jueves, 13 de marzo de 2008

El futuro



El futuro es un enigma, pero ¿para qué están los augurios? Los antiguos vaticinaban por el vuelo de las aves y de este modo llegaban a saber lo que les esperaba. Incluso yo mismo puedo vaticinar mi futuro.

Fui al parque, donde pájaros no faltan. Algunos volaban, otros estaban posados en los árboles, otros merodeaban por el césped. A mi me interesaban sólo los voladores. Alcé la cabeza y empecé a observarlos. No llevaba esperando mucho cuando sentí en la calva un ¡plaf! y mi futuro se me hizo simbólicamente claro.

He averiguado una sola cosa acerca del futuro: no vaticinar nunca por el vuelo de las aves sin un buen sombrero.

Sławomir Mrożek



miércoles, 12 de marzo de 2008

Los amigos del cura siempre se van.

mis amigas las aves también se van

Ayer hablé aquí de un viejo amigo que se autocalificó como "apóstata". Hoy me pregunta alguien qué fue de él.

No lo sé. La historia es tan vieja que, cuando la saqué del congelador por la mañana, hice un esfuerzo por recordar el rostro del protagonista y no lo conseguí: se me ha difuminado hasta el punto de que ya no sé si tiene o no gafas, si es moreno o rubio... Sólo me queda el recuerdo de su vozarrón un tanto ronco y de sus grandes manos, que se agitaban mientras contaba su historia.

Todo esto me sugiere una consideración:

Los curas (perdonad el impudor) queremos mucho, mucho, a cientos de personas: a chicos y chicas, a hombres y a mujeres. A lo largo de los años vamos "repartiéndonos" sin calcular demasiado las consecuencias.

La primera consecuencia es que uno llega a pensar que tiene centenares, quizá miles de amigos. No es verdad. Los que se acercan al sacerdote agradecen ese cariño y corresponden con un afecto sincero y profundo, pero no buscan en nosotros a un amiguete convencional. Necesitan al Amigo, con mayúscula.

El cura debe comprender entonces que esas personas siempre se van, y que es bueno que se vayan, aunque duela. De tanto en tanto te llaman para un bautizo, para una boda, para un funeral. Y aseguran que eres lo más de lo más, que formas parte de la familia. Luego vuelven escaparse entre promesas de amor eterno.

Es grande esta vocación. Nadie recibe en la tierra tanto afecto. Y como el corazón tiene siempre más capacidad que la memoria, uno llega a olvidar hasta los rostros de las personas a las que más quiere.



martes, 11 de marzo de 2008

11 M



Vuelvo
a casa. El tráfico se ha complicado a causa del "homenaje" a las víctimas del 11 M. Escucho la radio y las entrevistas a los asistentes.

Siguen oyéndose las mismas palabras de entonces: "rabia, memoria, tragedia, homenaje, responsabilidades, castigo, horror..." Y Dios sigue ausente. Ni una oración. Ha sido un homenaje de hielo para perpetuar el recuerdo.

¿Estará prohibido rezar, o será que se prohíbe decir que se reza?

Hoy ha sonado el Réquiem de Mozart en el Ayuntamiento. Alguien ha comentado que "con esa música a uno se le ponen los pelos de punta". Me pregunto si se habrán enterado de la letra.


Mi amigo el "apóstata"



—¿Me autorizas a escribir un artículo con lo que me contaste ayer?

—Si le sirve a alguien…

—Yo pienso que sí.

—Adelante, entonces.

—No te preocupes. Seré discreto. Esto fue lo que me dijiste:

“Cuando murió mi hermano pequeño de cáncer, abandoné toda práctica religiosa. Fue una decisión firme y fría. No estaba dispuesto a volver nunca más a la Iglesia. Supongo que eso es lo que llaman una apostasía. No perdí la fe. Era demasiado soberbio para pensar que había estado equivocado durante años. Por eso mi rencor hacia la religión y hacia Dios era más fuerte. Le dije a mi mujer que Dios no se merecía que yo creyera en él.

Menuda barbaridad. Ahora, al recordarlo, me parece diabólico. Marta me dijo que estaba volviéndome loco, que eso no tenía ningún sentido; pero a veces el dolor te hace perder la cabeza.

Lo malo es que mi locura duró quince años. Hace cinco o seis, Marta me habló de un matrimonio amigo, de Luis y a Teresa. Usted ya lo sabe, porque la maniobra fue suya. Pero, bueno, funcionó. Luis tiene la risa más alegre y contagiosa que he conocido. Me cayó bien. Me habló de Dios casi enseguida y yo le escuché por eso, porque me caía bien. Luego, sin darme tiempo para encontrar una buena excusa, me invitó a una conferencia sobre la Semana Santa.

El conferenciante habló del mal ladrón, que compartió con Jesús el suplicio de la Cruz y sólo le sirvió para blasfemar. Comprendí entonces que estaba hablando de mí. Luego se refirió al buen ladrón, que supo aprovechar el mismo sufrimiento para robar el Cielo en el último golpe de su vida.

Yo veía que los asistentes estaban todos de acuerdo, y hasta se reían. Se me ocurrió por un momento que se reían de mí, que habían montado aquel tinglado sólo para que yo oyera aquellas cosas. Como ve, seguía siendo un vanidoso estúpido.

No dormí en toda la noche. Al día siguiente le dije a Marta, que me separaba de ella; que me había traicionado contando mis problemas a un cura e inmiscuyéndose en mis asuntos sin tener el menor derecho.

Lloró tanto la pobre… Ya lo sabe usted. Terminamos los dos abrazados, llorando a lágrima viva. Me confesé…, y hasta ahora.”

No debo dar más datos, y bien que me gustaría. Concluyo con la misma frase de otros días: es grande ser cura, de verdad.


lunes, 10 de marzo de 2008

Ejercer el derecho a...


Pido perdón por las intemperancias que colgó Kloster ayer en el blog. Andaba yo de cabeza atendiendo a 40 chavalas en un estupendo curso de retiro y no he podido controlar sus movimientos.

He salido de Molinoviejo agotado y eufórico. He comprobado que hay mucha chicas jóvenes, inteligentes, valiosas, normales y guapas que viven su fe sin complejos y contagian su alegría de vivir y sus deseos de entrega.

Supongo que las 40 han reflexionado más de lo que la ley exigía en la "jornada de reflexión". Al mediodía del domingo, hemos regresado a Madrid y nos hemos lanzado sobre las urnas para "ejercer nuestro derecho al voto".

Eso de "ejercer el derecho al voto" es otra de las cursilerías electorales más extendidas. Todos los medios repiten la frasecita como si estuviese prohibido usar el verbo "votar".

—"El presidente de Gobierno ejerció su derecho al voto a las diez de la mañana...; pocos minutos antes también ejercía su derecho al voto el Candidato de izquierda unida...

Es evidente que cada vez que tomamos el autobús estamos ejerciendo nuestro derecho al transporte, y si nos vamos de copas ejercitamos el derecho al descanso con alcohol, y si visitamos el retrete ("retrete" es un sustantivo honrado y de recia tradición, así que no pongáis esa cara)..., digo que si lo visitamos, ejercitamos un derecho que no sabría bien cómo definir.

Termino por hoy. Son las tantas de la noche. La radio y la tele siguen con el recuento de votos. Yo trataré de ejercer o ejercitar mi derecho al sueño, que buena falta me hace.


domingo, 9 de marzo de 2008

Jornada de reflexión


Ya sé que soy un maniático, pero me entusiasman mis manías. Así que no me llevéis la contraria, porque me enfado.

Me revienta, por ejemplo, esta especie de liturgia civil que planifica hasta los pensamientos. El día de la mujer trabajadora me pareció un latazo, el día de los enamorados, una cursilería , el de la psoriasis, una inutilidad, igual que el día del orgullo gay o el del orgullo los que carecemos de vesícula saeculorum.

Repito, no me llevéis la contraria. No os pongáis solemnes ahora para decir que no me compadezco de los enfermos de psoriasis y que soy un machista redomado. Estoy hablando de otra cosa.

Ayer, sábado, ¡hala, a reflexionar todo el mundo! Lo de la "jornada de reflexión" salía hasta en los anuncios de Citröen. Y te lo repetían por la radio, por la tele, en la prensa... Por el mismo precio podían habernos informado de que estábamos en la cuarta semana de Cuaresma.

Aprovecho que el cura no para de predicar ni de confesar en Molinoviejo, para dejar claro que yo no he reflexionado absolutamente nada. Si es delito, me denuncio a mí mismo. Que venga la Guardia Civil.

Ya está bien de cursilerías.

Heinz Kloster


sábado, 8 de marzo de 2008

Curso de retiro


Como sabéis, estoy en Molinoviejo, la casa de retiros que más he visitado este año. Cuando redacto estas líneas, he dado ya 5 meditaciones, todas ellas sobre la Pasión del Señor. Me quedan 7 más y sólo saldré del Calvario al final, para hablar de la Resurrección.

Hace muchos años San Josemaría pedía a sus hijos sacerdotes que, al predicar, más que elaborar grandes sermones, tratásemos de hacer nuestra oración en voz alta para acompañar a los que escuchan en su diálogo con el Señor.

No es fácil. Hay que vencer la vergüenza, y hay que preparar la propia alma más que los papeles. Con el paso de los años uno va aprendiendo. Y, de una manera especial, en estos días de retiro donde lo importante es contemplar a Jesucristo, abrir el corazón y dejar que Él entre y nos hable en el fondo del alma.

No sé por qué escribo esto. Desde luego no para cubrir el expediente y poner una entrada más en el blog. Quería invitaros a abrir el evangelio y leer la pasión de Jesús, ayudados quizá por un libro que os ayude a profundizar en su sentido.

Alguna vez he hablado aquí de "El libro de la Pasión", un poemario magistral de José Miguel Ibáñez Langlois, editado por Rialp. Buen momento éste para leerlo y releerlo.


Está cerca ya la Semana Santa. Todos los cristianos deberíamos tener en el corazón y en la fantasía la película, grabada a fuego, de aquellas horas terribles en las que, al decir de San Pablo, Jesús "me amó a mí y se entregó a la muerte por mí".

Mala cosa sería que huyésemos como Machado:

"¡No, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!"


Se equivocó el poeta. Sólo hay un Jesús: el que camina sobre el mar y señorea sobre las tempestades y se trasfigura en el Tabor, quiso tener en lo alto de la Cruz su triunfo definitivo.


viernes, 7 de marzo de 2008

Otras miradas




He entrado en la farmacia en busca del paracetamol nuestro de cada día. Hay una sola dependienta y un cliente. El cliente parece algo más joven que yo, tiene poco pelo en la cabeza, es de pequeña estatura, muy flaco y se mueve nervioso mientras saca un par de recetas del bolsillo y las coloca sobre el mostrador.

La dependienta va de estante en estante. Al parecer hay algún problema. Me mira y hace un gesto como para pedirme paciencia. Le contesto, también sin palabras, que no se preocupe: no tengo prisa.

Al fin están todos los medicamentos. La chica los envuelve, da algún consejo al cliente y lo despide.

En ese momento éste se da la vuelta y se percata de mi presencia y de mi uniforme. Me mira a los ojos y aguanta la mirada, que es fría como el viento que se ha levantado esta tarde. Yo, que no estoy preparado para estos duelos, trato de sonreír, pero mi gesto parece irritarlo más.

Sonríe también él con otro talante, mientras me examina despacio, de los pies a la cabeza, como quien estudia a un extraño espécimen. Para mí que le gustaría emular a Clint Eastwood en el papel de Harry el Sucio. Lástima que le falle la estatura.

Se me ocurren dos o tres ingeniosidades, pero los curas debemos ser pacientes.

De pronto agarra con fuerza el paquete y se va a toda velocidad. La chica, que ha presenciado la faena desde la barrera, me regala una sonrisa esplendorosa.

—No se preocupe. Él no es así. La culpa es de la política.

—Ya. La política... Dame una caja de gelocatil, por favor...


Visitas y visitantes del blog



Se acerca el fin de semana. Lo escribiría entre admiraciones para solidarizarme con la mayoría de mis lectores, pero, para un cura honrado, esos dos días son, casi siempre, los de más trabajo.

El fin de semana, para algunos mortales, equivale a descanso, liberación, cama sin despertador y fútbol. Yo he observado, por ejemplo, que los sábados y domingos tengo la mitad de visitantes en el blog. Los lunes, sin embargo, entran en tropel..., a partir de las diez de la mañana. Se os pegan las sábanas, pedazo de holgazanes. Hasta esa hora sólo se conectan los lectores asiáticos y algún americano trasnochador.

Los martes y miércoles la cosa se anima. Mi récord de visitas se alcanzó precisamente el miércoles pasado. Y al jueves le faltó muy poco. El viernes comienza esplendoroso, pero, por la tarde se desploma la "audiencia".

Conclusión: os conectáis durante el trabajo. Debería denunciaros, pero me encanta comprobar que, mientras fingís que curráis como buenos contribuyentes, estáis "on line" conmigo, mirando de reojo al buho de este blog.

Hoy, viernes, yo he comenzado mi fin de semana antes de tiempo. Estoy de nuevo en Molinoviejo. Hace un frío seco y estimulante. La noche tirita de estrellas. Comienzo a predicar un curso de retiro a treinta y tantas chavalas.

PD. Rectifico: compruebo ahora que ayer jueves, alcanzamos un nuevo récord de visitantes: un 30% más que el miércoles de la semana pasada. (Desde que puse el contador de visitas hace un par de meses, parezco un político cualquiera en busca de la mayoría absoluta).