domingo, 14 de octubre de 2007

La Boda de J y C (I) El AVE



El Ave es un pájaro de cristal que vuela en silencio a ras de suelo, sin tocar la tierra ni por un segundo. La Mancha queda al otro lado de un ventanal que me priva de la brisa, de los olores y de los sonidos del campo. ¿Será real el paisaje, o será una película que nos proyectan para darnos la impresión de que volamos?: unos viñedos, unos hombrecitos pequeños que parecen ocuparse de la tierra, un cernícalo clavado en el aire…

El Ave es una burbuja fugaz donde uno se siente feliz y prisionero. Me temo que sufro el síndrome de Estocolmo. La música de Sibelius y de Grieg que llega a mis auriculares es el único sonido del viaje. Pero, ¿por qué está tan lejos el campo? ¿Por qué no puedo oír el grito de esas otras aves que ahora pasan a mi lado en ruta hacia el Sur?

El Ave me lleva a Córdoba en un suspiro y, aunque me roba el viaje, me conformo. Recuerdo otros trenes de mi vida, como el “Shangay Expres” que me trasladó de Barcelona a Santiago de Compostela en 24 horas y era toda una metáfora de la vida humana. Me alegro de no tener que dormir en el suelo, en la plataforma de la entrada, junto a la puerta del baño, que se abría y cerraba cada diez minutos. Y aquellas paradas interminables en estaciones perdidas en medio de ninguna parte. Y el silbato del jefe de estación, y el tipo del carrito que vendía agua y celtas cortos…

El Ave es un paraíso de cristal que no se ensucia con La Mancha. Es magnífico este pájaro, pero, al recordar aquel viejo Shangay, sé que he perdido algo y, como soy un cobarde, no me atrevo a echarlo de menos.

2 comentarios:

Rocío Arana dijo...

Es una gran prosa, don Enrique.

Juanan dijo...

A mí algunas veces me gustaría que los viajes se hicieran andando. Me gustaría que como mínimo duraran 24h, pero que de media duraran una semana. Por ejemplo, el viaje de Madrid a Córdoba lo podría haber hecho en bici en 5 ó 6 días.

Pero sé que es una locura y no es nada rentable. Así que bueno...