Mañana domingo termina el tiempo de Navidad y empiezan a desaparecer los belenes.
Todos no: algunos se quedan el resto del año. No los olvidemos.
No me llaméis "blog". Soy un globo que vuela a su aire, se renueva cada día y admite toda clase de pasajeros con tal que sean respetuosos y educados, y cuiden la ortografía. Me pilota desde hace algunos años un cura que trata de escribir con sentido sobrenatural, con sentido común y a veces con sentido del humor.
Mañana domingo termina el tiempo de Navidad y empiezan a desaparecer los belenes.
Todos no: algunos se quedan el resto del año. No los olvidemos.
Me lo dijo, mientras paseábamos por Las Arenas, un antiguo compañero del colegio. Creo que es algo más joven que yo:
-Un día descubres que ya no eres el más alto ni el más listo ni el más admirado. Y lo aceptas. Te conformas con que te oigan sin interrumpirte, pero sabes que nadie te escucha. Las mujeres te miran con ternura, como a un animal doméstico poco peligroso. Tus hijos te advierten de que hay un escalón, no vayas a tropezar. Y tú te sorprendes a ti mismo diciendo: "estoy en plena forma. Me siento más joven que nunca". Esto último ya es definitivo: es que ha llegado la vejez. ¿No te pasa a ti?
-Por supuesto que no.
Cambiamos de tema. Siempre me resisto a responder a las impertinencias.
Hoy por la noche, mi sobrino David remacha el mismo clavo: "tío, a tu edad. haces muchas cosas y no te retiras. A mi padre le pasa lo mismo".
¿A mi edad? Qué se habrá creído este chico.
Queridos reyes magos:
A ver si esta vez os portáis bien. No quiero obras de Shakespeare, programas informáticos ni prendas de vestir: de unos años a esta parte no necesito corbatas ni tirantes de colores.
Por favor no me mandéis libros de pájaros: los tengo todos. La mitad están en mi estantería, y el resto en Tajamar, que los regalé hace siglos y no sé si los usan o no.
El escritorio lo tengo completo, gracias. Así que nada de bolis ni plumas.
Ya comprendo que soy un problema para vosotros. Claro que si me pusierais juguetes, os lo agradecería mogollón: juguetes bélicos, por supuesto, como el bate de béisbol del año pasado. Un buen revólver que parezca de verdad no me vendría mal.
¿Y un tren eléctrico? ¿Todavía existen?
La bici, no... Me temo que ya no estoy para aventuras.Atte.Kloster
Siempre se ha llamado “patria chica” a la tierra de nuestros padres, la que conserva nuestras raíces de generación en generación. Yo la redescubro aquí, cada vez que vuelvo al País Vasco y salgo de excursión o de paseo por las calles de cualquier pueblo. Me emociona oír voces con acentos antiguos, rescatar palabras y expresiones que parecían olvidadas, pero sólo dormían a la sombra de mi alma. A veces trato de hablar como entonces, pero nunca lo consigo del todo.
Soy patriota y nadie me ganará a amar esta tierra. La amo tanto como aborrezco sus fronteras. Odio verla encapsulada, enferma de aldeanismo y de complejos, alimentando odios; inventándose un pasado, como si no nos bastara con el que ya tenemos.
No quiero ser diferente de mis vecinos ni hablar una lengua sólo para afirmar mi identidad. Me trae al pairo lo que llaman el “hecho diferencial”. Me gusta más recordar otro hecho que nos iguala; somos hijos de Dios y ésa es la única raza que importa. Prefiero el coro de Pentecostés a la división de Babel.
Mi patria no tiene fronteras, como tampoco las tiene la que Dios nos prepara en el Cielo; la patria definitiva.
Entre las aves veo tanta armonía y belleza como para no dudar jamás de que son obra de Dios; y veo también tanto caos como para pensar que a Dios no puedo comprenderlo del todo.
San Josemaría llamó “minuto heroico” a los segundos comprendidos entre el timbrazo del despertador y la puesta en pie del despertado. Lo de “heroico” debe entenderse como una amable exageración: tampoco duele tanto dar un salto de la cama y ponerse sin más dilación bajo el benéfico aguacero de la ducha. Heroico será, en todo caso, repetir ese rito cada mañana, con frío o con calor, los días laborables, los de paro y los festivos; con veinte años y con noventa.
Además, con el paso del tiempo, el minuto heroico se nos queda en nada. Algunas veces lo verdaderamente duro es continuar en la cama tratando de dormir, en lugar levantarse para “pasar las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio” como hizo mi señor don Quijote.
Es evidente también que no sólo hay “minutos” heroicos. La vida nos depara horas heroicas, días heroicos, semanas heroicas y hasta meses heroicos. Me refiero a los lunes, a los eneros, a los regresos de las vacaciones, a las operaciones retorno. Y pienso, como es natural, en este comienzo de año que, según los augures, no presagia nada bueno.
Hace un par de noches, veinte o treinta millones de españoles se despedían del 2011 engullendo ―todos a la vez― 12 uvas por cabeza; o sea, más de 200 millones de pildorazos vegetales con sus pepitas incluidas. No es una ceremonia alegre: el alcohol y los gritos del personal logran encubrir a duras penas la histeria de quienes comprenden que el tiempo vuela, la fiesta acaba y enero se nos echa encima.
Este enero, para colmo, viene fino. Dicen que los reyes magos han hipotecado los camellos, y que el gordo del Niño siempre le toca a otro. Mi colega Amalio ya no me desea, como suele, un “próspero año nuevo”. Será una errata, supongo, pero esta vez ha escrito en su christmas que pide para mí un “próximo” año nuevo. Tiene razón. Y podía haber añadido: que me quede como estoy, y que la prima de riesgo nos sea leve.
¿Qué haremos entonces? ¿Quedarnos en la cama hasta diciembre? ¿Bajarnos del Planeta? ¿Vestirnos de indignados y llenar de bilis las calles? No parece una buena estrategia. Ha sonado el despertador de 2012 y hay que ponerse en pie. Es la hora del minuto heroico, de poner en práctica el viejo dicho de “año nuevo, vida nueva”, o, como prefería decir San Josemaría, “lucha nueva”.
Dicen que de las grandes crisis de la historia surgen los grandes héroes. Ahí tenéis a “los 700 de Fukushima”, los empleados japoneses que continúan en su puesto de la central nuclear afectada por el terremoto y el tsunami. Llenos de heridas, expuestos a una radiación 10 mil veces superior a lo esperado, se juegan la vida por sus compatriotas y piensan que vale la pena el sacrificio.
Este 2012 empieza con un buen tsunami económico, europeo y mundial, que ha sacado a la superficie otra crisis más honda: la gran crisis de identidad que padece occidente como consecuencia del materialismo, del hedonismo salvaje y de un laicismo tiránico que, en nombre de la libertad, trata de expulsar a Dios de la vida de los hombres.
Buen momento para recordar lo que escribió San Josemaría en Camino:
Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos.—Dios quiere un puñado de hombres «suyos» en cada actividad humana. —Después... «pax Christi in regno Christi» —la paz de Cristo en el reino de Cristo.
Hoy no comentaré con detalle este punto, que parece escrito ayer mismo. Sólo digo que es la hora de los héroes, de esos hombres y mujeres “suyos” ―de los santos―, que no se dejan abatir por las tempestades ni esperan sentados a que cambie el sentido del viento.
Me viene a la pluma aquel grito de la primera carta de San Juan: ¡os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes!, y pienso en los cientos de miles de chicos y chicas venidos a Madrid desde todo el mundo. Ellos oyeron el despertador, ya están en pie y parecen decididos a despertarnos.
A mí también, que últimamente ando un poco dormido.
Mark Twain escribió: “Dentro de veinte años, estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que decidiste hacer. Así que suelta las amarras, empieza a navegar y aprovecha los vientos que soplan a tu favor. Explora. Sueña. Descubre“.
Esta es la esencia de la campaña Make It Happen de Chevrolet.
Un almacén en el desierto donde se guardan todas las oportunidades perdidas. Desde opciones de matrimonio hasta trofeos no logrados por abandonar la carrera deportiva.
El protagonista sin embargo parece muy seguro de sí mismo. Está convencido de que no dejará escapar ninguna oportunidad más. Claro que al final del vídeo se le presenta una encrucijada: elegir un coche, sólo uno, de la nueva gama de Chevrolet.
¿Una breve reflexión? Estamos empezando el año y es buen momento para hacer propósitos.
En 2012 habrá muchas oportunidades perdidas y otras muchas ganadas. Así debe ser. Ser libre es elegir, apostar; acertar y equivocarse Al final, lo que cuenta es la meta; renunciemos a todo lo que nos aleje de ella y aferrémonos a lo que nos mantiene en el camino. Mirar atrás para lamentarse es estéril y estúpido. El pasado no existe; el futuro es una incógnita. Sólo son reales el presente y la eternidad. Vivamos de tal forma que cada “ahora” de nuestra vida tenga valor para la vida eterna.
Me cuenta don Fernando que a los alumnos pequeños del colegio de Nagasaki les encantan las historias del Antiguo Testamento, y que, en cierta ocasión, les explicó la de Caín y Abel. En el cuaderno aparecían dos dibujos: a la derecha, sobre un altar, Abel sacrificaba una oveja y el humo de la hoguera iba derecho hacia el cielo. En el de la izquierda, Caín sacrificaba sus peores frutos del campo: legumbres, calabazas…, y el humo, en lugar de subir, caía hacia la tierra.
Debajo había una pregunta y un espacio en blanco para anotar la respuesta:
―¿Qué sacrificio vas a ofrecer tú al Señor?
Al acabar la clase, don Fernando recogió los papeles de los niños y, ya en casa, se dispuso a corregirlos. La respuesta de uno fue rotunda.
―Voy a matar a mi perro Puchi.
Afortunadamente, don Fernando pudo detener a tiempo el “sacrificio”
En la nochevieja de 1971, San Josemaría, después de confesarse, anotó en su agenda: "Este es nuestro destino en la tierra: luchar por amor hasta el último instante. Deo Gratias!".