martes, 7 de abril de 2015

Canarias, sin rodeos

Cuando uno llega a una isla lo primero que se le ocurre es rodearla. En Tenerife, mi amigo Paco me lo propuso imperativamente y, en efecto, la circunvalamos en unas pocas horas a bordo de un coche la mar de veterano y con experiencia.
Ahora, en la Gran Canaria, he vuelto a sentir la misma tentación, que, de momento, he logrado rechazar:
--¿Y qué saco yo en limpio rodeando este pedazo de tierra?
--Es como si tomaras posesión de la isla –me responde Kloster--. Es lo que ha hecho siempre los grandes descubridores. Abrazan el pequeño mundo que acaban de pisar y clavan en la playa el estandarte de su rey.
No me ha convencido mi amigo. Rodear la isla sólo sirve para comprobar lo pequeño que es todo y sentir una especie de claustrofobia nada recomendable. Las Canarias son preciosas, desde luego, y el clima es inmejorable; pero prefiero los espacios amplios, las llanuras interminables, las viejas cordilleras de la Península, y las vacas pastando en el prado. Aquí no hay prado y me temo que tampoco vacas.
--Te la ha cargado, colega –me dice Kloster--. Has ofendido a los canarios.
--Espero que no. Es más, conozco a un gran poeta tinerfeño que sintió esa misma claustrofobia insular en su juventud y tituló su primer poemario “Oda al festival de eurovisión” en recuerdo del programa de la tele que era su única conexión espiritual con el resto de Europa y del mundo.
No es bueno ser una isla. Ya veréis como cualquier día construyen un puente que una Las Palmas con Cádiz. De este milenio no pasa. ¿Qué te apuestas, Kloster?

 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Ni vacas ni trenes ni ríos...

Anónimo dijo...

No todos sienten como el poeta tinerfeño. La inmensa mayoría esta feliz de vivir en su isla.

Anónimo dijo...

Lo importante es no vivir aislado, vivas o no en la isla

Anónimo dijo...

¿Te gustan los llanos interminables?
Debiste ser norteamericano, canadiense, mexicano, argentino, jamás español, pero se entiende lo que nos quieres decir.
Mejor disfruta de la gente, eso tiene la ventaja de que puede ser en un llano interminable o en tu caso, en un confesonario, es grande ser cura y tú sales con que eres claustrofóbico ¿o es Kloster el que lo sufre?

Luis Fernández-Díez Cuenca dijo...

Abrazar una Isla como Tenerife, es como sentir el abrazo tierno de un niño, abrazar el Monte Gorvea, es como abrazar el talón de Dios.

Enrique Monasterio dijo...

No me gusta que me tuteen desde el anonimato