viernes, 12 de octubre de 2007

El arquero



El arquero se reviste pausadamente, con la solemnidad de un sumo sacerdote que fuese a oficiar su propio funeral.

Se cubre el pecho con un chaleco para que la cuerda no se enganche a la ropa. Se ciñe el brazo con la brazalera; ajusta la correa que sostendrá el arco y la dactilera que le protegerá tres dedos: el índice, el corazón y el anular.

Ya ha elegido las palas del arco y el hilo que va a utilizar. Tensa y calibra el arma, escoge la flecha con sumo cuidado y la saca del carcaj. La contempla y la acaricia como si quisiera transmitirle un último mensaje.

Juan Pablo se sitúa en su puesto, a la distancia precisa de la diana. Ajusta el visor, coloca le flecha, tensa la cuerda y dispara.

—Ahora —me dice— la flecha tiene la última palabra. No puedo pedirle que vuelva.

Tiene razón el arquero. La vida, aquí abajo, es ir preparando poco a poco el único disparo que no tiene marcha atrás. Soy libre, y mi libertad es tan poderosa que puedo dar con mi vida en la diana de la eternidad. Yo digo “para siempre”, “te querré eternamente”, y al decirlo, me asemejo a Dios mismo, que es Eterno, que es fiel.

La flecha aún no ha salido del arco. Aún puedo ajustar el visor y afinar la puntería. Puedo cambiar la trayectoria, pero no quiero la pobre libertad del perrito que rehace su vida en cada hueso que encuentra y no se compromete con ninguno.

Yo sé que llegará un día en que mi amor será eterno. El día de mi muerte la flecha habrá sido disparada y ella tendrá la última palabra.


6 comentarios:

Mónica dijo...

Ay, qué bonito. Creo que no hay nada que nos haga sentir más libres que el comprometer, entregar parte de la libertad. Somos libres cuando escogemos el bien y vaya subidón cuando cuesta y aún así lo coseguimos.

María dijo...

Qué tranquilidad da saber que un día el amor será eterno ¿verdad?

Anónimo dijo...

El amor bueno, ¿no es eterno desde que nace?

c3po dijo...

Lo que más me consuela cuando meto la pata (lo cual sucede muy a menudo) es que Dios me quiere de esa manera tan suya: con un amor eterno.

Y eso sí que mola!

Don Mario dijo...

He traducido su post y puesto allí mi comentario.
Espero que no le importe demasiado si voy "pescando" de vez en cuando...

Enrique Monasterio dijo...

Pesca, Mario, pesca