miércoles, 20 de febrero de 2008

Tatuajes



Nacho me estaba hablando de sus vacaciones en tres continen­tes, de los quince países que ha visitado, y de la chica filipina que conoció no sé dónde, que es “supermona y muy católica, no se crea”. Entonces tragó saliva y soltó:

—Me he hecho un tatuaje…

—Dónde

—En Corea.

—Digo que en qué parte del cuerpo.

Se remangó la camisa, y casi a la altura del hombro había un nombre femenino sobre una manzana, y a manera de orla, unas letras:

—Es tagalo.

—Ya. ¿Y qué significa?

—¿Y a usted qué le importa?

El tatuaje era de los de verdad, de los que valen un binladen y sólo se borran con “una operación a base de láser, tío, que yo no me la hago ni harto de vino”.

Terminada nuestra conversación fui a desahogarme con Heinz Kloster, que fue pirata a finales del siglo dieciocho y está más tatuado que un caldero de Toledo. Le pregunté el porqué de esta moda, ahora, en pleno siglo XXI.

—No te confundas, muchacho —me respondió—. El tatuaje no es una moda ni lo será jamás. “Moda”, por definición, es lo que cambia, lo efímero. El ta­tuaje es lo permanente, lo que dura hasta la tumba.

Agarró el vaso de ron y se me puso nostálgico:

—Cuando yo navegaba, allá por el mil setecientos y pico, el tatuaje era lo único que no te robaban los años: te acompañaba a la gloria o a la horca. Era el salvo­conducto que te abría las puertas de todas las tabernas, tu carné de identi­dad, tu currículum vitae y tu tarjeta de crédito; tu fe de vida, tu certificado de penales y de mala conducta. El tatuaje era también un aviso para navegantes, una amenaza para cortesanos, y, para quien lo portaba en su pellejo, un souvenir de quién sabe qué lejanos puertos y hazañas. A muchos de nosotros se nos conocía sólo por el tatuaje: “¡Ha llegado el de la sirena tuerta”, decían…! Yo mismo me identificaba así. Incluso llegué a olvidar mi nombre: ¡Qué tiempos, amigo mío!

—Pero, ¿por qué han reaparecido ahora?

—Por eso, muchacho, por eso… Porque son para siempre. Son lo único perdurable. El que se hace un tatuaje sabe que no está siguiendo una moda; está comprometiendo su futuro en una ceremonia de sangre y ron.

H. K. se metió un lingotazo en el esófago, y continuó:

—Éste es un siglo cobarde…, y la culpa es de tu generación. Habéis llenado de canguelo los calzones de los chavales, y ahora tienen miedo a ser jóvenes, o sea, a jugarse la vida… Les habéis explicado que para ser libres hay que huir de todo compromiso. Les habéis dicho que no se aten a nada ni a nadie; que hay que amar pero sin papeles, que es preciso conservar siempre abierta una escotilla en la retaguardia para escabullirse si algo sale mal. ¡Vivid al día, les dijisteis. Carpe diem!, ¡gozad del placer de este instante, no sea que mañana esté vacía la nevera. No tengáis hijos: os encadenarán. No hagáis promesas: la vida es muy larga. No os caséis en serio: disfrutad del sexo light! Les habéis hecho creer que la libertad consiste en imitar a las gaviotas, que cambian de pareja en cada marea y se alimentan de carroña y chapapote. Habéis inventado un matrimonio trivial y quebradizo como la terracota, que se deshace al primer conflicto. Para colmo lo habéis hecho obligatorio… Ya ni siquiera existe el derecho a entregar la vida entera, a lanzarse sin red a la aventura del amor. Quien lo haga será considerado un enfermo o un talibán.

—Oye, que yo no…

—Los habéis condenado al egoísmo crónico, a la vida sin sangre ni sustancia…, y, en último término, a la soledad. ¿Y me preguntas por qué se hacen tatuajes? Para que la palabra “siempre” tenga algún significado.

—Así que tú estás a favor…

—Ni a favor ni en contra. La vuelta de los tatuajes demuestra que la naturaleza humana no ha cambiado: necesita ejercer ese supremo acto de libertad que nos asimila a Dios porque nos hace eternos… El hombre exige el derecho a comprometerse, y a decir “para siempre: hasta la muerte”.

Ya digo, el pobre Kloster estaba un poco borracho. Me miró desde lo alto del óleo que colgaba encima de la chimenea del salón y se quedó inmóvil, con la vista perdida en el reloj de cuco.

14 comentarios:

El hijo del capitán dijo...

Grande, muy grande.
Hoy me siento más klosteriano que nunca.

María dijo...

sigo pensando que es la voz del ángel de la guarda, si no del suyo del mío muchas veces si.

Me gusta lo que dice Kloster, es bonito, pero no estoy de acuerdo en echarle la culpa a una generación en concreto. La culpa es de todos, nosotros nos lo hemos creido y nos dan miedo las cosas para toda la vida. Bueno a los de mi generación. A mi miedo no me dan... se que "para toda la vida" exige una lucha, exigirá partirme el brazo por aquello que elegí y yo, personalmente estoy dispuesta a partirme el brazo. Los que no lo están me dan pena porque no consiguen "llenarse". Lo que no es para toda la vida y debería serlo deja un vacío que se nota y asi van, por la vida, agarrados a lo que pueden... no se, da que pensar esto que dice Kloster, gracias D. Enrique.

Juanan dijo...

La libertad es la capacidad de comprometerse. La libertad se destruye a sí misma una vez es usada, hasta la próxima decisión. Cada decisión tiene su grado de compromiso, pero no porque éste sea menor se es más libre.

La esclavitud está en que las decisiones nos vengan impuestas. Por ejemplo, disfrazadas con falta de compromiso.

Anónimo dijo...

Kloster, Kloster... ¡¡baja del cuadro y cuelate A SACO en nuestras vidas!! DESEMBARCA en la tele, en la radio, en los libros, en las cabezas de los padres y abuelos, de los tios que tienen sobrinos y de los que no los tienen, ABORDA las mentes de los que hacen los argumentos de las series con que malcenan millones de personas y de los anuncios que se tragan en medio; de los que tenemos responsabilidad ante la juventud... los profesores de universidad, de instituto, y de primaria... Puedes empezar por invitarnos a una botella de ron, para romper el hielo.

De todas formas ¿no crees q se te han escapado cosas? Yo creo q sí hay "para siempres", ¡¡el hombre contemporáneo es capaz de comprometerse para siempre!!! Ahora q se ha acabado la encuesta, cuando vuelvas a hablar con D.Enrique, propónle: "¿hacemos una lista?" Cabeza de lista: La hipoteca.... creo q para muchos, es la unica unión "hasta q la muerte nos separe" posible de admitir...

Historias del Metro dijo...

¿La hipoteca? Muchos dicen que no les hace falta casarse, porque ya comparten hipoteca, que es algo muy bonito que les mantiene unidos. Se firman hipotecas con una facilidad que asusta, pero luego no tienen lo que hay que tener para ponerse delante del altar... o del juez, cada uno lo que "vea". Osea que la hipoteca no me sirve como argumento.
La hipoteca va y viene, uno paga su parte de la casa al otro y si te he visto no me acuerdo...
El tatuaje, en cambio... no es más que un recuerdo de un estado mental que te llevó a querer grabártelo para siempre dentro de la piel. El día en que te apetezca ser más formal, resulta que tienes tus letras chinas ahí para siempre, que te recuerdan que un día fuiste "súper guay"y te quisiste meter en el grupillo de los "súper guay" que se compran ropa en mercadillos y se hacen rastas en el pelo. Pero en el fondo resultó que fuiste tan poco original como todos los demás.
Y encima te dejaste una pasta y te dolió muchísimo. Pero esto último, claro, no lo cuentas, porque no es "súper guay".
Además de todo esto, no creo que el tatuaje tenga que ver con el deseo de "eternidad" de nadie, sino con una pose adolescente.
Lo siento, hoy estoy asturiana.

j.a.varela dijo...

1- Kloster es un ídolo! (lenguaje juvenil para el que me sobran por lo menos 40 años)
2- Me alegro que los cuadros hablen. A tono con el nuevo Harry Potter que sale mañana.
3- A las que se tatúan cerca de donde la espalda pierde su honesto nombre -como diría mi abuelo- que sepan que después no le hacen la peridural y parirán con dolor, como le dijeron a Eva a propósito del dichoso incidente de la manzanita.
4- Que le copio el artículo al colega de los antepasados del Capitán Haddock. Por mi barrio hay algunas que les viene como anillo al dedo.
5- Que no tiene desperdicio este artículo. 10/10.

c3po dijo...

Tengo para mí que, más de un@ y más de dos, de l@s que lucen tatuajes tienen la cabeza tan llena de vacio que ni se plantean el hecho de que estan cometiendo una tontería para siempre.

Un tatuaje queda muy bien en un legionario, en un viejo lobo de mar y, si me apuran, en una lumi; pero, fuera de esos casos, a la gente normalita, espesa y municipal le queda como a un santo una pistola.

No se me irá nunca de la memoria una foto de un personaje de la realeza europea, muy aficionado al mar, que tenía sendos leones chinos tatuados en los antebrazos y que, cada verano, hacía verdaderas piruetas para disimularlos.

Por lo demás, sólo las cosas verdaderamente importantes, las transcendentes, son para siempre, para todos y cada uno de los instantes de nuestra vida.

Todo lo demás, es tremendamente vano y pasajero como el humo.

Anónimo dijo...

Para una intervencion que hago...he salido rana!
Creo que he usado muchisimas palabras para no lograr explicar lo que queria decir... y confieso que es un poco frustrante y que me pasa a menudo. Pero no importa!
A ver si ahora lo hago mejor: yo me refería al metafórico "para siempre" (individual) que hoy en día uno es capaz de dar a algo material. Hay gente que se mete en hipotecas hasta a 50 años y a mí eso me parece "una vida"! No me refería a comprar casa con otra persona.
Considero que actualmente sí hay cosas que somos capaces de hacer con idea de "para siempre"... pero que son mucho menos interesantes, trascendentes y vitales que aquellas que nombraba Kloster, porque no nos dejamos nosotros mismos en esa firma. Osea: que nos compremetemos con cosas pero que no nos comprometen a nosotros mismos, que me parece a mí que es donde está el QUID.
hablo en plural, porque me parece un poco de "caradura" ver solo esa actitud en los demás, bajo el sujeto "la gente"... pues aunque procuro "currármelo", no seré yo quien tire la primera piedra....

En cuanto a lo del tatuaje... creo q antes, (cuando por estas latitudes era algo propio solo de marineros, legionarios y "aventureros", y no de kiosco de centro comercial con olor a palitos de incienso marroquí o hindú) sí que tenía un "algo" de idea de permanencia, de "no vuelta atrás". No en vano, una de las frases mas tatuadas -no sé si la que mas, no soy experto- era "Amor de madre". ¿No es esa una de las pocas cosas sobre las que la humanidad -"sana mental"- es unanime y está de acuerdo? El amor de madre es para siempre. Tengo para mí que como sobre no pensaban cambiar de opinión, se lo grababan para toda la vida.

Pd. Solo no he entendido una cosa ¿Con qué significado estaba Historiasdelmetro "asturiana"?

Juanan dijo...

Este verano conocí a un decrépito enfermo de SIDA que tenía muchísimos tatuajes en varias partes del cuerpo. Quizás cuando tenía carne debajo de la piel le quedaran bien. Cuando le conocí le quedaba menos carne, pero tenía mucho más cerebro y estaba aprendiendo de los errores.

En estos momentos seguramente estará disfrutando de una eternidad sin tatuajes.

Boo dijo...

Bufffff!Se ve que el "para siempre " es un tema que "marca" y "escuece".Debe ser por algo...

Jesús Beades dijo...

Un texto genial, don Enrique. Me gusta mucho: es muy chestertoniano.

Historias del Metro dijo...

Perdona, personaje anónimo. En realidad sólo escribía con un poco de rabia, pero no por nada que tú hubieras dicho en tu intervención.Está claro que no te entendí.
Es que más de una vez alguna persona se ha reído de mí por haberme querido casar sin antes convivir. Y al exponer mis razones, me han contestado que ellos ya compartían hipoteca, lo cual era un compromiso enorme y equiparable al mío. Pues va a ser que no, y, caradura o no, se lo digo a quien se me ponga por delante.
No pretendo ponerme flores, Dios me libre... hay novios y novias con un sentido del compromiso admirable, no se me ocurre juzgar a nadie, que bastante tengo conmigo.
Respecto a lo de "asturiana"... bueno, es que "soy" asturiana. Y somos muy sinceros, cabezotas y contestones. Y a mí me viene de perlas echarle la culpa a mi tierra :-)

Anónimo dijo...

¡Gracias, historias del metro! Comparto al 100% tu idea de no ser lo mismo casarse que convivir sin estar casados, por muchos gastos q se compartan. En cierto sentido, exactamente a eso me refería!
Y comparto también, aunque en este caso solo al 50%, tu asturianez. Mi madre lo es. Adoro esa tierra y es el sitio donde mas me gusta perderme. Osea: que enhorabuena por partida doble!
Kloster y D. Enrique: gracias por dejarme usar este sitio.

Benita Pérez-Pardo dijo...

La verdad es que le hacía más joven a Kloster!!
Debe ser que el elexir de la eterna juventud debe estar en el sentido común!!. Del S XVIII y qué energía!!