios. Mañana ofreceré la Santa Misa por su eterno descanso.

La Navidad es esto (y X)



Santa Cruz de Tenerife, Murcia
y Pontevedra


Ahora sólo faltas tú. 

La Navidad es esto (X)


Antes de terminar con la serie de fotografías que me habéis enviado y que siguen llegando, dejo un puesto de honor para la que me mandan Alfonso y Susana, que acaban de cumplir su primer año de casados, y a mí se me olvidó (maldita sea) mandarles mi felicitación.
Susana y Alfonso viven al otro lado de esa ventana de la calle General Concha.
-En Bilbao, Kloster; ¿cómo lo dudas?

La Navidad es esto (IX)



Madrid 
Toledo


lunes, 12 de diciembre de 2011

Los lunes, ya se sabe...

No es la primera vez que se recurre al "efecto dominó" para la publicidad de un producto; pero siempre es eficaz. Ver cómo se van derrumbando las piezas una a una tiene un extraño efecto hipnótico, muy útil para que el espectador no quite la vista de la pantalla.
Este anuncio se lo debemos a Yayo. Me lo acaba de enviar.
 


Los lunes, ¿publicidad?




La revista norteamericana Forbes, publicó hace pocos días una encuesta sobre el grado de felicidad de los que trabajan en distintas profesiones. Muchos se sorprendieron por el resultado: los profesionales más felices son los sacerdotes. En segundo lugar aparecen los bomberos y a continuación los fisioterapeutas, los escritores y los profesores de Educación Especial. Los banqueros aparecen bastante más abajo.
A mí todo esto no me sorprende nada. A Don José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, tampoco. De hecho, hoy mismo ha publicado la siguiente carta pastoral en su diócesis:


Recientemente se publicaba en la revista Forbes, especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, un estudio de investigación realizado por la Universidad de Chicago, en el que se daba a conocer que los sacerdotes conforman el colectivo de profesionales más felices de la sociedad norteamericana. Le seguían el colectivo de los bomberos, y otras profesiones con alto componente humanista y altruista.
Se agradece este dato “provocativo”, que nos da la oportunidad de testimoniar la salud de nuestra vocación sacerdotal, en medio de unas circunstancias más bien adversas. A lo largo de mi vida me han preguntado con frecuencia –y últimamente más- sobre el grado de satisfacción con el que he vivido como cura y ahora como obispo. Puedo decir en verdad que he sido, soy, y con la gracia de Dios espero seguir siendo, inmensamente feliz. Lo cual no implica que en mi vida no haya dolor y dificultades… Por eso mi respuesta ha sido siempre la misma: “Aunque sufro, soy muy feliz”. Sufro por mis propias miserias, pero también sufro en la misma medida en que amo; porque no puedo ser indiferente a los padecimientos de quienes me rodean, ni a la pérdida de sentido en la vida de tantos. Es más, no creo en otro tipo de felicidad en esta vida. La felicidad “rosa”, carente de problemas y de preocupaciones, no sólo no es cristiana sino que, simplemente, “no es”.
Es posible que resulte más fácil entender la felicidad sacerdotal en otro tipo de contextos sociales, como es el caso de los misioneros, quienes ordinariamente pueden “tocar” los frutos de su entrega generosa. Pero, ¿cómo puede un sacerdote ser feliz en una sociedad secularizada y anticlerical? Me atrevo a decir que sería una tentación y un error identificar la felicidad con el éxito social. La Madre Teresa de Calcuta repetía con frecuencia: “A mí Dios no me ha pedido que tenga éxito; me ha pedido que sea fiel”. El camino de la felicidad, pasa necesariamente por el de la fidelidad. La felicidad sin fidelidad es un espejismo, una mentira. No existe felicidad sin fidelidad. Y no olvidemos que la fidelidad comporta pruebas, incomprensiones, purificaciones, persecuciones…
Escuché en unos Ejercicios Espirituales que nuestra felicidad es proporcional a la experiencia de Dios que podamos alcanzar en esta vida. (Por cierto, me atrevo a apostar que la Universidad de Chicago se olvidó de las monjas contemplativas en su estudio estadístico, porque de lo contrario ellas habrían alcanzado el primer puesto en el ranking de “felicidad”. ¡Y si alguno lo duda, que haga la experiencia de tocar la puerta de algún monasterio!).
En definitiva, sólo cuando somos conscientes de que venimos del Amor y de que al Amor volvemos, es cuando podemos dar lo mejor de nosotros mismos con plena alegría. Y si tenemos en cuenta que la felicidad no es perfecta hasta que no se comparte, la segunda clave de la felicidad sacerdotal consiste en ser un instrumento de Dios para la vida del mundo. ¡Humilde instrumento de Dios!… ni más, pero tampoco menos.
 
Ni que decir tiene que la felicidad del sacerdote no es automática por el hecho de haber recibido las Órdenes Sagradas. Difícilmente podrá haber mayor desgracia que la vivencia del sacerdocio en abierta infidelidad. Recuerdo unas palabras del padre Arrupe, quien fue prepósito general de la Compañía de Jesús: “Le pedí a Dios morir antes que serle infiel. Porque la muerte también es apostolado, mientras que la tibieza del sacerdote es la ruina de la cristiandad”. Desligar el sacerdocio de la búsqueda de la santidad, es tanto como divorciarlo de la felicidad.
Nuestra diócesis de San Sebastián necesita sacerdotes, y sacerdotes santos; es decir, sacerdotes felices. También el conjunto de la sociedad los necesita, porque una y otra vez estamos comprobando lo que decía Bernanos: “Un cura menos, cien brujos más”. Y el genial y provocativo Chesterton lo formulaba así: “Necesitamos curas que nos recuerden que vamos a morir, pero también necesitamos curas que nos recuerden que estamos vivos”.
Hoy, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, celebramos en las diócesis vascas el Día del Seminario. En este curso hemos iniciado una nueva etapa en la andadura de nuestro Seminario Diocesano. Es obvio que la escasez de candidatos al sacerdocio que padecemos en estos momentos, puede llevar a un empobrecimiento en su convivencia y formación. Por ello, nuestros seminaristas están ahora integrados en el Seminario de Pamplona, donde, entre semana cursan sus estudios teológicos; mientras que los fines de semana realizan sus prácticas de pastoral en nuestras parroquias. Tenemos el deber de poner todos los medios posibles para que los jóvenes que han sentido la llamada al sacerdocio, puedan discernirla y formarse en el ambiente más enriquecedor posible.
No tengo la menor duda de que el aumento de vocaciones sacerdotales dependerá en buena medida de nuestra perseverancia en la oración, de nuestra fidelidad y amor a la Iglesia de Cristo, y en especial, del testimonio de santidad y alegría de nosotros, los sacerdotes. ¡Que Santa María Inmaculada dé la gracia del “sí” a cuantos sean llamados al “feliz sacerdocio”!
 
San Sebastián 11 de diciembre de 2011 
 
 

La Navidad es esto (VIII)

Barcelona

domingo, 11 de diciembre de 2011

sábado, 10 de diciembre de 2011

Solo ante el peligro

8 de la tarde. En las inmediaciones del estadio aguarda una multitud compacta bajo el aguacero. La policía a caballo y unas barreras amarillas contienen a la masa, que ya está acostumbrada a estas estabulaciones previas a los grandes eventos deportivos. Llueve con entusiasmo y hace un frío pelón, pero nadie se mueve. La calle Padre Damián está cortada al tráfico rodado y peatonal.
―Caballero ―me dice un caballista―: las normas son para todos. No puede usted pasar.
Ruge la multitud a mis espaldas. Yo vuelvo a casa después de predicar a un grupo de chicas sobre alegría, buen humor, sentido del humor, cordialidad, optimismo y no sé qué más.  Ahora me toca cursar una clase práctica.
―Pero es que yo vivo en aquella esquina, voy a pie y estoy desarmado.
―Caballero ―insiste el del caballo―. Yo tengo que cumplir las normas.
―¿Y qué sugiere que haga?
―Caballero, yo no sugiero nada. Mientras no lleguen los equipos, aquí no pasa nadie.
―¡Ah, entiendo!: estamos abriendo pasillo a un grupito de millonarios…
El del caballo se da la vuelta y busca al jefe del destacamento.
―Caballero…
No continúa la frase. Me mira de arriba abajo y me pregunta qué llevo en la bolsa. Se me ocurren varias respuestas ingeniosas: “una ametralladora”, “la pasta para el árbitro”, etc. Pero como no está el horno para bollos, le digo la verdad.
―Una sotana.
Subo en solitario por la calle Padre Damián. A izquierda y derecha la multitud me aclama. Un caballero con caballo me insta a que acelere el paso. Y yo me siento como Gary Cooper sólo ante el peligro.

El Clásico y Camarón de la Isla



Ahora resulta que no soy un clásico como supuse ayer. El clásico es un partido de fútbol.
Y Cameron de la Isla tampoco es un cantante.
No somos nadie.

Una excursión librera

En pleno barrio de Malasaña, el barrio de “La movida” de Madrid, el de los bares de copas, los restaurantes más exóticos y los bazares sorprendentes, hay una librería de viejo que me atrae como un imán. Es un local pequeño abarrotado de libros antiguos, de géneros olvidados y de carteles imposibles de encontrar en otra parte, entre los que emerge, al fondo, la barbada cabeza del dueño y señor de la empresa.
Hoy, como en el cole los chicos están de puente, he vuelto por allí. Pocas excursiones más atractivas que ésta. Al cabo de media hora de hurgar entre libros de Guillermo Brown, comedias de Muñoz Seca, y clásicos castellanos, recibo la primera sorpresa: allí, junto a las obras completas de Varela, hay una primera edición de “el Belén que puso Dios”. Está bien conservada, pero el lector (quizá lectora) ha subrayado algunas líneas y ha dejado un par de anotaciones al margen. Se nota que es muy joven, pero se ha tomado con interés todos los pasajes en que aparece Zabulón:
―¿Por cuánto me das este libro?
―A ver…
Se lo entrego al dueño, que lo mira y remira con sumo cuidado.
―Es una primera edición. No es fácil de encontrar… Luego ha tenido bastantes más. Es una cosa poética sobre la Navidad. ¿15 euros?
―Esa edición costaba 10.
―¿Seguro?
―Mira, te propongo un negocio: llevo por casualidad en la mochila un ejemplar de la 14ª edición envuelta en plástico y sin abrir. Te lo doy a cambio de éste… 
El barbado vendedor me toma por un chalado de los libros antiguos y me da una charla lírico-comercial sobre el valor añadido que tiene un libro por el hecho de haber sido usado. Me dice que cada volumen de su librería es, por esa razón, un ejemplar único, con vida propia.
―Cuando usted lee un libro de segunda mano, está compartiendo su alma con otro…
―Entonces, ¿qué? ¿Me lo cambias?
Lo vuelve a mirar y a remirar.
―Es un capricho ―le digo―. Lo escribí yo y me falta esa edición.
―Ah, entonces…, vale.
Salgo del local con mi viejo-nuevo Belén y con una comedia de Muñoz Seca, regalo de la casa.  Me temo que mi vanidad también ha subido como el precio del libro. Ya soy un clásico.
 
 

La Navidad es esto (VI)



    Barcelona y Valencia

viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Donde está la gente? De puente, naturalmente

Lo confieso: el globo hizo puente hasta hoy mismo. Programé hace días las cosas para que entrasen unas cuantas fotos de balcones y ventanas, y decidí olvidarme de Internet. En esto he imitado a la mayor parte de mis lectores, que abandonaron esta página hace días y ahora empiezan a regresar.
¿Donde estabais, ingratos? A duras penas vencí la tentación de escribir. ¡Ocurren tantas cosas cada día! Sí, Kloster, sí. Lo que pasa es que no te fijas.
Por ejemplo: ¿qué hacían abandonados en la acera, junto al estanco, dos zapatos de tacón de aguja, negros, acharolados y nuevos? A punto estuve de redactar un cuento melancólico con la correspondiente foto.
Y, dos días después, ¿qué buscaba aquella extraña dama, tocada con pamela, y maxi falda  granate en los contenedores de basura de la calle Panamá? ¿Por qué lloraba?
¿Y la historia de la niña atea que rezaba "por si acaso"?
Ya estoy aquí. El puente termina y se anuncian chubascos sobre el Bernabeu para el partido de mañana.

La Navidad es esto (V)

      
            Cádiz    y   Pamplona

jueves, 8 de diciembre de 2011

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La Navidad es esto (III)

Badajoz


Y Vila, en su casa de Madrid, ya ha puesto su balconera.
A ver si os animáis.





La Navidad es esto (II)


Y esto...

martes, 6 de diciembre de 2011

Ya llegó Mateo


Aunque su hermanita Anne se empeñe en llamarlo "Pocoyó Monasterio"(así, todo seguido), lo bautizaremos con el nombre de Mateo. Ha nacido el día de San Nicolás, en el aniversario de la Constitución española, a las 14,15 de la tarde.  
Será por tanto un tipo muy legal. De momento no ha hecho declaraciones, pero ha pesado más de 4 kilos. Su madre, Allison y su padre, David, me autorizan a dar la noticia y a publicar este par de fotos.

La Navidad es esto (I)

Alicante, 2008
En lugar de poner en la ventana a ese gordinflón vestido de rojo que nadie sabe de dónde ha salido, podríamos explicar con carteles como éste el auténtico significado de la Navidad. 

lunes, 5 de diciembre de 2011

La entrevista

A las cuatro y media de la tarde el técnico instala un foco de luz en la sala de profesores y un trípode para sustentar la cámara de televisión. A mi espalda, hemos puesto un belén de escayola pintado a mano por María José y una flor de pascua para crear un ambiente navideño. Sobre la mesa un ejemplar de “mi libro”. Para la ocasión he traído uno de tapas duras, de la decimocuarta edición.
―Usted mire a la entrevistadora ―me dicen―.
¿A quién si no? Sonsoles tiene una mirada afectuosa capaz de desarmar a cualquiera, y más a mí, que fui su profe y capellán hace casi nada.
―Digan algo para probar el sonido…
―¿Estabas tan nerviosa como yo ahora la primera vez que te enchufaron esto? ―le pregunto―.
Sonsoles sonríe.
―Sigo igual de nerviosa…
―Nadie lo diría.
De pronto me ponen un folio a dos centímetros de la nariz para calibrar el color. Unos segundos después comenzamos a hablar.
―¿Qué es y qué no es la Navidad?
Resoplo por dentro y trato de sonreír por fuera. ¿Quién me habrá nombrado a mí “experto en navidades”. Me han presentado como “teólogo y escritor” y debo estar a la altura. Lo difícil es resumir en un minuto lo que requeriría al menos media hora de charla.
Sonsoles parece satisfecha y vuelve a preguntar. No sé cómo saco a colación la anécdota de una alumna que decía no creer en Dios, a la qué sorprendí rezando en el oratorio. “Es por si acaso”, me dijo.
De pronto la entrevista se acaba.
―Ha quedado genial ―sentencia Sonsoles―.
Y yo, que ya no recuerdo si he dicho o no algo sensato, me entretengo recordando aquellos años en que mi entrevistadora era una niña vestida de blanco que iba a hacer la Primera Comunión con la misma sonrisa de hoy. 

Los lunes, publicidad

La verdad es que no entiendo nada... Pero Heineken ataca de nuevo

 



domingo, 4 de diciembre de 2011

Vídeos desde el puente (III)

Ya están aquí los villancicos. Éste es de 2008 y lo interpreta un coro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra. Me lo envía un ilustre doctor llamado Alberto.
De acuerdo, Ignacio; escribiré un cuento. Esta misma tarde me ha venido la inspiración. Ahora sólo necesito un poco de tiempo para dar forma a la historia. Creo que lo titularé: "el oro del adviento".
 

sábado, 3 de diciembre de 2011

Vídeos desde el puente (II)

La devoción a San Josemaría se extiende por todo el mundo y se manifiesta de modos muy diversos. Aquí tenéis un vídeo de la "Comunidad de San Josemaría", de Brasil.
Me lo envía Ángel Ganuza.




viernes, 2 de diciembre de 2011

Vídeos desde el puente (I)

El hombre y la cocina. 

No os engañéis: estas escenas, que ponen en entredicho la habilidad de los varones para las tareas domésticas, en el fondo nos benefician a los hombres, que podremos seguir diciendo:
-¿Lo ves? Vosotras lo hacéis mucho mejor. Así que ya puedes prepararme el desayuno.

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jueves, 1 de diciembre de 2011

El poder y la envidia



La primera vez que apreté aquel botón fui feliz. En una décima de segundo, a seis o siete metros de mi mano diestra, el pequeño Citroën negro, recién comprado, vibró en un espasmo electrónico, me saludó con un simpático parpadeo amarillo y desbloqueó, reverente, las cuatro puertas para abrir paso a su nuevo propietario.
El coche y yo estábamos junto al concesionario del Paseo de la Habana, en un pequeño parking al aire libre. Acababa de abandonar el viejo Polo lleno de achaques, e, ingrato de mí, ya lo había olvidado. Brillaba un sol sereno de primavera.
Pulsé el segundo botón del mando y el Citroën guiñó un faro, emitió un sonido rotundo y bloqueó las puertas. ¡Qué noble sensación! Miré a izquierda y derecha en busca del merecido aplauso, pero nadie parecía impresionado.
Ha pasado más de medio año y pensaba que ya me había acostumbrado a sentir la fuerza del poder absoluto en mi mano derecha…, hasta hoy.
Calle Serrano, 6 de la tarde. Un automóvil más negro que el mío, mucho más grande y bastante más lustroso, estaba aparcado en una zona reservada para alguna embajada extranjera. Yo iba caminando por la amplia acera que nos ha regalado el alcalde en la última legislatura, cuando me adelantó una señora bienoliente, elegantemente recauchutada, que portaba en su mano derecha una gran bolsa con el logotipo de una boutique de la zona y en la izquierda un mando a distancia de color azul. Al llegar a cinco o seis metros del vehículo, pulsó el botón y, palabra de honor, el coche habló en alemán mientras abría de par en par el maletero.
Recordé la definición de “envidia” que aparece en el diccionario de la Academia: “tristeza o pesar del bien ajeno”.  En mi viejo catecismo se añade algo más: el envidioso percibe ese “bien ajeno” como un mal para sí mismo. Eso era precisamente lo que yo estaba experimentando con toda nitidez.
A continuación mi fantasía se desbocó, como suele suceder a todo envidioso que se precie. Imaginé por un momento que el locuaz automóvil teutón pinchaba las cuatro ruedas y gritaba en seis idiomas como una fiera herida. La distinguida propietaria chillaba más aún para hacerlo callar, sin conseguirlo en absoluto, hasta que llegaba la grúa y, en un descuido, le hacían un raspón de metro y medio en la carrocería… El coche berreaba como una niña rica.
Con la sonrisa en los labios, experimente la otra cara de la envidia: “la alegría por el mal ajeno, percibido como un bien para uno mismo”. No traté de rechazar tan oscuros pensamientos. Supuse, por alguna misteriosa razón, que mi envidia era sólo hambre y sed de justicia.
A las 7 de la tarde, casi había olvidado el incidente cuando me dispuse a montar en mi Citroën para regresar a casa. Allí estaba, estacionado en zona azul a muy pocos metros. Saqué el mando del bolsillo y apreté el botón de siempre. No ocurrió nada. El coche, por primera vez en 8 meses, me negaba el saludo y se resistía a abrirme la puerta.
Me acerqué temeroso a mi bólido sin dejar de pulsar el mando. Nada. Como una piedra. ¿Será la pila? Había una tienda de chismes electrónicos a pocos metros. La ocasión la pintan calva. El tipo del mostrador comprobó el mecanismo y pontificó:
―La pila está bien. Siga insistiendo. A veces estos coches se vuelven caprichosos…
¡Qué sabrá él! Me acerqué de nuevo al automóvil y le acaricié el espejo retrovisor de la izquierda.
―De acuerdo, chiquillo. Tú eres mucho mejor que el idiota ése que habla alemán. Por lo pronto me has leído el pensamiento, cosa que ningún coche había conseguido hasta hoy. Ahora voy a pulsar el botón por última vez. Si no respondes, lo entenderé y meteré la llave en la cerradura como hacía con tu predecesor.
Pulsé la tecla y sentí la fuerza del poder. Un parpadeo de luces y las puertas quedaron expeditas.
Ya en el interior pensé que hoy no tenía nada que contar en el globo.