miércoles, 17 de julio de 2019

Nuevas sanciones veraniegas




Por decir:

"Si aquí hace este calor, imagínate en Madrid"…………..1 euro
"Jo, tío, qué calor"……………………………………….............20 cms.
"…pues yo tengo frío"…………………………………... ...........5 euros
"El calor seco de Segovia se soporta muy bien"………….5 euros
"El aire acondicionado es malo para la salud"…………...15 euros
"Segovia no tiene nada que envidiar a Sevilla"…………..10 euros
"Peor lo pasan en Camerún y no se quejan"………………5 euros
"La culpa es de Trump"…………………………………..........20 cms
"Pues yo no uso desodorante".......................................50 euros


martes, 16 de julio de 2019

En la fiesta del Carmen

La tripulación del Buque Insignia de la Armada Española, Juan Sebastián Elcano, celebró en Guetaria (Guipuzcoa) el 500º aniversario de la primera vuelta al mundo. El obispo de la Diócesis, Mons. Munilla celebró la Santa Misa y, al terminar todos cantaron la Salve Marinera.
Las voces son poderosas, el oído no tanto; pero fue un momento memorable.



Luego, el Juan Sebastián Elcano atracó en el puerto de Bilbao, en Getxo y recibió multitud de visitas. He aquí un bonito reportaje de la estancia en mi tierra.


Por último, me gustaría felicitar a todas la Cármenes, Carminas, Carmelas y Carmelos que conozco, pero mi memoria, que no es mala, me dejaría en mal lugar. Esta mañana, al despertarme he tratado de ir recordándolas una a una. Y me han salido 18 entre las nieblas del sueño. No en vano Carmen es el nombre de mujer más frecuente en España

lunes, 15 de julio de 2019

Ser un Ex



Jose está triste y enfadado a partes iguales.
—Mi hija se ha separado de su marido. No lo veíamos venir, la verdad. Parecían contentos. Mi nieto mayor sí que se olía algo. Tiene ocho años y nos ha salido listo. Lo que no soporto es que mi yerno haya hablado de mí como su "ex suegro". ¿Tú crees que yo tengo cara de ex?
—No sé. ¿Cómo quieres que te llame?
—Por mi nombre. Yo no soy ex de nadie. Si acaso puede decir que soy suegro emérito. Como los don Juan Carlos y como el Papa Benedicto.
—¿Emérito?
—¿Te parece poco mérito tener un yerno como ése?

domingo, 14 de julio de 2019

Jolastoki desaparece



En el Norte decimos "restorán", castellanizando la palabra francesa restaurant. En Castilla prefieren "restaurante", masticando cada una de las letras, y la Academia y yo les damos la razón ya que el vocablo procede del verbo "restaurar" y no es de raigambre gala sino ibérica.  En todo caso, en Getxo (antes Guecho) nunca nos hemos planteado problemas lingüísticos; con decir Jolastoki  nos entendíamos todos.
Hay restaurantes efímeros que huelen a fiambre desde el primer día y quiebran diez minutos antes de nacer, y restaurantes fósiles que duran y duran sin saber por qué, por pura costumbre de durar. Hay restaurantes de paso para clientes con prisa que olvidarán diez kilómetros más adelante dónde estuvieron, y restaurantes-siesta, placenteros y silenciosos, casi siempre pegados a un hotel.
Jolastoki no es nada de eso. Ni siquiera es chino, aunque el nombre pueda confundir a alguien. Tampoco es de fusión ni de confusión. Jolastoki es señorial, acogedor, amigo de sus amigos, tradicional e innovador, confortable, familiar. Vive desde 1921 en un gran chalet de Neguri con aire de gran caserío y ha ido madurando desde entonces como un buen vino.
Aquí encontraréis algo de su historia.
Ahora me dicen que cierra, que se vende el edificio y quizá se convierta en vivienda para los compradores. ¿Qué ha ocurrido? ¡Tenían que habernos pedido permiso! Sus muros guardan los mejores recuerdos de miles de familias; de la mía, por supuesto, que se ha ido multiplicando hasta formar casi una tribu.
En Jolastoki nos hemos reunido al menos una vez al año. Allí celebramos los 101 de Marita, que fue siempre la matriarca, con mando en plaza, de todo el clan. Y tuvimos bautizos, bodas, aniversarios. Allí me proponía yo acudir dentro de un mes y medio para brindar en mis 50 primeros años de sacerdote. De paso respiraría el aroma de las maderas que guardan recuerdos de tantos lustros.
¿Qué ha pasado? No quiero saberlo. Sólo sé que mi memoria necesita acariciar otra vez cada objeto de esa casa para que no lo confunda todo y me pierda en la bruma del pasado.
No quiero ponerme cursi y decir que derramo "una lágrima" por Jolastoki. En mi caso sería una metáfora imposible ya que mis lagrimales no funcionan desde hace muchos años. Me gustaría, eso sí, conservar como reliquia el aroma embotellado del jardín y también el de las croquetas, que siempre fueron insuperables.




sábado, 13 de julio de 2019

Nadal sigue dando lecciones


El odio ya salió del armario




Estaba escondido entre celofanes de sonrisas y estuches de alabastro. Se encubría con palabras amables y gestos de fingida cordialidad. En Versalles bailaba con  cualquiera. Aprendió a ser civilizadamente hipócrita en los salones de las mejores familias; pero ahora se conoce que se ha hartado de tanta farsa y ha decidido presentarse en sociedad con su vestido más apestoso, oliendo a tigre y vomitando inmundicias.
Desde hace años vive en la red de redes rebosando insultos y calumnias en cualquier dirección. En el Parlamento ha aprendido a ofender en las todas las lenguas del Estado. Sabe insultar de palabra y por escrito. Se ha hecho casposo y triste.
Cuando lo veo de cerca, yo también siento la tentación de odiarlo, de odiar al odio, que no sé si vale la pena. En todo caso sí que compadezco a los pobres odiadores. De verdad que rezo por ellos todos los días, porque pasan un verdadero infierno. El odio siempre es indigesto.

viernes, 12 de julio de 2019

"No llores"





El ruido de una multitud despertó al búho aquella tarde. El sol golpeaba con fuerza en la entrada de su guarida, y él trataba de hacer sombra con las alas para no deslumbrarse; pero algo le llamó la atención. Vio  un tropel de gentes muy variadas. Había muchos hombres, pero también mujeres y niños. Todos escuchaban a Jesús que caminaba en medio y gastaba bromas, y sembraba risas a su alrededor.
El oído penetrante de Homero detectó el eco de otros pasos que se acercaban en dirección contraria. Se oía también una melodía suave, como la que interpretaban los flautistas en las comitivas fúnebres. Pronto apareció el segundo cortejo. Sobre unas parihuelas, envuelto en un lienzo blanco, iba el cadáver de un joven de apenas quince años, el rostro descubierto, sin el sudario. Su madre, acompañada por un grupo de amigas y plañideras, no dejaba de acariciarlo y de regarlo con sus lágrimas.
Al encontrarse las dos caravanas, se hizo silencio. El llanto de la mujer congeló las risas de los que acompañaba a Jesús. Todos se detuvieron  menos el Señor, que por un momento pareció estar también al borde del llanto. Se acercó a la madre del muchacho, y le dijo solo dos palabras:
—No llores.
Los judíos tenían prohibido por la ley tocar un cadáver, pero el Maestro, agarró con fuerza la mano del muchacho y le ordenó:
—Joven, yo te lo mando: levántate.
Me dice el búho que Jesús algunas veces hace milagros raros, que  concede favores a quienes no los piden como ocurrió en este caso, que atraviesa lagos caminando sobre el agua y utiliza al barro como colirio para curar a los ciegos…, cosas así.
Tiene razón Homero; pero este milagro era inevitable. Es sabido que un hombre enfrentado con las lágrimas de una mujer se siente indefenso, no sabe qué hacer. Todos darían cualquier cosa con tal de poder secar esa fuente, que es el arma más poderosa que tienen ellas. Y Jesús, Perfectus homo, es decir verdadero hombre, podía conseguirlo con solo un gesto.
Si los hombres supiéramos llorar como la Viuda de Naim, como la pecadora en casa de Simón el Fariseo o como María Magdalena, junto a la tumba del Señor, no necesitaríamos palabras para conmover el corazón de Cristo y alcanzar todo lo que necesitemos.
Lágrimas de arrepentimiento, lágrimas de abatimiento, lágrimas de soledad, lágrimas de ausencia, lágrimas de congoja, lágrimas de desconsuelo, lágrimas de agradecimiento, lágrimas de encuentro, lágrimas de abrazos, lágrimas de niña chica… Todas las lágrimas valen, salvo las que nacen del odio, del rencor, de las heridas sin cicatrizar, de la soberbia herida, del fracaso no asimilado, de la frustración.
Hace años estaba yo en la capellanía de Aldeafuente cuando entró sin llamar una niña de 7 u 8 años. Recuerdo muy bien su cara y su nombre, pero no os lo contaré. Trató de decir algo, pero se puso a llorar con tal desconsuelo que me dejó sin palabras. Hice varios intentos por calmarla; le ofrecí un caramelo y un pañuelo de papel; traté de contarle algo gracioso, pero fue inútil.
Al fin le dije:
—Cuéntame un chiste.
—¡Buaaa!
—Uno pequeñito, anda.
Y empezó a contarlo entre jipíos y pucheros:
—A que no sabes cuál es el animal que tiene más dientes
—¿El cocodrilo?
La cría soltó una carcajada empapada en lágrimas y saliva:
—¡Noooo! ¡El ratoncito Pérez!
Al final no me quedó claro por qué lloraba.



        

jueves, 11 de julio de 2019

Los jueves, excursión



Montecassino, reconstruido 
Son las siete y media de la mañana. Acabo de rezar una parte de la Liturgia de las Horas y he salido al jardín para tomar la fresca con los pájaros antes de predicar la meditación de la mañana. A las 8,30 hablaré a veinticuatro mujeres sobre la Eucaristía. Media hora después les celebraré la Santa Misa. Hasta aquí, todo normal y corriente. He madrugado más de lo razonable porque me gusta ver a las oropéndolas, que se concentran a estas horas y alborotan con su extraño canto aflautado mientras toman el desayuno.
Hoy es San Benito, Patrón de Europa, aunque me temo que nuestros amados líderes de la Unión Europea lo ignoren. Es posible que la mayoría ni siquiera hayan oído hablar de este santo monje ni de la Abadía de Montecassino, que fue destruida en la segunda guerra mundial por las fuerzas aliadas. Fue un bombardeo atroz en el corazón de Europa. 
Después de desayunar me echaré los prismáticos al cuello y, vestido de ornitólogo, saldré a dar un paseo no muy lejos de la casa. Hoy tenemos excursión. Por eso me apresuro a  redactar estas líneas. Estoy impaciente. Me sigue apasionando la búsqueda de las aves rapaces que he visto cien veces: el águila imperial, el buitre negro, los alimoches, recién llegados de África…

Esta noche he soñado con un quebrantahuesos. Tendré que contárselo a mi pediatra.

miércoles, 10 de julio de 2019

Las colas de la farmacia


La judería

Tenía que ir a la farmacia, y aunque en Ortigosa hay una espléndida, he preferido acercarme a Segovia para dar un paseo por el barrio medieval.
El tiempo acompaña. Esta noche ha refrescado bastante, y queda en el aire como un recuerdo amable de la primavera. Una señora muy atenta me acompaña hasta misma la puerta de la vieja sinagoga y en pocas palabras me dibuja un buen itinerario turístico para los tres cuartos de hora que tengo hoy a mi disposición.
—También puede almorzar en La judería, que es un restaurante especial; no sirven cochinillo ni cordero. Hay mucha cosa oriental, ¿sabe?
La mujer quiere seguir acompañándome y no deja de hablar en un castellano perfecto aunque un tanto agobiante. Yo trato de no ser grosero; le doy las gracias tres o cuatro veces más y logro desprenderme, al fin, de su afectuosa compañía.
Media hora después entro en una farmacia bastante concurrida. Enseguida me hago cargo de la situación: dos empleadas atienden a los clientes alineados en dos colas. La más corta esta a mi izquierda y está compuesta sólo de dos personas; dos señoras de mediana edad. En la cola de la derecha no hay mujeres; solo cuatro hombres silenciosos y, en último lugar, un chico de unos quince años que luce una camiseta del Real Madrid.
—¿En qué cola me pongo? —le pregunto al chaval—.
—Conmigo. Las tías son más lentas.
Al salir de la farmacia, la dependienta aún no ha terminado de negociar con la primera señora un acuerdo sobre el tratamiento para sus problemas de piel, que ya son conocidos por toda la concurrencia.
—¿Lo ve? —me dice el chaval—.
—Lo veo.