viernes, 11 de mayo de 2007

Es grande ser cura (IV)

“Padre, tengo Sida”

Fue un mes de mayo. De eso estoy seguro. El año no lo tengo tan claro; quizá 1983 o 1984. Yo salía del viejo e inolvidable “Aldeafuente”, un colegio pequeño, de barrio, donde trabajaba entonces. Era poco después del mediodía.

Un chaval venía hacia mí por la misma acera. Era flaco hasta la exageración y muy alto, de andares desangelados, con una melena larga y despeinada. Al verme, aceleró el paso. Indudablemente era yo su objetivo. Al llegar a mi altura, me detuvo con la mano y me miró a los ojos.

—Padre, tengo sida.

¡Qué mirada, Dios mío! Fue como una puñalada sucia y vengativa. Me hizo sentirme culpable no sé de qué. Era como si quisiera ajustar cuentas conmigo. Creo que eché mano al bolsillo, pero dejé el gesto a medias…

—¿Cuántos años tienes?

—Diecisiete.

Por aquella época se hablaba mucho del sida en la prensa. Se decía incluso que algunos enfermos —o sanos, quién sabe— iban por la calle blandiendo una jeringuilla con sangre infectada para atracar a la gente. Pero aquel chiquillo no tenía nada en las manos.

—¿Quieres que hablemos?

—Sí.

Nos sentamos en un pequeño parque que hay junto a la M-30, la autovía que rodea Madrid. Esta misma mañana he vuelto por allí. Los árboles han crecido y se han multiplicado, pero creo que me he sentado en el mismo banco de entonces.

Intentó decir algo y se echó a llorar. Jaime —ya no importa decir su nombre— volvía a casa después de hacerse las pruebas definitivas que confirmaban la presencia del maldito virus en su sangre.

—Es por el caballo.

—¿Desde cuándo te pinchas?

—Desde hace un año.

No recordaba cómo empezó. Alguno de sus colegas también estaba enfermo, y él decidió ir al médico al comprobar que aquella tos no se le iba y había escupido sangre.

Le escuché durante más de una hora. Hablaba a trompicones con un lenguaje en el que se mezclaban las expresiones de niño chico con una jerga de viejo yonki difícil de descifrar. Luego fuimos a su casa. Su madre, que le esperaba para comer, comenzó a reprocharle que llegara tan tarde. Yo le dije que la culpa era mía, que nos habíamos entretenido charlando, y que Jaime me había invitado a almorzar.

Este es el comienzo de una historia que nunca he contado entera. Quizá mañana la complete, eludiendo, como siempre, los detalles que debo olvidar.

Aquel día me tocó ayudar a Jaime a confesar todo a sus padres. A media tarde la tormenta se había aplacado. El padre me dio un abrazo; la madre, dos besos y una súplica:

—Padre, por favor, no le deje.

(Son las 11 de la noche. Continuaré mañana)

9 comentarios:

Rocío Arana dijo...

Qué fuerte. No deje de contar.

Anónimo dijo...

¡Claro!, con esa manía de la Iglesia de no recomendar el preservativo. (Ironía)

Este muchacho aún fue afortunado porque se encontró con un sacerdote católico, pero hay tantísima gente que sufre y no tiene a nadie...

Altea dijo...

Está consiguiendo que envidie a los curas, cosa que jamás creí que fuera a hacer. Aunque ya sé que también hay momentos conflictivos.

Enrique Monasterio dijo...

A mí lo que me gustaría es que algún chaval dijera lo que dice altea.

Miblog. Ángel dijo...

Es la suerte que tuvo este chico de que usted estuviera "identificado" vestido de sacerdote

Néstor Aparicio dijo...

Increible y magnífica historia. Cada día es más urgente que nos escriba ese libro prometido (y dentro de unos años una secuela: "Sigue siendo grande ser cura").

Boo dijo...

A mí se me han saltado las lágrimas y eso que estoy que no lloré ni en la graduación de mi hijo...

Rocio dijo...

¿Cómo se nos puede "identificar",como dice ángel, a los cristianos? porq los curas lo tienen fácil, pero los demás...(q los laicos lo tenemos complicaooo)

Y yo creo q no sería capaz de haberle dicho algo coherente a Jaime...¿tienen un don especial los curas o es cosa suya? Sé lo del Espiritu Santo, pero yo muchas veces tengo la sensación de que no soy capaz de ayudar a alguien que está pidiendo a gritos un sentido a su existencia...(weno, lo gritan en silencio,así, sin que se note mucho,no vaya a ser q les llamen beatos)

Es impresionante que Dios aparezca de pronto en el camino de Jaime,y maravilloso tb ser instrumento.Gracias por la historia,y déles un abrazo a los padres de mi parte, porfavor.

sinretorno dijo...

AQpasionante este blog es canela fina. No se olvide del manifiesto co mejoras.....