lunes, 30 de abril de 2007

Miradas VII. En una gasolinera


Camino de Madrid, me detengo a poner gasolina en un área de servicio de la autopista. Es muy temprano, hace frío, llueve y apenas hay clientes. Es lunes, 30 de abril, y media España está de puente.

Después de llenar el depósito me acerco al mostrador. El empleado, de unos treinta años, grande y fuerte, de rasgos inequívocamente andinos, está inclinado sobre unos papeles y parece distraído. Al fin levanta la cabeza y me mira. Al darse cuenta de que soy sacerdote, intenta hablar, pero no le salen las palabras. Tiene los ojos húmedos y una mirada oscura que es como un grito.

—¿Te ocurre algo? —le pregunto—.

—Murió mi padre.

Ha logrado decirlo a duras penas.

—¿Qué ha ocurrido?

—Lo mataron. Yo vine aquí sólo por eso, para poder mandarles dinero.

—¿Quién lo mató?

—¡Todos lo mataron!: el hambre, la pena, los políticos… Me llamó mi mamá desde Ecuador.

En ese momento, entra un nuevo cliente. Yo espero unos segundos a que termine de atenderle.

—¿Vas a regresar a Ecuador?

—Ojalá pudiera. ¿Rezará usted por él, padre?

—Por supuesto. Dime cómo se llamaba.

—León. Era un buen cristiano. Yo soy su hijo mayor y también me llamo León.

Lo ha dicho con orgullo, pero ya no puede contener las lágrimas.

Entra una señora en el local, y se pone detrás de mí. Me dan ganas de decirle que nos deje en paz unos minutos, pero no es posible. Entra también un chico y coge una bolsa de patatas, una revista y algo más.

—Hoy ya he celebrado Misa —le digo—; pero mañana la ofreceré por tu padre.

Aún pudimos hablar unos minutos, pero el servicio de la gasolinera no nos permite alargarnos. Anoto su número de teléfono y su dirección.

Al poner en marcha el coche, León me saluda con la mano, y me mira. Casi sonríe al otro lado del cristal.




5 comentarios:

Conchita Requero dijo...

Hola Don Enrique! se acuerda de mi? me dijo un pajarito que habia abierto este blog, y tras dar unos paseos por el y leerlo, me he decidido (por fin!)a escribirle. Lo primero, darle la enhorabuena, esta genial!.
Yo estoy ahora mismo en Irlanda, practicando un poco el English, y estare aqui hasta octubre, aunque tengo que ir a Pamplona en junio para hacer tres examenes y terminar la carrera. Seguire visitandole por aqui,
un abrazo!
Conchita

Enrique Monasterio dijo...

Conchita!
¿Sigues dibujando como entonces? ¿Qué ha sido de aquel ratón que aparecía siempre en tus dibujos? Como no vengas a verme en junio te asesino.
Me he acordado de ti muchas, muchas veces.

Jesús Beades dijo...

Sólo por esto supongo que le merecerá la pena vestir siempre de cura, que debe ser un poquito incómodo, más que nada en verano. Mira que a mí, hoy por hoy, ya me daba igual lo del atuendo del presbítero, pero este texto me ha vuelto sobre la vieja idea, al menos un momento.

sinretorno dijo...

Necesitamos curas reconocibles en las gasolineras. Muchas veces en la vida pedí encontrar un sacerdote para confesar y casi siempre lo encontré: aeropuestos, Francia,Inglaterra, estaciones de tren, por la gran vía, quiero decir que se lo pedí a mi ángel de la guarda y el cura aparece. Incluso a uno que iba vestido de lagarto, se lo pedí y me dijo cómo sabes que soy sacerdote, le dije que era intuición, pero por dentro pensé , tienes cara de cura aunque te vistas de verbena. Por ciero usted tiene más fans femeninas que el propio Juan Manuel de Prada. Por cierto hay que objetar masivamente ya, ver www.objetamos.com

Altea dijo...

Pienso lo mismo que estos dos de arriba: es la importancia de vestir "de negro", aunque a usted le parezca un color serio.