domingo, 18 de mayo de 2008

La palabra

Cuando Dios creó al hombre, le regaló el don de la palabra.

Gracias a la palabra, Adán pudo dialogar con el mismo Creador, llamarle Padre y amarle entregándole lo más íntimo de sus secretos y de su vida.

Con la palabra dio nombre a los animales y afirmó su señorío sobre la Creación.

Con la palabra enamoró a Eva y Eva le enamoró a él. Entre ellos, cada palabra fue un regalo de bodas, un acto de amor.

Hasta que llegó la serpiente y corrompió la palabra.

En Babel, las palabras se hicieron disparos y los oídos parapetos. Los hombres aprendieron a herir con palabras y la tierra se llenó de voces extrañas, de mentiras, de gritos y de miedos. Desde aquel día ya no nos fiamos de las palabras ajenas. Tampoco de las nuestras.

Las palabras se hincharon de vanidad, se adornaron con extraños ropajes. Aprendieron a mirarse al espejo, amaron el ingenio más que la verdad y se cargaron de estupidez, de cinismo, de violencia, de odio, de lujuria.

Las gentes empezaron a discutir sobre palabras, no sobre hechos reales. Y nacieron los malentendidos que, casi siempre, eran también malexplicados y malescuchados.

Nos dijeron que las palabras no matan y que, por tanto, nadie debe encadenarlas; pero lo cierto es que las palabras cargan las pistolas y asesinan con mayor eficacia que las bombas.

Machado dijo que un poema es sólo “unas pocas palabras verdaderas”, pero también hay flores del mal y lírica mentirosa.

Desde que salimos del Paraíso, buscamos la verdad a tientas.

Emite lucem tuam et veritatem tuam! Hoy se lo he pedido al Señor de nuevo, como todas las noches: mándame tu luz y tu verdad para que mis palabras sean tuyas y pueda hablar en tu nombre esta mañana; que no tenga que esperar al final de la vida para que resplandezca en mi alma la luz de tu Palabra.

5 comentarios:

Rocío Arana dijo...

Gracias, Don Enrique. Para una poeta, es muy importante y hermoso lo que usted ha escrito.

Anónimo dijo...

Im-presionante!. Para imprimir, reenviar y enlazar..
Muchas gracias

Anónimo dijo...

De pequeño se enseñaron a no jurar sino a dar tu palabra. "Palabra de honor". Muy buena receta que recomiendo. Siempre me ha ayudado mucho.
Luego en La Obra, me gustó especialmente cuando me enseñaron que S. Josemaría decía que creía más la palabra de un hijo suyo que la de cuarenta notarios.Los padres tienen que ver mucho en la vocación de sus hijos. Está claro.

LUISA dijo...

Y yo pregunto: siendo tan poderosas, pudiendo hacer tanto bien y tanto daño...qué poco son las palabras, o qué poco llegan a expresar, o mejor dicho, cúanto expresan y sin embargo ...hay tantas cosas que no pueden expresarse con palabras...
O quizás soy yo, que sencillamente me falta léxico.

Don Mario dijo...

Y al darnos el don de la palabra el Señor se nos entregaba Él mismo, porque Él es la Palabra.
Esto tiene mucho que ver con la magia de las palabras cuando están bien usadas (como en los himnos que usted va comentando últimamente) y con el disgusto que nos da el verlas usadas mal o para el mal.
Pienso que voy a fusilar este post suyo (con su permiso, como siempre).