viernes, 10 de octubre de 2014

Llueve

Esta madrugada llovía sobre Madrid con todo el entusiasmo del mundo. ¡Qué ganas de salir a la calle para estrenar el agua venida del cielo con una buena ducha! Gracias, Ángel de la lluvia, por haber abierto el grifo con tanta generosidad.
Cuando digo estas cosas casi nadie me cree; pero es la verdad. La lluvia me descansa más que un finde con puente incluido. Me templa los nervios, me refresca la sesera, da cuerda a mi inspiración, embellece a los que me rodean…
Con un chaparrón como el de esta mañana soy capaz de olvidar que España perdió con Eslovaquia. Y hasta perdono a Casillas la cantada del primer gol, con tal de que aproveche para retirarse del fútbol.
Llueve. Ojalá el diluvio calme la crispación de los políticos, inspire a los poetas, lave las pelambreras  de los casposos y nos invite a todos a lavarnos el alma con el Sacramento de el Perdón, que es suave como un sirimiri y eficaz como una galerna del Cantábrico.
Hoy he celebrado otra Misa de Acción de Gracias. No era sólo por la lluvia, pero yo he añadido esa intención.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Excalibur


Han matado a Excalibur, el perro de la enfermera infectada por el virus del Ébola. Ahora hay quien recuerda el viejo dicho de que "muerto el perro se acabó la rabia", pero también hay quien llora de indignación en defensa de la vida canina.
—¡Excalibur era inocente! —clamaba en la tele un activista tatuado hasta las cejas—.
Y a mí, que me gustan los perros de todas las razas y fui amigo íntimo de un pastor alemán llamado Cucho, casi me da la risa al oír los gemidos del personal.
En efecto, Excalibur era inocente y ha sido ejecutado (sacrificado, dicen) sin juicio previo ni sentencia condenatoria. Claro que también es inocente el propio virus. Él no infecta adrede; lo hace sin querer; está en su naturaleza. Sin embargo estamos empeñados en machacarlo sacando el ejército a la calle si fuese necesario.
Por una vez tenía razón Stalin: "un hombre muerto es una tragedia. Un millón es sólo una estadística".
—¿Y si el muerto es un perro?
—Entonces, querido Kloster, la tragedia es doble. Que dimita el gobierno.
 

martes, 7 de octubre de 2014

Sueños de anacoreta


Cada vez estoy más persuadido de que la era de las ciudades llega a su fin. Muy pronto derribaremos los presuntuosos rascacielos, olvidaremos el asfalto y nos dispersaremos por la tierra. Descubriremos la gran sinfonía de la Creación que se nos oculta a los envanecidos urbanitas del siglo XXI. Disfrutaremos de nuevo con las puestas de sol, el trino de los pájaros, la lluvia, el viento… Y trabajaremos todos desde casa. El mundo entero será wifi. Bastará con tener cobertura.
—¿Y no iremos a el Corte Inglés?
—¡Anda, pues es verdad!

Miedo, odio e Internet

Internet es un eficaz catalizador de los sentimientos más rastreros . Hoy el pánico se refleja en la red. Y con el pánico, el odio, el afán de venganza, el rencor. Y esa tendencia españolísima de politizarlo todo. ¡Que caigan cabezas!
Hay tantas y tan sucias secreciones orgánicas en los chats de Internet que no me extrañaría nada si nos dicen que el virus del ébola ha mutado y ha comenzado a infectar también nuestros ordenadores.

lunes, 6 de octubre de 2014

Ébola




Mientras escribo estas líneas la radio informa de que una enfermera del Hospital "Carlos III", de Madrid, ha dado positivo por ébola en los dos análisis que se le han practicado. Se trata de una de las personas que atendieron al religioso español fallecido en ese hospital hace veinte días.
La noticia correrá por el mundo entero a la velocidad de la luz. Se trata del primer caso de contagio dentro de Europa.
Es verdad que, de un tiempo a esta parte, no pasa un año sin que se nos anuncie una catástrofe sanitaria de alcance mundial que, generalmente, se queda en nada. En esta ocasión la amenaza tiene un nombre sonoro y fácil de recordar: ébola. Hasta hoy han muerto unos cuantos miles de personas en todo el Planeta; muchos menos de los que fallecen por malaria cada año, pero el ébola trae aparejado un síndrome mucho más peligroso y para el que no existen vacunas: el pánico.
Recemos por los muertos y por los enfermos; por todos. También por los que sienten terror, que nunca es libre, y solo piensen en huir.
Tengamos miedo al miedo, solo al miedo.


domingo, 5 de octubre de 2014

Sin cobertura...

Sorry.
Mañana vuelvo a Madrid. A ver sí allí puedo escribir algo. En Riaza la wifi está chunga y con el teléfono no puedo hacer mucho más.

viernes, 3 de octubre de 2014

La cisterna

Hoy me veo como una vieja cisterna vacía y reseca, incapaz de calmar la sed de los que vienen a oírme. Ellos tienen derecho a encontrar en mis palabras un poco de aquella agua viva que Jesús prometió a la Samaritana, el agua que "salta hasta la vida eterna". ¡Si tuviera al menos una gota…!
Llego al oratorio con unos viejos papeles en la mano. Son ceniza, frases que tuvieron sentido en otro tiempo y hoy apenas me dicen nada. De rodillas ante el Sagrario hago la oración preparatoria. Me siento frente a la mesa y agarro con la mano derecha el pequeño crucifijo de latón.
Empiezo a hablar despacio, en voz tan baja que yo mismo no me oigo. Leo unas palabras del Evangelio y la cisterna empieza a llenarse de agua hasta rebosar por todas partes. Es un torrente impetuoso que no sé de dónde viene, pero aparece siempre que lo necesito. Trato de encauzarlo, de remansarlo en el corazón para soltarlo luego y que llegue hasta la última fila, hasta aquel que dormita al fondo de la capilla.
Termino la meditación avergonzado. Ojalá nadie me comente nada. Ahora yo mismo puedo beber de esa agua embalsada.

jueves, 2 de octubre de 2014

Fin de fiesta


Claro que he celebrado el cumpleaños de la Obra —¡86 años ya!— , pero currando el doble, que es como celebran las fiestas las amas de casa. En el fondo la tarea de los sacerdotes se parece mucho a la de esas mujeres que se quedan en casa para convertir cuatro paredes en un hogar.
—¿Te quejas, colega?
—Al contrario. Mi trabajo es cansado, pero apasionante. También "impagable", dicen; por eso no lo pagan. Es verdad que hoy no he podido salir al jardín en todo el día, pero el paisaje de las almas es, sin comparación, mucho más rico y sorprendente que el de la Sierra de Madrid.  
Son las ocho y media de la tarde. Creo que ha llovido, pero no me hagáis caso.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Anochece en Riaza

Desde el Balcón de Hontanares se divisan tres Provincias
De nuevo estoy en Riaza. Esta vez no me acompañará nadie, sólo el otoño, que parece acentuar aún más la soledad: hay un silencio insólito en el jardín. Ni un pájaro, ni el ladrido de un perro, ni siquiera el rumor de la brisa. Aún no amarillean las hojas de los árboles, pero los colores apenas tienen vida y se van apagando poco a poco. El crepúsculo se prolonga perezosamente durante horas, y la sierra se viste de un rojo mortecino, ceñida por las pocas nubes que quedan en el horizonte.
Hoy he predicado la primera meditación de la convivencia y he dado gracias a Dios en voz alta por todo lo que hemos vivido en los últimos días. ¿De qué otra cosa podría hablar? Luego he explicado  tres clases de Teología y me he sentado en el confesonario durante algo más de una hora.
Vuelvo a "mi zona" y entro en "mi" pequeño oratorio para hacer compañía al Señor. Es una habitación muy chica. Le pido al Maestro, como los discípulos de Emaús, que se quede conmigo esta noche porque se está acabando el día y no quiero estar solo.
Mañana es una gran fiesta y volveré a predicar y a decir "gracias". No se me ocurre otra cosa.