"Cuando te preguntaron qué imagen de la
Señora te daba más devoción, y contestaste —como quien lo tiene bien
experimentado— que todas, comprendí que eras un buen hijo: por eso te
parecen bien —me enamoran, dijiste—
todos los retratos de tu Madre". (San Josemaría, Camino 501).
Las
imágenes de la Santísima Virgen no son fotografías. No tratan de reproducir la
realidad, sino de transmitir un mensaje. Cada retrato habla de nuestra Madre en
una lengua diferente. Hay rostros de María, aparentemente toscos, esculpidos o
pintados por manos inexpertas, que conmueven tanto o más que los mejores
cuadros de los artistas más relevantes.
Yo tengo
en un cajón de mi escritorio toda una "baraja" de imágenes de nuestra
Señora. Cada día hago un pequeño juego de magia: las mezclo, cierro los ojos y
saco una al azar para que me acompañe hasta la noche. Reconozco que alguna vez
me hago trampa, y consigo que salga la que más me gusta o la que necesito tener
cerca ese día, pero todos los retratos me ayudan a rezar.
Hoy he
hecho un propósito. Durante este mes de mayo las iré colgando en el globo una a
una, y haré un breve comentario. ¿Cuento con vuestra ayuda para piropear a mi
Madre?