viernes, 26 de octubre de 2007

Los blogs de mi barrio (XII)


Historias del Metro


Entre los blogs de mi barrio, “historias del Metro” fue el penúltimo en llegar. El título me intrigó un tanto, y di por supuesto que no conocía al autor.

El Metro es un transporte rápido y seguro, pero también es una cueva, una red de túneles; una multitud silenciosa que se mueve deprisa por oleadas; un sonido metálico de escaleras fantasmales que suben y bajan; un temor inconcreto; un olor penetrante a alcantarilla desinfectada; una noche de 24 horas; un mercado de cualquier cosa; un auditorio de música sin papeles; un dormitorio de mendigos y vagabundos.

Hablo de Madrid, y de esos Metros viejos, con churretes de historia en las paredes y delincuentes de plantilla.

Hay adictos al Metro, entre los que no me cuento. Me agobia ese continuo y subir y bajar por la entrañas de mi ciudad. Lo reconozco, soy un burgués de cochecito y autobús.

Sin embargo, entré en el blog y reconocí a su autora en 15 segundos.

-¿Se puede saber qué hace una chica como tú en un túnel como éste?

Pasad sin miedo a visitarlo. No hace falta billete y aquí hay mucho talento. Yo, además, le agradezco hoy especialmente que me haya ahorrado el trabajo de poner una posdata al artículo de ayer sobre “las gominolas”. He aquí el comentario que escribió esta bloguera:

Buff... tengo 28 años y he probado muchas cosas, entre ellas las drogas, y cosas que para mí son aún peores... No me considero vieja, aunque sé que probablemente los jóvenes de 15 años y yo no tenemos ya nada que ver...

Sólo sé que cada cosa que he hecho al revés en esta vida me ha dejado una marca tan profunda, que ojalá alguien me hubiera hablado de Dios en su momento.

Me temo, Ayn Rand, que el que te estás haciendo viejo eres tú... Crees que mencionar a Dios puede hacer que los demás echen a correr, que no nos entiendan... Pero te aseguro que la naturaleza del hombre busca a Dios desesperadamente.

No nos entenderán, no soy ninguna ilusa, pero la mención de un Padre que te quiere infinitamente y te perdona mucho antes de que lo hagas tú mismo se queda en el subconsciente de la persona.

Sé que no basta con mencionarlo. Hay que acompañar a la persona, hacerse su amigo, ganarse su confianza, atenderlo hasta en las cosas más mundanas. Pero no dejes de nombrar a Dios, desde el primer momento, porque las personas lo piden a gritos, aunque a gritos te contesten cuando les hables de él.

Tus palabras suenan a desesperanza. Dios tiene sus tiempos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Se ve que esta chica habla con conocimiento de causa, y su experiencia da como resultado una madurez envidiable que en nada coincide con su juventud. ES una alegría conocer jóvenes así.

Ljudmila dijo...

MB. No necesita comentarios. Y gracias por el enlace, realmente las historias de "Metro" no tienen desperdicios.

dimas dijo...

Estimado D.Enrique, este torpe Zabulón que lo admira desde hace tantos años , le da las gracias porque su amenidad, es la frescura para arbustos tan leñosos como este que aporrea teclas sin cesar.

Un saludo y gracias por ese enlace a las "historias del Metro"

PD.- gracias a la Metáfisica , soy consciente de su discreta presencia ,algo queda en el eter.

Enrique Monasterio dijo...

Dimas, no llames torpe a Zabulón. Es mi pastorcillo sabio

Historias del Metro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Historias del Metro dijo...

He llegado hoy al trabajo, después de haber estado unos días fuera... Reconozco que cuando me fui lamenté dejar un tema tan bonito y tan interesante como el que D. Enrique trataba en su entrada de "Las gominolas"... Al ponerme hoy de nuevo a trabajar, no he podido resistirme a visitar este blog... y me he encontrado con esta entrada... Me he puesto roja como un tomate delante de la pantalla de mi ordenador. Os agradezco a todos las palabras que me dedicáis, es un estímulo para intentar aplicarme más en algo que sólo quería ser una vía de escape cotidiana... Pero se lo agradezco en especial a D. Enrique, que fue quien me picó, sin darse cuenta, en este verano asturiano, con el gusanillo de lanzar historias al ciberespacio. Bueno, eso y muchas más cosas, pero esas me las guardo, que valen demasiado.
Ojalá podamos seguir leyéndonos mucho tiempo y aprendiendo unos de otros. También soñando, que es gratis.
Un abrazo y gracias de nuevo