Me gusta leer picoteando. Es algo así como comer “de tapas” o “de pintxos”. Yo suelo comer de tapas cuando viajo, que es la mejor forma de tener la mente despejada y el estómago ligero. En los viajes también leo de tapas, y para conseguirlo nada como los microcuentos; por ejemplo, los de Juanjo Abollado, que ha elegido 60 de los suyos y acaba de publicarlos con unas espléndidas ilustraciones de 5 dibujantes. (1)
Cada cuento de Abollado tiene 20 líneas. O sea, seis líneas más que un soneto estándar. Los cuentos de Juancho no son poemas, pero tienen un no sé qué lírico, melancólico y humorístico que los hace encantadores. Yo aún no he terminado el libro (no es bueno abusar del tapeo), pero copiaré aquí un cuento; ni siquiera es el mejor, pero, quién sabe por qué, me ha recordado a un amigo que un día…Nadie de nadaUn día me miré al espejo y me dije atónito: “¡vaya! ¡Ahí no hay nadie! Pero, ¡yo soy!” Me palpé de arriba abajo. Nadie. Me busqué en el reflejo de los charcos, en el destello de los ríos, en la emisión de los cristales. Nadie. Intenté recuperar mis recuerdos, ser algo, siquiera, en la nada; fingir que era alguien aun siendo nadie, vencer la impotencia de no poder sentir el calor de la chimenea o el desliz de la brisa de la calle. Visité a mis mejores amigos y les perdoné sus más de mil traiciones. Nada. No sirvió de nada. Redimí mis pecados más inconfesables, soporté al vecino insoportable, me bañé en el mismo mar de ilusiones donde se asean los pobres de espíritu. Creí en un ser superior y fui el más humilde de los hombres. Abracé a mis hijos como nunca hasta el momento y les di mis proyectos, descubriendo la belleza de sus baúles de secretos. Sorteé los abismos del poder y repartí mis bienes entre los más miserables de la tierra. Me curtí de experiencias ancestrales echando flores a mis padres, recogiendo sus ejemplos y dando brillo a los reflejos que dejaron.
Otro día, esperanzado ante mi evolución, regresé a descubrir al menos una cana solitaria frente al espejo de hacía meses. “¡Vaya, ahí no hay ni nadie!” Me di cuenta de que, a pesar de los cambios, éstos habían llegado demasiado tarde. El mundo no quiso perdonarme a tiempo.
Desde entonces, vivo escondido en un halo de esperanza, aguardando que una brisa de la tarde sorprenda a los que digan mi nombre y me lleve el sonido de su palabra hasta mi infinito de intenciones. O al menos, unos labios tropiecen con los míos y, en un roce, me devuelvan a la vida con un beso de amor.
(1) En esta página encontraréis toda la información sobre el libro
No me llaméis "blog". Soy un globo que vuela a su aire, se renueva cada día y admite toda clase de pasajeros con tal que sean respetuosos y educados, y cuiden la ortografía. Me pilota desde hace algunos años un cura que trata de escribir con sentido sobrenatural, con sentido común y a veces con sentido del humor.
domingo, 13 de diciembre de 2009
60 cuentos para picotear
sábado, 12 de diciembre de 2009
El corazón de América

La historia es bien conocida: San Juan Diego, un indio mexicano natural de Cuauhtitlán, recogió en su tilma un montón de rosas florecidas en la cumbre de un cerro para llevárselas al Arzobispo Zumárraga como prueba de las apariciones de la Virgen. Una vez en presencia del Prelado, desplegó su tosca prenda y apareció esta imagen, no pintada por mano de hombre, que todavía se venera en la Villa de Guadalupe.
Desde entonces, María Santísima quedó grabada para siempre en el corazón de México y de América. Fue la primera evangelizadora del Nuevo Continente. Hoy es su fiesta.
Lupe, me acordaré especialmente de ti y de tu tribu.
Extraña pregunta
Se me acerca una pareja de mediana edad. Él, gordito, nervioso y breve de estatura, me pregunta:
—¿Me hace el favor…, la calle Padre Damián?
—Es paralela a ésta. Ahí la tiene, donde baja ahora mismo el autobús…
—¿Seguro?
—Vivo aquí… Sí, seguro.
La mujer parece satisfecha con mi respuesta, pero mi interlocutor no.
—Yo creo que se equivoca. La que usted dice es el Paseo de la Habana.
Sonrío lo justo y respondo:
—¿Nos apostamos un milloncito de euros?
La mujer se ríe. A él no le hace ninguna gracia, y se aleja mascullando:
—Qué sabrá éste…
Este diálogo, absurdo pero real, es también una especie de parábola urbana. De hecho, camino de la farmacia, he ido recordando a más de uno y de dos que, después de consultar una duda de tipo moral, se enfadaron porque el cura no les dió la razón. Quizá les importaba más tranquilizar su conciencia que conocer la verdad.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Correcto

Probablemente cargue un poco las tintas; pero el diálogo es sustancialmente exacto.
—Buenas tardes.
—Buenas
—¿Recargan aquí cartuchos de tinta para impresoras?
—Correcto.
—Verá. Yo tengo una HP 460 y me he quedado sin tinta negra.
—Correcto.
—Bueno, muy correcto no es, pero me interesa que me rellenen un par de cartuchos.
—Correcto. ¿Trae los cartuchos vacíos?
—Correc…, quiero decir, sí. Lo que pasa es que sólo tengo uno.
—O sea que le rellenamos uno y le vendemos otro ya relleno. ¿Correcto?
—Supercorrecto; pero los dos de tinta negra, porque el color lo utilizo poco.
—Correcto. Así que dos de tinta negra y uno de color.
—Incorrecto; quiero decir que no. Sólo dos de tinta negra. ¿Me explico?
—Afirmativo.Esta noche he tenido una pesadilla: me vi a mí mismo presidiendo una ceremonia litúrgica. Los fieles habían sustituido el “amén” por el inevitable “correcto”. Incluso lo cantaban.
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Con educación
Pepe me envía este vídeo educativo. No os lo perdáis.
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jueves, 10 de diciembre de 2009
Un cura de aúpa
¿Y por qué no voy a publicar este artículo que acaban de enviarme? Hace muchos años escribí una columna inocente en la que aparecía una frase (sólo una) en defensa de Mons. Blázquez, que acababa de ser nombrado obispo de Bilbao, y recibí un montón de mensajes de "amigos" míos. Me dijeron de todo, menos guapo.
Pido a esos buenos amigos que esta vez, si quieren insultar a Cristina López-Schlichting, me metan por favor en el mismo saco, porque coincido plenamene con ella.

Hace diez años servidora era reportera –en puridad nunca lo ha dejado de ser– y subía con frecuencia al País Vasco. A menudo era Guipúzcoa el destino inevitable (porque mataban mucho en los pueblos) y en Zumárraga me encontré un sacerdote peculiar, un tipo joven, con apellidos vascos por los cuatro costados que, para variar, no había sucumbido al nacionalismo. Tenía una fe brutal, conmovedora y sólo creía en Dios. Practicaba el Evangelio sin pudor, a lo franciscano. Un verano dejó su piso a un mendigo y se marchó de vacaciones. El invierno siguiente fue muy duro. El joven párroco había recibido el encargo de organizar las colectas y la construcción del templo que le habían adjudicado y tenía en su contra a las hordas abertzales, que acudían a insultarlo cuando celebraba misa y arrojaban botes de pintura contra los muros del edificio recién nacido. El cura no se asustaba, salía a la calle revestido y hacía frente serenamente a los terroristas, como un san Esteban. Una de las veces en que tuvo lugar el siniestro aquelarre pasaba por la calle un hombre desarrapado que se lanzó contra los agresores gritando: «¡A mi amigo no, dejadlo en paz!». El señor –el mendigo– consiguió arrancarle el pasamontañas a uno de los delincuentes. Quedó a la vista que se trataba del hijo de una de las catequistas y, una vez descubiertos, los agresores huyeron.
El joven sacerdote protagonizó muchas más anécdotas. Por ejemplo, eran muy sonados sus viajes a Fátima con los chicos de la parroquia. Era tanta su fe, que la curiosidad movía a los jóvenes –incluso batasunos– a seguirlo y todos los años se convertían algunos en la visita a la Virgen. En consecuencia, los de HB esperaban el regreso del autobús a pie de calle, para ver si podían «recuperar» a los suyos. Ahora dice Josu Erkoreka, el portavoz del PNV en el Congreso, que el nombramiento de José Ignacio Munilla como obispo de San Sebastián –ya tiene 48 años y ha pasado por dos diócesis– «es una operación poco evangélica liderada por Rouco Varela».
Yo, qué quieren que les diga, creo que basta con lo relatado.
25 Noviembre 09
Camino de la Navidad
Las fiestas de la Virgen se escalonan: hoy, nuestra Señora de Loreto, Patrona de Italia y de la aviación española; el sábado, la Virgen de Guadalupe, Patrona de América; el día 18, nuestra Señora de la Esperanza.
Mi esperanza, de momento, es terminar dignamente el trimestre y escaparme a Gijón como el año pasado (y el anterior y el anterior), donde me espera Solavieya, el Fitu, los Picos de Europa, las aves oceánicas y veinte días en el Paraíso.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
En el autobús

Un estudiante algo presuntuoso adoctrina en el autobús de línea a un anciano que se sienta a su lado:
—No es fácil que su generación pueda entender a la mía —le dice—; usted creció en un mundo muy diferente, casi primitivo.
El muchacho ha levantado la voz para que le oiga medio autobús. Se diría incluso que quiere pronunciar un pequeño discursito y necesita público.
—Fíjese, los jóvenes de hoy hemos crecido con televisión, internet, aviones a reacción, viajes al espacio… Nos parece natural que el hombre camine sobre la luna. Nuestras sondas espaciales han visitado Marte... Tenemos naves que se alimentan de energía nuclear y coches eléctricos; computadoras con procesos a la velocidad de la luz... ¿Me entiende?
El anciano, después de un breve silencio, responde:
—Tienes razón, hijo mío. Nosotros no teníamos esas cosas cuando éramos jóvenes; por eso las inventamos. Así que, pequeño arrogante, pregúntate ahora: ¿qué estoy haciendo yo para la próxima generación?
El aplauso de los pasajeros es tan unánime, que el muchacho opta por bajarse en la siguiente parada.
Epílogo con diez gramos de autocrítica y quince de autobombo
Ahora que el blog recupera su ritmo y su tono habituales, permitidme una especie de epílogo sobre la Novena.
El día 29 de noviembre por la noche escribo de un tirón la primera entrada, consciente de que me estoy metiendo en un buen lío: deberé redactar un comentario al día con la correspondiente oración final, a pesar de la falta de tiempo y el exceso de trabajo. Me digo que si logro sacar media hora por la mañana…
Decido escribir durante la oración, pidiendo al Arcángel San Gabriel que me eche una mano y no me permita poner en el blog demasiadas tonterías.
El tercer día, mientras medito sobre Nuestra Señora del Silencio, veo claramente que no lograré terminar. La imagen de Santa María con el dedo delante de los labios parece decirme: “¿por qué no te callas?”
Termino el cuarto día y el número de visitantes del blog se dispara. ¡Vaya por Dios!: acabo de batir mi record personal. ¡Pasen y lean!, pero por favor díganme algo, aunque sea bueno. No lograrán que aumente mi vanidad —de eso me encargo yo sólo—, pero me animarán a seguir adelante.
Un lector despistado me pide que le mande la Novena entera y pone cuatro direcciones de correo electrónico. ¿Pero no te das cuenta que la voy redactando día a día y aún no sé lo que escribiré mañana?
Desde una editorial, me dice que, si se les mando la Novena, me la publican con mucho gusto. Les respondo que el gusto es mío, pero que, de momento, prefiero dejarla en la red, que es también una manera de publicarla y de difundirla a velocidades de vértigo.
Desde Estocolmo (!) un sacerdote me cuenta que la está predicando con mucho éxito. Yo, que también debo predicar en Madrid, no soy capaz de hacer lo mismo: hablo de otras cosas, porque me da vergüenza leer en voz alta lo que he puesto en el blog.
Sexto día: me doy cuenta de que la Novena tiene una notable falta de unidad. San Gabriel unas veces habla en presente y otras en pasado. Hay días en que está ocurrente y días en que se me pone solemne o lírico. Hago el propósito de revisarla entera.
El séptimo día, cambio un par de fotografías y decido que debería titular cada capítulo si al fin me decido a elaborar un folleto.
Solemnidad de la Inmaculada. Después de predicar sobre la Virgen durante media hora, me pongo frente al ordenador y no se me ocurre nada. De pronto escribo: ¡”qué cosas tiene San Lucas”!, y ya no puedo parar: redacto cuatro folios en tres cuartos de hora y los reduzco a uno solo, para no abusar.
Al acabar, me da mucha pena. Leo los comentarios de mis fans, y hago el propósito de no defraudarlos. Gracias a todos; también a los que pusisteis cosas tan cariñosas y sonrojantes que no me atreví a admitirlas.
En efecto, la imagen de la Pietà que puse ayer ha sido policromada por el fotógrafo. Y a mí me gusta: aunque el marmol blanco de Carrara es bellísimo, entiendo que no le viene mal un poco de calor.
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