miércoles, 25 de abril de 2007

Miradas VI. Una generación sin primos


Álvaro ha venido de fuera y aún no tiene amigos. Sin embargo va por la vida avasallando. Es grandón y bocazas; liga cantidad, según él, y estudia lo justo para no tener problemas. Habla muy alto, casi a gritos; carga con una serie de prótesis electrónicas, cuya utilidad desconozco, y arrastra los pies por los pasillos. El pantalón vaquero tiene mugre de años y sus aromáticos zapatos le hacen juego.

En las distancias cortas, sin embargo, cambia por completo. De pronto aparece tímido e inseguro. Su mirada es la de un pez tropical sorprendido en un acuario. Se seca las manos una y otra vez con el pantalón, y me dice que está harto de todo, que a su padre no le importa lo que él piensa, que van a lo suyo; que le da lo mismo una carrera que otra… O sea, que es un adolescente supernormal de clase alta en un país más rico que la mayoría.

—¿Tienes hermanos?

—No. Es que mi madre no quiere: no tiene tiempo.

—No será por eso…

—Que sí. Es lo que ella dice. Además es verdad que trabaja mucho. Está siempre fuera, y gana más pasta que mi padre.

—¿Tendrás primos, parientes…?

—¿Primos? No, gracias. Menudo rollo. Yo no tengo primos.

—Perdona, ¿tus padres no tienen hermanos?

—No.

Nunca se me había ocurrido pensar que se aproxima una generación sin primos, sin tíos, sin sobrinos... Son los hijos únicos de los hijos únicos.

Yo no sé cuántos primos tengo: tendría que coger la calculadora. Fueron mis amigos desde que nací. Eran mi tribu, y aún lo son. Por eso nos reunimos de vez en cuando. Y como la vida se abre paso, comprobamos cómo se multiplican los sobrinos y también los sobrinos-nieto. Me pregunto si se puede vivir de otra forma.

He sentido un escalofrío al ver la mirada triste e insegura de Álvaro:

—Mi madre no tiene tiempo.

No puedo juzgar a nadie, por eso cambio los nombres y las circunstancias de las personas; pero es evidente que está ocurriendo algo muy grave.

Hoy no diré nada más. Necesito pensar un poco.

7 comentarios:

Rocío Arana dijo...

Ayyy. Yo no tengo hermanos porque Dios no quiso, pero tengo una tanda de primos que son como mis hermanos. Son un tesoro. Ahora pienso que, cuando tenga hijos, ellos no tendrán primos a no ser que mi marido tenga sobrinos, qué lio... pero los hijos de mis primos serán los primos de mis hijos, espero. Y los de mis amigos.

Enrique Monasterio dijo...

Pero tendrán una madre genial

Constanza dijo...

Gracias por hablar de esto. Enrique G-M también puso el dedo en la llaga hace un tiempo al hacer loas de su hermano. ¡De verdad, parece que no está de moda que la gente tenga hermanos!
Por mis pagos esta moda recién está llegando...
En la gente de mi generación (¡no muy anciana!) es corriente ser seis hermanos; yo misma tengo cinco hermanos vivos, y por lo que sé también otros varios que espero conocer cuando muera.
D. Enrique, me ha hecho pensar con agradecimiento en mis padres y se lo agradezco mucho.

bernardo dijo...

De pequeños nos juntábamos en verano diecisiete primos, cinco tías, tres tíos y una abuela. Convivíamos en la misma casa de nueve dormitorios y dos baños. La bombona de gas no daba abasto a la hora de las duchas y había varios turnos de comidas y cenas.

Ahora los primos somos mayores, y la siguiente generación se abre paso. Un primo mío tiene tres (hijos), a punto del cuarto. Otro primo tiene una. A las primas les quedan dos telediarios de solteras.

Mi hermana mayor, que me saca once (meses) tiene cinco (hijos). Todos varones - cosas de mi cuñado y su cromosoma "Y".

Mi hermana menor tiene veintiocho (años) y tres (hijos). Dos hembras y un varón.

En junio nacerá mi primera sobrina política y en julio mi primer hijo. Será el primo número nueve por un lado, y dos por el otro. Y sólo cuento los primos carnales.

Recuerdo que el antiguo conserje de la urbanización, un ecuatoriano muy simpático, me llamaba "primo" cuando nos saludábamos. Se me vería en la cara.

Ricardo Montoliu dijo...

En casa de mi madre me llaman "primo lejano". Me gustaría ir más, pero vivo lejos...

Anónimo dijo...

Impresionante. Llevo asimilándola un par de días.

Desde hace años trato de conciliar vida familiar y laboral. Una carrera universitaria, tres idiomas y dos maravillosos hijos y tengo poco más de treinta años.

No soy feminista ni machista. Creo en la gran capacidad que tenemos las mujeres y la gran cantidad de cosas que podemos aportar al mundo laboral. Ahora, pienso en el día en que la mujer decidió que el trabajo laboral suponía la "liberación de la mujer". Triste momento ¡qué mal planteamos la batalla!!.

Parece que hemos sido las propias mujeres que no hemos sabido que se reconozca la labor de madre, la aportación que se hace en la familia con la dedicación y con el cariño y la posibilidad de educar a los hijos para ser felices y los hijos de sus hijos. Generaciones felices por sus raices sólidas, infancias reales y seguridad en la familia.

Ahora la mujer ocupa puestos de responsabilidad, no cabe duda, pero eso lo ha hecho siempre ¿quien no tiene madre?.

Sinceramente creo que debíamos hebernos profesionalizado como madres y dar lo mejor en casa, en vez de llegar a casa hechas un trapo y exprimidas por un trabajo de responsabilidad.

Realmente D. Enrique creo que las mujeres del SXXI estamos inmersas en una especie de "trampa vital". Es FUNDAMENTAL luchar para que la conciliación de la VIDA FAMILIAR Y LABORAL SEA UNA REALIDAD pero...
¡Qué difícil es luchar cuando la batalla está mal planteada!

Pt.- otro datos para pensar: la primera causa de mortalidad en los jóvenes es el suicidio y el divorcio de los padres no sólo afecta a los hijos, sino a los hijos de sus hijos.

Tania Vázquez dijo...

Siempre que hablo de que quiero (aunque Dios no me la ha dado) una familia numerosa la gente dice: "Tania, cómo si ves el mundo quieres traer tantos hijos a él", "¿Cómo los vas a mantener?" bueno si escribiera todas las "razones" que me dan no acabaría . . . Pero nunca había pensado que: se aproxima una generación sin primos, sin tíos, sin sobrinos... y proximamente serán los hijos únicos de los hijos únicos... que tristeza!!!!