miércoles, 30 de abril de 2008

Encuentro en la calle Ayala



—¡Monasterioooo!

Hace mucho que nadie me llama así, por el apellido, y menos a gritos. Y, aunque la voz me resultó familiar, la situé muy lejos, quizá en el comienzo de los años 60. Ayer sin embargo surgió de improviso del interior de una espesa barba gris que ocultaba los rasgos de su portador. Estábamos en plena calle Ayala, de Madrid.

—¿No te acuerdas de mí?

—Tu voz, sí, pero esa barba…

—¡Soy Mariano, el loco del curso, el rey de las gambas con gabardina!

Mariano, claro…, el ateo de la clase, aunque sólo fuera para llevar la contraria a los demás.

Inmediatamente nos trasladamos en el tiempo hasta el viejo “Estudio General de Navarra”, en Pamplona y al recién nacido Colegio Mayor Aralar.

—¿Se puede saber cómo me has reconocido? —le pregunté— ¿Sabías que me hice cura?

—No tenía ni idea, pero tampoco me extraña demasiado. ¿Te acuerdas aquel día…?

La conversación se prolongó casi media hora, siempre a punto de concluirla, pero sin querer separarnos. Yo no debo contar nada más en el blog, ni siquiera el nombre auténtico ni la profesión de mi amigo.

Le he llamado “amigo”. Lo fue y, por qué no, lo sigue siendo, a pesar de que yo le conocí sin barba y ahora aparece casado, con hijos, con nietos y sin demasiadas ganas de recordar su peculiar ateísmo de juventud.

—El domingo mi nieto Luis hace la primera Comunión.

Antes de despedirnos (a ver si nos vemos un día de estos y tomamos algo; te llamo, me llamas, vale, venga, etc. etc.). Me dice:

—Tú no recordarás una cosa… Una tarde estábamos solos en la sala de estudio. Yo había puesto delante del libro una naranja y una foto de una chica…, de una tía, diríamos ahora. Tu colocaste una imagen de la Virgen. Entonces yo te dije de coña: “¿qué, tu novia?”. Te pusiste muy serio y contestaste: “mucho más que eso”. Enseguida viste la otra foto, y preguntaste: “y esta, ¿qué?, ¿es tu madre?”

—¿Y tú qué hiciste?

—Por poco te mato. Pero se me quedó muy grabado. Imagínate, han pasado casi cincuenta años.

—No exageres. Cuarenta y ocho a lo sumo.


5 comentarios:

Boo dijo...

50 años dejando huella...?

Altea dijo...

Acabo de descubrir www.pensarporlibre.wordpress.com

Tania Vázquez dijo...

Ojalá yo también deje huella en las personas Don Enrique y por 50 años . . . o ya mínimo 48 . . .

Juanan dijo...

¡Jajajajajaja qué puntazo! ¡A caulquiera se le ocurre eso con esa velocidad y en caliente! Pero qué razón lleva.

Espero que mis amigos ateos estén dentro de 50 años con barba, hijos y nietos haciendo la primera comunion.

LUISA dijo...

Esto de la amistad es un placer que, por lo que se ve, no se extingue con los años. Lástima que dejemos pasar tanto tiempo entre una conversación y otra¿no?
Salu2
http://misideascotidianas.blogspot.com/