viernes, 20 de noviembre de 2009

Reñir con Dios

Me dices que has reñido con Dios; que no te hablas con Él desde el mes de junio, cuando murió el hermano de tu mejor amiga, a pesar de que rezaste muchísimo para que se curara del cáncer.

Luego me aclaras que, además de ser hermano de esa amiga tuya, era un “niño superbueno” y te gustaba un poco.

Te comprendo muy bien, entre otras cosas porque en los últimos días tres personas distintas me han dicho lo mismo que tú: que se han enfadado con Dios, que Él no ha escuchado sus oraciones. A los tres os respondo lo mismo: que yo también estaría furioso, pero que se lo contéis directamente al Señor, porque yo no soy su buzón de reclamaciones.

Hablar con Dios siempre es lo mejor; aunque sea para decirle que no le entendemos, que por qué nos ha hecho eso, que es una injusticia… En fin, ya sabes: todo lo que me has soltado en la capellanía hace un momento.

Además es muy posible que esta vez Dios no guarde silencio y te conteste.



12 comentarios:

Anónimo dijo...

D. Enrique:

No puedo evitar que ma haga gracia lo de "buzón de reclamaciones". No pretendo ser irrespuetuosa en absoluto pero creo que a los sacerdotes un poco les toca esa difícil tarea. No porque les corresponsa serlo pero es lo que los "civiles" vemos más cercano a Dios y entendemos que nos pueden aclarar las dudas.

Creo que también abuso del "buzón de reclamaciones" pero realmente es una búsqueda de respuestas casi siempre eficaz.

Esta chica a planteado su reclamación- interrogante y ya tiene un camino a la resuesta en este post. Ni en las reclamaciones del Corte Inglés se consigue una respuesta más rápida.

Intentaré no extenderme más en sucesivos comentarios. No lo puede evitar...

Isa dijo...

Desahogarse con Dios, eso me suena...Y sí, siempre escucha y siempre ayuda, aunque no sea a veces exactamente cuando y como nosotros queramos.
Hace un par de días se quiso llevar al cielo a una chica joven, guapa, simpática...pero la quiso para Él; ya estaba sufriendo mucho; invadida de cáncer, revolviéndose de dolor todos los días...Sí, purgó bien y se purificó para irse directa al Paraíso; ahora estará mirando a su familia, amigas...y diciéndonos: "¡no lloréis, que estoy felicísima! mejor que nunca..."
Pues eso, que Dios sabe más.

Anónimo dijo...

Yo estoy en la estadística de las personas enfadadas con Dios, ando pero que muy mosca con Él.
Tambien me pregunto si Él estará mosqueado conmigo.
Gracias por estas palabras de aliento y a ver si es verdad que entro también en la estadística de la contestación, después de sugerir tantas veces y luego ya reclamando, alguna vez de muy malas formas (lo reconozco). La lectura de su entrada da confianza para intentarlo de nuevo.Gracias de nuevo.

Nieves dijo...

No es fácil decir: Señor, quiero lo que quieras; quiero porque quieres; quiero como quieras; quiero cuando quieras[...]. Por lo menos si te das cuenta que no puedes decírselo, hace falta que quieras poder decírselo sinceramente.
...Vale la pena buscar con interés la voz de Dios para mí. San Agustín se pasó muchos años buscando, y escribe: “Tú, Dios mío, respondes inequívocamente, pero no todos te oyen con la misma claridad. Todos preguntan por lo que quieren, pero no siempre oyen lo que quieren. Tu mejor siervo no es el que trata de oír de ti lo que quiere él, sino el que quiere lo que tú le has dicho”.


José Pedro Manglano, "La llamada"

Anónimo dijo...

cuando las cosas van bien, es muy fácil ser "amigo" de Dios, pero en cuando llega el sufrimiento propio o de alguien cercano,nos enfadamos, no queremos aceptar algo doloroso.
No lo entiendo, me imagino (y espero) que en esas circunstacias nos dé esa gracia especial para poder soportarlo, pues yo no sé si podría superar la muerte de un hijo pequeño, o la de un marido joven, o...

erick dijo...

A veces ni tan siquiera el desahogo ante la impotencia es suficiente, nos hace falta una explicación. Cuando no la hay confiamos en "el sentido",¿Y cuando este no llega?

Saludos

Verónica dijo...

Por favor, pida por un niño del cole de mi hijo (9 años) que se muere de cáncer. El capellán del cole, tocayo suyo, acaba de pedir a las familias por correo electrónico elevar oraciones por él. El otro día, este hijo mío -de 8 años, que hace este año la Primera Comunión- me preguntó: "Mamá, ¿qué pasa? ¿Que los niños con cáncer no tienen ángel de la guarda?". También me preguntó otro día: ¿A quién quieres más: a Dios o a mí?. Alta teología, pensé. A ver quién es el guapo que le contesta. Sólo me quedó encomendarme al Espíritu Santo, para que me inspirase las palabras justas.

De todas formas, creo que está bien rebelarse -en su justa medida-, y preguntar el por qué. Y luego, como dice Juan Pablo II en "Cruzando el umbral de la esperanza", ponerse al pie de la Cruz: ahí encontraremos la respuesta a todas las preguntas.

Un abrazo, y, aunque ahora no tengo rosas a mano, le pido que encomiende un buen ramillete de intenciones. Gracias por este blog.

Almudena dijo...

¿Y dónde estaba usted todas las veces que yo estuve peleada con Dios? ¡qué bien me hubiera hecho ese consejo!...

Enrique Monasterio dijo...

Erick..., y todos:

Hemos tocado de refilón un asunto difícil y vital. Algún día hablaremos despacio del tema.
Hoy sólo quería dar un consejo a los que, como yo, alguna vez se han sentido desconcertados y enfadados con nuestro Padre Dios.
Hay que quejarse, sí, pero a ese Dios al que a veces no entendemos. Si el no existiera, nada tendría sentido. Pero existe, y todo encajará un día también en nuestra cabeza y en nuestro corazón.
Mientras tanto no le neguemos la palabra. Y tened confianza: se hará la luz.

SOFIA dijo...

D. Enrique sin duda su consejo, hablar con Dios, es el mejor, pero quizá el ejemplo de personas heroicas en situacioines incluso más difíciles también puedan ayudar. Le envío la dirección de un video impresionante:
http://www.buigle.com/detalle_modulo.php?sec=6&fecha=20090301
Si ya es conocido creo que tampoco viene mal recordarlo

Atiam dijo...

Increíble el testimonio del vídeo, Sofía. Es verdad que a nadie nos gusta sufrir y sin embargo todo el mundo sufre, también es cierto que se puede sufrir maldiciendo o bendiciendo. Yo he vivido de las dos maneras; la primera fue horrible, sin esperanza, un infierno; y la segunda ha sido el mejor regalo que he podido tener: vivir, aún con sufrimiento, pero en PAZ. En la Iglesia descubrí que todo tiene sentido, que nada pasa por casualidad. Os dejo una historia donde se refleja esto muy bien. Un saludo
http://www.corazones.org/articulos/anecdotas/bordado_dedios.htm

Anónimo dijo...

Yo alaguna veces también me enfado con Dios, porque soy madre de familia numerosa y tanto yo como mi marido hemos querido educarles en todo aquello que comprota ser coherente con las exigencias de la fé católica y ahora se han ido haciendo mayores y algunos de ellos se están alejando del tema, en la oración además de rezar mucho por ellos le pido a Dios que me haga entender el porque y las causas y no logro oirle. ¿Tengo que rezar y rezar mucho más? es eso lo que quiere?