martes, 22 de enero de 2008

Silencio




He vuelto a la Sierra de Madrid para predicar un curso de retiro de tres días. Estoy solo y en silencio. Entraré poco en la red. Creo que no encenderé la radio, ni siquiera para poner música. Yo también debo esforzarme por acallar los ruidos que traigo en el alma.

Me alegro de no tener compañía. Tampoco tengo televisión.

Esta mañana he disfrutado de un amanecer fabuloso. El cielo, resplandeciente como una hoguera roja y azulada, aparecía traspasado por la herida que dejaba un avión a reacción. Era una llaga sangrante, violeta y oscura. Al fondo, mientras tanto, despertaban las sombras de los montes y, en lo alto, brillaba, limpia de bruma, la estrella solitaria de la madrugada.

Me he quedado un par de minutos mirando el horizonte ¡Qué sencillo es preparar la primera meditación de la mañana con el guión que el mismo Dios escribe en el cielo! ¿Por qué durará tan poco el espectáculo?

Regreso a la casa. Oigo sólo el sonido del agua en el lavabo, el de mis propios pasos sobre el piso de madera y la brisa que juega con el toldo en la ventana. Dentro de cinco minutos oiré mi propia voz, cuando predique en el oratorio.

Luego, en el confesonario, escucharé otras voces que hablarán de luchas, de pequeños fracasos, de propósitos. En esas voces se descubren paisajes aún más fantásticos que el del amanecer. Los penitentes abren el corazón para que el sacerdote examine y cure sus heridas; pero yo sólo veo el amor de Dios, los milagros de la gracia.


Los pecados se perdonan, las derrotas enriquecen, y las heridas se convierten en cicatrices que embellecen el cielo del alma.


7 comentarios:

Dominica dijo...

La última frase es muy bonita y sucede cuando se pasa por el confesonario. Pero ¡cómo cuesta pasar! y ¡cómo cuesta que la gente pase!

Historias del Metro dijo...

Ala!!! Es chulísima la votación!!! Lo mejor es que yo he votado por la fregona, y pensaba "menuda maruja estoy hecha"... y resulta que es lo que más votos tiene!!! Esta noche pediré para que este Curso de Retiro sea inolvidable para todos...

Juanan dijo...

Qué grande debe ser eso de administrar la Penitencia... y qué pequeño debe sentirse uno...

Benita Pérez-Pardo dijo...

Juanan, estás en todo!. Nunca se me había ocurrido pensarlo.

De la lista, la fregona. Fuera de lista quizás las lentillas...

maria jesus dijo...

Su última frase ayuda. Dentro de unos días iré yo a hacer mi curso de retiro y me acordaré de ella

Anónimo dijo...

Alucinante

Anónimo dijo...

Toda la razón. Alucinante!