domingo, 3 de febrero de 2008

San Blas, las cigüeñas y la abuela Enriqueta


—Hoy es San Blas, Sofía. Y ya sabes, “por San Blas la cigüeña verás…”

—Eso era antes, abuela. Desde que no hielan las charcas de la Meseta, las cigüeñas ni van ni vuelven: se quedan aquí todo el año.

—Ahora me explico por qué hay tan pocos niños.

—¿A ti también te contaron de pequeña que a los niños los trae la cigüeña?

—Claro. Me lo dijo tu bisabuelo cuando yo tenía tres años. Como acababa de nacer mi hermana, tenía que darme alguna explicación, y lo de la cigüeña será rarito, pero me pareció razonable.

—Pues a mí me contaron la verdad en la guardería con pelos y señales…

—Sobre todo con pelos, supongo… Mi padre en cambio metió un poco la pata al darme la noticia. Me dijo: “tienes una hermanita preciosa; mamá está muy bien”. ¿Y por qué iba a estar mal?, pensé yo. En todo caso habría que saber cómo estaba la cigüeña.

—¿Y sospechaste algo?

—No sé… La verdad es que los padres, por entonces, tenían un problema: cómo revelar a los niños el origen de la vida: la fecundación, el parto… Sudaban la gota gorda, y aún así se explicaban fatal. Al escuchar aquellas historias de “la semillita que papá pone en la tripa de mamá”, una, que en el fondo no era tan tonta como parecía, tenía la impresión de que le estaban contando una fábula más increíble que la de la cigüeña.

—Pues tampoco es tan difícil de explicar…

—A ti te parece sencillo porque ahora conocéis la reproducción humana mejor que la tabla de multiplicar. La estudiáis en el cole, y al llegar a casa basta con poner la tele para saciar cualquier curiosidad zoológica en vivo y en directo. Una pena.

—¿Una pena, por qué? Ahora sabemos la verdad desde pequeños.

—¿Tú crees? Yo estoy convencida de que la historia de la cigüeña es más real que la que te explican a ti.

—No te pases, abuela…

—Vamos a ver, Sofía: ¿Te han explicado en clase que, cuando un hombre y una mujer engendran un hijo, no traen al mundo a un animalito de tres kilos, sino a un ser dotado de espíritu, imagen de Dios, amado por Él como si no existiera otro en el universo?

—Bueno, no, pero...

—Los padres de la criatura tal vez se unan porque están casados y se quieren, o sólo porque se gustan, o incluso por motivos más tristes. Pero el milagro se produce igualmente: cada pareja colabora con Dios, en un acto divino, ya que el alma del hijo no procede de los padres; Dios la diseña a medida de cada niño y la saca de la nada.

—Bueno, y qué…

—Estoy tratando de decirte que los padres, al engendrar, realizan algo sagrado, aunque no lo sepan, aunque no lo hayan pensado nunca. Y esta historia es mucho más cierta que la de los que reducen el sexo a una especie de cóctel hecho de placer, perejil y fontanería.

—Jo, abuela, eres alucinante.

Mira, Sofía, cuando mis padres me contaron la historia de la cigüeña, vivíamos en el campo en entre vacas, cerdos y gallinas. Yo ya había asistido alguna vez al nacimiento de una ternera o de una camada de conejos.

—O sea, que te hacías la tonta.

—No estoy segura. Creo que siempre supe más de lo que parecía, pero intuí a mi manera que la historia de la cigüeña no era un cuento para salir del paso, sino una especie de parábola, una verdad poética, que todos, hasta los niños, podían comprender.

—Pues yo no la entiendo.

—Era evidente que el nacimiento de mi hermana tenía poco que ver con el de los caballos o las vacas. Si alguien me hubiese contado que eso era todo, le habría llamado marrano y mentiroso. Había algo más: un misterio muy hondo en el que Dios era protagonista. Mis padres sabían que aquella criatura no era sólo suya, sino un milagro que el Creador les confiaba y dejaba en sus brazos.

—¿Y las cigüeñas te explicaban eso?

—El cuento de la cigüeña nos invitaba a mirar al Cielo, que es de donde, de verdad, vienen los niños. ¡Si hasta el Espíritu Santo se manifiesta en forma de paloma! Tú, por si acaso, trata con respeto a las cigüeñas; no sea que tengan algo que ver con esta historia.


5 comentarios:

María dijo...

como mola la abuela enriqueta!!

Mariano C dijo...

Como mola, además de la abuela Enriqueta, la historia y el análisis que hace D. Enrique de la cigüeña. Cómo se nota su paso como capellán y ¡Vaya Capellán! por un colegio con las ideas claras.
Pocas son las personas que contemplan la participción de Dios cuando se engendra a una nueva criatura o........., ¿Habría que decirlo al revés? ¡Qué pocos son las parejas que no ven cómo oolaboran con el Señor en la creación del mundo a través del poder de engendrar que nos ha dado.
Claro, no hay que olvidar, además que nuestra colaboración continúa en su educación,....... pero ese es otro tema ¿No D. Enrique?

Anónimo dijo...

Ahora te dicen que a los niños hay que explicarles cuanto antes estos temas porque si no, se enteran por amigos, revistas... Está bien, pero su artículo me ha reafirmado en algo que sólo intuía. La "clase" de biología no puede ir antes de que sean capaces de entender lo que es el Amor y el amor. Me ha gustado mucho eso que ha dicho de mirar al cielo. Sin el cielo, lo que pasa en la tierra no tiene sentido.

sth3er dijo...

me gusta mucho la historia de la abuela es muy interesante oye x cierto como consegiste el reloj?es gratis?contestalo gracias

Enrique Monasterio dijo...

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