viernes, 6 de abril de 2007

Viernes Santo





Me propuse no escribir ni una línea hasta el domingo de Pascua; pero el blog es también un diario, y no debo dejar que pasen este Jueves ni este Viernes.
He leído y releído la Pasión de Cristo, y he vuelto a oír a lo lejos los gritos de escándalo de los que, año tras año, se niegan a mirar a Jesús clavado en la Cruz.



“No, no es ese mi cantar,
no puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar.”

Es cierto; hay quien querría arrancar del evangelio estas páginas sangrantes de la Pasión. Les gustaría quedarse con el “niñodiós” de Juan Ramón Jiménez, que ni siquiera era Jesús, sino una metáfora del propio poeta-niño; o, como Machado, contemplar al hombre que se desliza ingrávido por el lago; o al que da de comer a sus seguidores en la ladera del monte; o al que acaricia a los niños y cena pescado en la playa al atardecer. En cambio no pueden soportar el olor de la sangre, los gritos de los crucificados que acompañan al Mesías ni el vuelo de las aves carroñeras que giran en lo alto esperando su turno para darse un buen banquete.

Por eso cuando un director de cine se atrevió a retratar la historia de la Pasión como fue en realidad, le acusaron de sadismo y miraron para otro lado.

El mismo reproche cabría hacer a los evangelistas. San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, a la hora de relatar los grandes milagros, más que escritores son notarios. Levantan acta de cada suceso, y nada más. Ni la menor descripción superflua. Bien podían haberse detenido en la gran fiesta de los panes y los peces: los niños gritando de alegría, las carreras por el monte. ¡Qué espléndida verbena dejaron de contarnos!
Sin embargo, en la Pasión no nos ahorran ni un insulto, ni un salivazo, ni una bofetada, ni una humillación.

¿Por qué ocurre así? No nos engañemos. Los cuatro testigos no han cambiado. Siguen siendo notarios, y saben muy bien que deben dar fe sólo de lo importante, es decir de todo: porque durante esas horas, todo es significativo.

La Pasión no ha sido sólo un asesinato, ni siquiera el más cruel e injusto de la historia de la humanidad. Si sólo fuera eso, bastaría con recordar el hecho, llorarlo y aprender, pero sin pormenorizar los detalles para no alimentar el odio. Pero es que la Pasión es también, y sobre todo, un Sacrificio. Y detrás de cada afrenta hay un sí, una aceptación un acto de amor. Había que levantar acta de cada , porque el Señor pudo haber eliminado a sus enemigos con sólo desearlo en cualquier instante. Y no quiso. Y cuando un blasfemo le gritó: “si eres el Hijo de Dios, baja de la Cruz”, no bajó por eso, porque era el Hijo de Dios.

Sólo una consideración más. Jesús no murió “por la humanidad”, sino por cada hombre y mujer de este mundo. “Me amó a mí —escribe San Pablo— y se entregó a la muerte por mí”.

Hasta el domingo.


5 comentarios:

Rocío Arana dijo...

Alguien tenía que decirlo. Gracias por esta entrada.

Jesús Beades dijo...

Qué buena entrada.

Marta dijo...

Gracias por esta mirada clara sobre la Semana Santa: a veces, perdemos de vista LA perspectiva desde la que contemplar la Pasión.
Me lo repito: por CADA hombre, por CADA mujer.
Hasta el domingo.

Constanza dijo...

D. Enrique, felices Pascuas!

t.i.n.a. dijo...

AMËN!!!
Feliz Pascua de Resurrección