lunes, 23 de abril de 2007

La guerra de las palabras



Jorge, que hoy celebra su santo, me escribe para pedirme opinión sobre algunos problemas que se le presentan con sus alumnos en un Instituto de Valencia.

Su mail es largo, lúcido y lleno de buen humor; pero repite tres veces la misma frase: “como usted trabaja en la enseñanza privada…” Y yo me pregunto por qué aceptamos pacíficamente esta expresión.

Enseñanza… ¿”privada”?

Si se me ocurriera hacerme empresario —lo que no es probable—, a lo mejor pondría un bar o un restaurante en el local que hay junto al portal de mi casa. Seguramente me arruinaría como todos los que han tratado de vender un peine en ese recinto, pero desde luego no se me ocurriría decir que regento un establecimiento “privado”. Aunque me reservase el derecho de admisión, mi bar sería tan público como el de la esquina. El día que vea por la calle un bar que se denomine “privado” me cambiaré de acera. Seguro que no es un bar, sino otra cosa.

¿Cuál es el problema? Que la mentalidad estatalista y totalitaria hace estragos también en el lenguaje. ¿Por qué no llamamos a las cosas por su nombre?:

—¿Enseñanza “pública”? No. mejor estatal.

—¿Enseñanza privada? Tampoco: digamos libre.

—¿Y concertada? Ni en broma. Un “concierto” a la fuerza es un desconcierto. Llamémosla intervenida.

¿A que ahora se entiende todo mucho mejor? Sí, eso es lo malo: que se entiende.

¿Y no podemos hablar de enseñanza privada? Por supuesto: es la que imparten los padres a los hijos o los profes particulares a sus alumnos.

Juan Ramón Jiménez invocaba a su inteligencia para que le diera el nombre exacto de la cosa… A la mía le gusta pensar por libre y piensa así. Y vosotros, ¿qué pensáis?




4 comentarios:

Blue Road dijo...

Yo pienso que estamos todo también perdiendo el sentido de la libertad en las palabras.
Mi abuelo dijo, a un hombre puedes sacar la mesa dónde come, la cama dónde duerme,
el pasaporte... todavía estará libre. Pero si le sacas su lengua, la palabra,... será para siempre prisionero, también con todas las riquezas de este mundo.



Un saludo de Italia.

Rocío Arana dijo...

De acuerdo. La enseñanza debería ser libre, y los colegios concertados están bastante "intervenidos"...

bernardo dijo...

Buenos y soleados días, qué ganas de que lo manden a uno a hacer un recado a la calle. Por desgracia el trabajo de despacho no lo permite a menudo.

Efectivamente el primer camuflaje de la mentira es el lenguaje retorcido.

Y a propósito de educación, en febrero leí el libr(ito) de Alicia Delibes "La gran estafa. El secuestro del sentido común en la educación". Me gustó. ¿Alguien más en la sala lo ha leído? ¿Don Enrique?

Enrique Monasterio dijo...

He oído elogios de ese libro; pero todavía no ha caído en mis manos.