martes, 29 de marzo de 2011

Corruptissima republica, plurimae leges

Una vez más, Tácito y el búho dan en el clavo: los países más corrompidos son los que más leyes tienen.
Desde una mentalidad no jurídica esta afirmación puede desconcertar, incluso escandalizar. ¿No son las leyes las encargadas de meter en cintura a los corruptos? Sí, por supuesto. Por eso se multiplican hasta el infinito cuando “algo huele a podrido en Dinamarca", que diría mi primo Shakespeare.
Los viejos juristas saben que las leyes penales tienen su propio ámbito, del que no deberían salir jamás. Cuando legisladores, jueces, abogados y fiscales entran a saco en el seno de las familias para poner orden; cuando se multiplican las denuncias por violencia doméstica, real o imaginaria; cuando él tiene un abogado y ella otro; cuando los adolescentes pueden emborracharse en plena calle y es preciso promulgar leyes para impedirlo; cuando los niños saben “divorciarse” de sus padres y van al cole con el código penal en la mochila…, es que algo muy grave está ocurriendo en esas familias; algo que no se arregla con leyes.
Cuando los maestros no se atreven a ejercer su autoridad por miedo a infringir no sé qué normas recién promulgadas y por pánico a los papás de los niños-delincuentes; cuando las carreteras se llenan de radares para cazar en un descuido a quien supere los límites de velocidad; cuando se da por supuesto que los compradores de discos compactos son malhechores y deben pagar un canon a cuenta de lo que vayan a robar en la red; cuando las prohibiciones se multiplican sin límite…, uno, que estudió Derecho quizá hace demasiados años, recuerda aquellas clases magistrales que impartía José María Martínez Doral, y añora los tiempos en que dar un cachete a un niño no era tortura, sino, en todo caso, una corrección desafortunada sobre la que nada tenían que decir los jueces.
Sí; corruptissima republica, plurimae leges. Cualquier día, ya lo veréis, promulgarán una ley para regular nuestras presuntas malas intenciones. Spielberg ya hizo una película sobre esto, y, francamente, me llenó de melancolía.

5 comentarios:

Relicary dijo...

No creo que vaya desencaminado la ferdad. Las actitudes no cambian por más leyes que haya, sino que son las propias personas las que creo que deben modificar sus cimientos. Por muchas leyes contra el asesinato que se saquen, si una persona gilipollas (y no sé si pedir perdón) tiene una base tan podrida como para arrebatar el futuro a otra... Debe de tener una base, creo yo, debe salir de él la consciencia de la maldad de ese acto.

Altea dijo...

¿De qué película se trata? No caigo.

Anónimo dijo...

Creo que se trata de Minority Report. ¿No?
Comparto todo lo que dice.
Gracias.

Antuán dijo...

D. Enriq. no tengo nada que añadir. eso si a Mercedes que me anima porque digo que somos unos desgraciaos por no corresponder a ese Amor que se se nos entrega como alimento de Vida eterna. Hoy mientras recogía las papaeleras del jardín aparte de escuchar:Ya no duele"... de Alejandro Sanz. puse un poco de una homilia que me metieron en el movil porque todavía estoy pez. y salió: La Grandeza de la vida corriente. Si no fuera porque es un empeño divino por mi parte no pasan de ser cosas corrientes además de corridas porque hay que meter caña. Hay cosas que solo quedarán entre Él y yo. Adiosle.

Fernando de la Torre dijo...

Carajo, terminé de leer tu artículo con un nudo en la garganta, del puro coraje. Saludos.