martes, 23 de junio de 2015

De vuelta

Vuelvo a casa tras un par de días viajeros. Sobre mi cochecito han caído dos buenas tormentas. La segunda fue de granizo, pero gracias a Dios pudimos refugiarnos bajo tejado nada más comenzar el bombardeo.
En Pamplona mi oftalmólogo favorito me dilató la pupila para comprobar que mis ojos estaban la mar de sanos, pero me dejó medio ciego "un par de horicas". Como además tenía cita con el sastre que me hace las sotanas, me puse unas gafas de sol y tome un taxi para ir a la calle de San Saturnino sin más percances. El conductor se llamaba Santiago y tenía ganas de hablar:
—¿Qué opinan ustedes los curas de los cambios que ha habido en el Ayuntamiento y en la Comunidad?
—No sé, la verdad. Yo vivo en Madrid.
—Pues se lo voy a explicar yo. Mire, tengo 51 años, estoy casado y vivo con dos hijos en paro; pero he pagado la hipoteca completa. Lo he conseguido a base de trabajar en el taxi 14 horas al día. Ahora ya un poco menos, gracias a Dios. Y vienen estos tíos a decir que regalan un piso a los que no tienen dinero para pagar la hipoteca… ¡Que me lo regalen a mí!
Santiago conduce con pericia en medio de un tráfico intenso, pero vuelve la cabeza hacia mí con demasiada frecuencia y empieza a ponerme nervioso.
—¡Las deudas hay que pagarlas! Yo comprendo que hay mucha gente necesitada, sin trabajo ni medios para conseguirlo, pero hay otros que tienen muy mala cabeza. Piden un préstamo para el coche, una hipoteca para la casa, un crédito para la boda de la hija… Y luego, a llorar como los griegos.
Terminamos hablando del matrimonio, de su mujer y sus hijos. Las aguas parecen calmarse, pero de pronto Santiago recuerda algo y se lanza al ataque:
—¡Yo sí que tengo una familia! Para mí es la mejor del mundo, con problemas como todas las familias. Y ahora vienen unos políticos a decirme que dos tíos que se juntan son como mi mujer y yo… ¡No te…!
De regreso a Madrid, lleno el depósito a pocos kilómetros de Pamplona. Un empleado se acerca obsequioso y agarra la manguera:
—Me alegro de verle, padre. Quería que me aclare una duda que tengo desde hace años. Ustedes votan en las elecciones, ¿verdad?
—Sí, claro.
—Y votan lo que les diga el Papa, o el obispo…¿o quién?
Le explico que gozamos de la misma libertad que los demás, pero el empleado agita la cabeza negándolo…
—No, no… Ya comprendo que no quiera decírmelo, pero…, en fin, es igual.
Y me sonríe con gesto de estar en el secreto.
  

9 comentarios:

Juanma Suárez dijo...

Me ha encantado la duda del "gasolinero".

Muchas veces nos pasa a todos que cuando preguntamos algo queremos que la respuesta sea lo que nosotros queremos; si no lo es, siempre tenemos un "ya sé que no quiere decírmelo, pero lo entiendo..."

A veces lo hacemos también con Dios.

Aldebaran dijo...

Si es que los curas son unos provocadores... no hay manera de pasar desapercibido.
Y mañana en la Misa pondremos esos ojillos de don Enrique...

Anónimo dijo...

La gente está muy politizada.

Cordelia dijo...

Me encanta ese taxista! Un tío sensato. Me alegro mucho de que su ojo vaya bien. Y si en las próximas elecciones alguien (de fiar, se entiende) me insinuara a quién votar, me ahorraría muchos quebraderos de cabeza. Si el Papa o el obispo le dicen algo, nos lo transmite, plis?

Isa dijo...

Me fijo en el "¿o quién?" del gasolinero. ¿Quién puede ser el encargado de decidir a quién votan los sacerdotes?
¿Os imagináis al Papa decidiendo lo que votan en cada Comunidad de España, cada Estado de Estados Unidos, cada Cantón suizo... etc? no haría otra cosa. ¡Con la de cosas que votan los suizos! A veces nos creemos el centro del universo, como si no existiera otro país en el mundo.
Lo más lógico sería el obispo, pero ¿y para elegir al alcalde? tampoco sería fácil conocer a cada alcalde de cada municipio de la diócesis.
La solución está en el ¿o quién?, pero yo no tengo imaginación. Me resulta más sencillo pensar que cada sacerdote toma su decisión.
Lo que sí es seguro es que hay un secreto detrás. Eso me liberaría de utilizar la cabeza para pensar un poco y ver que la solución más sencilla es la verdadera.

Enrique Monasterio dijo...

No te líes, Isa. Los curas somos mayores de edad: podemos pensar por libre y votar por peteneras

Yomisma dijo...

Sobre todo lo hacemos con Dios.

Anónimo dijo...

Vaya que la política es universal. En México estamos todavía padeciendo la resaca electoral. Lo mejor de esta entrada es un taxista que llama a las cosas por su nombre

Antuán dijo...

Pues a mi me parece que el taxita es un hombre sencillo pero de principios además de trabajador, razonable. Es verdad que en todas las familias hay problemas y los políticos no tienen solución para ellos solo palabras. Adiosle