Con mucho gusto. Estoy de viaje. Hasta mañana.
No me llaméis "blog". Soy un globo que vuela a su aire, se renueva cada día y admite toda clase de pasajeros con tal que sean respetuosos y educados, y cuiden la ortografía. Me pilota desde hace algunos años un cura que trata de escribir con sentido sobrenatural, con sentido común y a veces con sentido del humor.
lunes, 7 de enero de 2013
domingo, 6 de enero de 2013
Niebla
Los Reyes han llegado entre brumas. Después de 20 días de sol, casi sin nubes, hoy Gijón ha amanecido envuelto en la niebla. Sin duda ha sido cosa de los Magos, que no quieren ser descubiertos antes de tiempo por los niños impacientes.
Esta mañana me he levantado muy temprano y me he asomado al balcón por ver si pasaban los camellos. Inútil pretensión: la noche era la más oscura del año y el termómetro rondaba los cero grados. He tenido que esperar a las diez para sacar esta fotografía.
Me gusta la niebla. Es una gozada embutirse en un buen abrigo con las solapas alzadas, calarse un sombrero de asesino a sueldo y sumergirse en la bruma con las manos en los bolsillos como quien lleva un revólver.
Kloster no está de acuerdo. Me dice que la niebla es un telón que se alza poco a poco para que disfrutemos aún más del espectáculo de la naturaleza. Y añade ese tópico tan socorrido de "mañanitas de niebla, tardes de paseo".
sábado, 5 de enero de 2013
Adiós, Gijón, hasta la vista
Anabel y María
Tienes razón, Papathoma; nunca cuento el desenlace de las historias. Lo único que importa es que recéis para que terminen bien.
En este caso sí que ha habido un comienzo de desenlace razonable. El "gordito" que me esperaba en su puesto de observación pesa menos de 50 kilos y está muy enfermo, pero asegura que siempre ha sido gordo y que, por tanto, se siente "espiritualmente barrigón".
--Si no me muero, que está por ver, echaré una buena tripa otra vez.
Después de nuestra charla que, como digo, ha terminado bien y continuará en la red, he ido a casa de dos viejos amigos: Alex y Anabel, alias "historias del Metro". De momento tienen dos niñas: María, de 4 años, que habla y razona mejor que un diputado, y Teresa, de uno, más o menos.
María, además, sabe hacer croquetas, pasa la aspiradora y cuida de la pequeña como una experta. La casa de Anabel y Alex es luminosa y alegre como sus moradores, y amplia como la permanente sonrisa de dueña. Aquí hay espacio para que siga creciendo la familia. Yo me habría quedado con ellos toda la tarde.
Una visita a la capilla de la Virgen Schoenstatt, un avemaría y a casa de nuevo. Al llegar al parking, no resisto la tentación de hacer un par de fotos a las chicas.
Son las cinco de la tarde; la policía municipal ha cerrado ya un montón de calles para que pasen los Reyes Magos. Por poco no me dejan salir hacia Solavieya.
viernes, 4 de enero de 2013
A ver cómo le caigo
Poner mi dirección de correo en lo alto del globo tiene consecuencias. Me escriben muchos desconocidos generalmente para consultar una duda o para pedir un favor. Otras veces, uno recibe mensajes misteriosos como el que me ha llegado hace un par de horas.
He corregido la ortografía y la sintaxis, y he sustituido dos palabrotas demasiado rotundas (las que llevan asterisco) por otras menos expresivas.
“Si se deja usted ver por Gijón, suelo tirar las tardes con mis amigos en la calle N a la altura del bar N. Si no llueve, me pongo en la mesa que hay fuera para fumar a gusto sin que se cabree* el gobierno. A lo mejor me reconoce. Soy gordo y un poco parao, pero simpático. Mañana sábado estaré casi todo el día. Si veo pasar un cura seguro que es usted. Si me cae mal por el aspecto no diré nada, pero a lo mejor le hablo y le cuento mi nombre y todo lo que le interese.
A mí solo me importa saber lo que pasa cuando me muera, y por qué Dios me ha hecho tantas faenas* si dicen que es bueno.”
De acuerdo, gordito. Me daré un paseo: uno solo. Si ves un cura grandón con gafas de sol, a por él. Iré desarmado. Pero la sidra corre de tu cuenta.
Más carteles disuasorios
El Parque natural de Somiedo, en Asturias, es una de las maravillas de esta tierra. Claro que uno puede tropezarse con carteles tan inquietantes como éste.
Me lo pasa Pablo, que ayer se aventuró por aquel paraje.
jueves, 3 de enero de 2013
Territorio Comanche
En Luarca, al llegar a este punto, saqué una foto y giré en redondo para regresar a casa. No recuerdo haber visto jamás un letrero semejante. Podían haber añadido: "el Ayuntamiento no se ocupa de menudencias. Si le embiste otro vehículo, dispare; no se lo diremos a nadie".
La respuesta correcta
Era la número 4, como fácilmente podía adivinarse. Es bien sabido que en cualquier fotografía de multitudes, las mujeres tardan 0,08 segundos, como media, en localizarse a sí mismas. Los hombres, en cambio, empleamos diez segundos. El 92 % de las veces ellas aseguran que han salido "fatal" y lo expresan dando gritos de horror. Los hombres pensamos lo mismo, pero nos aguantamos.
No colgaré en el globo la foto en cuestión por tres razones
1. La imagen es mala
2. Las chicas se oponen con firmeza
3. Yo también estoy horrible
Hoy he visitado Luarca y me han sacado un par de fotografías en las que salgo fatal, por supuesto. Brillaba el sol, el mar estaba en calma y las embarcaciones de pesca se deslizaban silenciosas por el puerto como barquitos de juguete.
miércoles, 2 de enero de 2013
Un enigma para el año nuevo
Me han enviado por correo electrónico una foto en la que estoy yo acompañado por una pequeña multitud de cientos de personas, mujeres y hombres. Asistimos a una tertulia con el Prelado de la Obra, en el Palacio de Vistalegre, en Madrid. Se la he enseñado a tres de la chicas que aparecen. A mí me ha costado un poco encontrarlas porque están al fondo, mezcladas con la gente.
Ellas en cambio han tardado menos de un segundo y las tres han dicho las mismas palabras. ¿Cuáles? Aquí tenéis cuatro opciones:
- Está genial.
- Está usted estupendo.
- Mándeme una copia, porfa.
- ¡Qué horror! He salido fatal.
La solución, mañana.
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