domingo, 28 de septiembre de 2014

"Obsesionados" con el aborto



Me confieso "obsesionado" yo también. Y si sirviera para algo, escribiría todos los días sobre esta lacra que está corrompiendo la entera civilización occidental.
Ayer, con motivo de la gran fiesta de la beatificación de don Álvaro, un muchacho peruano me dijo  que le gustaba Madrid, pero que le parecía una ciudad triste:
--Se ven muy poco niños --añadió--. Y es un síntoma muy malo.
Al final de nuestra conversación me pidió que rezara para que Perú no siga el mismo camino y se acabe pareciendo a España.
El artículo que reproduzco a continuación es de Juan Manuel de Prada, y, aunque no afronte directamente este asunto, creo que algo tiene que ver.
Vale la pena leerlo entero.


¿Tú también eres mascota? ¡Qué bien; igual que yo!


AL fondo del aborto, como en general de lo que Juan Pablo II –¡ay, aquellos Papas «obsesionados» con el aborto!– llamó en Evangelium Vitae "cultura de la muerte", subyace el problema de la libertad humana, antaño concebida como un don divino que nos permitía elegir moralmente y renunciar al mal. Con este concepto de libertad acabaría el liberalismo, que al modo pagano volvió a hacer del hombre la medida de todas las cosas, exhortándolo a deshacerse de todo cuanto lo limita en el proceso de fortalecimiento de su «yo»: así, en aras de ese «yo» soberano y autónomo, se exaltaron los deseos más torpes y las ambiciones más egoístas; y el Estado se vio obligado a garantizar su plena y omnímoda «realización».
A esta libertad que «exalta al individuo aislado de forma absoluta» la calificaba Juan Pablo II en la encíclica citada de «perversa». Y Benedicto XVI –¡otro Papa «obsesionado» con el aborto!– remachaba que «esta es la rebelión fundamental que atraviesa la historia, y la mentira de fondo que desnaturaliza la vida». Desde que esta rebelión adquiriese carta de naturaleza política, mediante una doctrina liberal que consagra la autonomía de la voluntad y una libertad de conciencia desarraigada de un orden moral objetivo, declararse «antiabortista» sin atreverse a atacar los cimientos ideológicos que permiten y auspician el aborto es como arar en el mar, porque la consecuencia inevitable de esa libertad perversa es la pérdida del sentido de la inviolabilidad de la vida humana. Y cuando el bien supremo de la vida es supeditado a la libertad individual, es inevitable que se imponga una consideración meramente funcional y utilitaria de la vida, que así queda despojada de su dignidad; y todavía más si esa vida humana es todavía gestante. La vida gestante deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en un medio o instrumento para beneficio de otros; y así, la verdadera ética de la dignidad de la vida humana es suplantada por una falsa ética de la «calidad» de la vida humana, una calidad que es medida por criterios de utilidad. Sólo si una vida es útil, si es «deseada» o «ambicionada» por otros en razón de su utilidad, esa vida tiene valor; de lo contrario, podemos disponer de ella a nuestro antojo.
Pero las acciones moralmente erróneas, aunque puedan parecer útiles en un principio, aunque nos reporten beneficios inmediatos, acaban arrastrándonos inexorablemente a la ruina moral; cuando la cultura de la muerte se impone como una conquista de la libertad, nuestra propia condición humana se debilita hasta perecer. Y así los hombres, sobornados por un poder manipulador que les concede una libertad perversa, acaban convirtiéndose en esclavos de esa libertad, como Fausto se convertía en esclavo de Mefistófeles. Por supuesto, la sofística contemporánea empleará coartadas emotivas y pretendidamente altruistas (¡el aborto es un drama para la mujer!) en su propósito de facilitar este eclipse de la conciencia moral y de adecentar las aberraciones más impías. Y los medios de adoctrinamiento de masas presentarán a quienes osen pronunciarse contra esta cultura de la muerte como oscurantistas desalmados y enemigos de la mujer o la solidaridad humana.
Ocurre esto mientras la Iglesia, cada vez menos «obsesionada» con el aborto, se está convirtiendo en mera «animadora de la democracia». Y a los católicos, convertidos en cándidos mamporreros de la cultura de la muerte, no nos queda otro remedio (risum teneatis) sino votar a los modositos liberales de derechas, no sea que vengan los tremendos liberales de izquierdas, que tienen cuernos y rabo.

10 comentarios:

ALEJANDRA dijo...

(Lo sé, soy pesadita!). Espero que esto lo lea mucha gente:
Están operando en Pamplona, de un tumor cerebral, a Lucía Urdiales , sólo tiene 8 años. Necesita un milagro. Se lo estamos pidiendo al Beato Álvaro. ¿ Nos ayudas?. Pásalo!. Gracias!.
#yorezoporLucía

Hexamamá dijo...

A ver, que sí, que le entiendo. Pero permítame, D. Enrique, que ponga una puntilla que a más de uno le va a sentar mal, sin que sea mi intención.
Deseo con todas mis fuerzas que la ley contemple como delito el incitar, promover y practicar abortos, dentro del capítulo del homicidio.
Dicho esto, no me parece bien identificar las leyes morales con las leyes jurídicas (a falta de un nombre mejor). Por supuesto que éstas se deben fundar en aquéllas, pero no son lo mismo y me da la impresión de que el autor no lo tiene claro.

Altea dijo...

¿"Recemos para que Perú no se parezca a España"?
Simpático...

Merche dijo...

Alejandra, estoy en ello. El sábado se lo pedí especialmente al nuevo Beato. Está en las mejores manos: las de Dios.

Tumismo dijo...

Bueno bueno bueno....lo unico que nos faltaba,parecernos a Peru jjj
Eso que se lo digan a la cominudad de peruanos y colombianos que tenemos en mi ciudad,haber que le contestan.

Enrique Monasterio dijo...

Espero, tumismo, que entiendas lo que quería decir el peruano.

Anónimo dijo...

No, D. Enrique, no lo van a entender nunca. Para muchos vivir bien es simplemente eso: la comodidad.
Por estas tierras de plus ultra, aunque no todo es perfecto, claro, hay vida y en abundancia, y valores, y simpatía, y ganas de vivir. La pobre Europa cada vez más avejentada parece un gran museo. Nos lo hemos ganado a pulso, nos empeñamos a fondo y así estamos.
Un abrazo. Loyola

ALEJANDRA GARCIA dijo...

Mil gracias, Merche!. su padre, @javierurdiales dice en twitter : " Le han extirpado el 55% del tumor. El resto nos lo cargamos con radioterapia y AveMarías, qué os parece?" .

Fernando Q. dijo...

Alejandra lo de Lucia daolo por hecho. Rezaremos por ella.
don Enrique, de Prada entra de lleno en el tema. Y no todos los catolicos estamos dando la talla. Lo siento, pero es así. Y lo siento de verdad. Pero el holocasuto no para y ya está metido en nuestro miserable día a día.

madia leva dijo...

El tema del aborto es muy complicado, implica muchas cosas. Yo estoy en contra del aborto como "método anticonceptivo" pero en el caso de las malformaciones no sabría cómo posicionarme, porque puedo entender ambas decisiones. Yo tengo un bebé de 10 meses y cuando estaba embarazada y te hacen mil y una revisiones yo pensaba que si le viesen algo no querria saberlo porque no sabría qué decisión tomar, no quería verme en esa situación de tener que elegir una cosa u otra, porque era un niño buscado y sólo por ello aceptado tal y como fuese. Es curioso, porque en mi embarazo no se vio nada raro pero mi niño nació con una discapacidad, aun no saben qué es, está pendiente de un estudio genético. A veces es muy duro, sufres mucho por tu hijo, crees que es injusto que él tenga que pasar por dificultades que le han venido impuestas y no sabes que futuro os espera.Pero también sé que me alegro que esté aquí a mi lado. Lo quiero mucho, aunque a veces estoy muy triste y lloro mucho, porque la vida es mucho mas difícil. Un día en misa decía el cura en el sermón que a veces las dificultades nos venían para que aprendiésemos y madurásemos. Sí que es cierto, pero a veces me es inevitable hacerme la pregunta de ¿por qué? Mi bebé es pequeño y bueno ¿por qué le pasa esto?