sábado, 22 de noviembre de 2008

Santa Cecilia, la belleza y el viejo escritor



Han
pasado muchos años. Yo era demasiado joven, y aquel anciano escritor parecía esperar de mí bastante más de lo que yo era capaz de darle. Me imponía su prestigio y me desarmaba su sinceridad. Una tarde de verano me dijo:

—Si Dios está tan cerca, necesito que me ayude encontrarlo pronto, porque el tiempo se acababa. Los homenajes que ahora me hacen me importan un pimiento; los políticos quieren comprobar si todavía respiro. Me están poniendo el epitafio.

La inteligencia no le parecía un buen camino para llegar a Dios. Cada vez que yo intentaba abrir una vía, él negaba con la cabeza y repetía machaconamente el viejo argumento ateo de la existencia del mal.

En vano trataba de dar la vuelta a su razonamiento, recordándole que lo real es el bien, la bondad, la belleza…

—¿La belleza? —me dijo—. Mire, yo sé lo que hay en el reverso del tapiz. He trabajado en eso toda mi vida. La belleza que vemos siempre es un engaño: es cuestión de técnica. El genio es sólo artesanía.

Me enfadé. Le dije que se le estaba pasando la edad de hacer frases ingeniosas y cínicas; que la belleza es mucho más que eso y él lo sabía. Y, aunque no soy capaz ahora de recordar todo lo que hablamos aquella tarde en un hotel de la Sierra, sí que me parece ver el amplio ventanal que teníamos delante y el paisaje grandioso que se divisaba.

—Si la belleza es sólo artesanía, Dios entonces es un maravilloso artesano que pinta una y otra vez su autorretrato. Usted lo ha estado buscando en toda su obra.

Unos días más tarde dio un pequeño paso:

—Sí, es posible que el artista, sobre todo el poeta, encuentre “algo” más allá de las palabras; quizá la belleza sea un misterio…

Terminamos la tarde hablando de música. Le habría gustado este texto de Joseph Ratzinger que, por supuesto, yo entonces no conocía:

Sigue siendo una experiencia inolvidable para mí el concierto de Bach dirigido por Leonard Bernstein en Munich, tras la prematura muerte de Karl Richter. Estaba sentado al lado del obispo evangélico Hanselmann, Cuando se apagó triunfalmente la última nota de una de las grandes cantatas del solista Thomas, nos miramos espontáneamente el uno el otro y con la misma espontaneidad dijimos: "Los que hayan escuchado esta música saben que la fe es verdadera". En esa música se percibía una fuerza extraordinaria de Realidad presente, que suscitaba, no mediante deducciones, sino a través del impacto del corazón, la evidencia de que aquello no podía surgir de la nada; sólo podía nacer gracias a la fuerza de la Verdad, que se actualiza en la inspiración del compositor.

Son sólo recuerdos inconexos del día de Santa Cecilia, Patrona de la música.

10 comentarios:

trozos de vidas dijo...

Hay que acercarse de puntillas para ver la belleza. Recuerdo una vez, en una finca, la Nava en Ciudad Real, que me levantaba temprano para ver amanecer desde el jardín escuchando de fondo la berrea de los ciervos... maravilloso!!

Y unos versos des Baudelair en las Flores del Mal, que decían sobre la belleza:
"Tu contiens dans ton oeil le couchant et l'aurore ;
Tu répands des parfums comme un soir orageux ;
Tes baisers sont un philtre et ta bouche une amphore
Qui font le héros lâche et l'enfant courageux".

Pero no los pìenso traducir, lo siento.

Anónimo dijo...

Siempre me ha parecido que ante la belleza, p. ej., de la naturaleza,el sentimiento adecuado es de contemplación, de admiración y de gratitud. Y el creyente tiene claro a quien dirigir el agrendimiento. Pero, el ateo, ¿a quién dirige el agradecimiento? Imagino que es par él una sensación un tanto absurda.

Anónimo dijo...

"...la fuerza de la Verdad, que se actualiza en la inspiracion del compositor". Gracias D.Enrique.
De todos modos, si Dios no regala la Fe, se buscan explicaciones para todo, de lo más complicadas. Audage nobis fidem!

Anónimo dijo...

Difícil VER a Dios en su creación, pero que bien se le SIENTE con nuestros sentidos. Hermoso texto de Benedicto XVI sobre la belleza. El comentario que hace después sobre el icono de La Trinidad de Rublev es tan bello, nos invita a saber ver en el arte las manifestaciones divinas. Dios tiene medios infinitos de revelarse. Gracias don Enrique por recordarnos tan hermoso mensaje.
Felicidades a todos los músicos, poetas, cantantes. Dios los bendiga con tan grandes dones.

rsanzcarrera dijo...

Muchas gracias por sus entradas diarias. Ya ve que le copio de vez en cuando. Acuérdese un poco de este cura pensador y pajarero. Este año me parece que no nos veremos en Oviedo, en enero, pues iré a Valladolid a mi curso de retiro.
Saludos

Mariano C dijo...

Efectivamente, hay una belleza creada por algunos hombres que no saben que Dios está detrás de ellos -podría ser el caso de su anciano escritor en aquellos años-
Menos mal que, por lo que cuenta, hubo un primer paso.
¿Hubo más pasos?
Conociéndole y sabiendo lo "pesados" que son los de Bilbao, estoy seguro que sí.

Enrique Monasterio dijo...

Rafa, Rafa, colega, ¿Cuándo dejarás de tratarme de usted? ¿Tan decrépito me ves?

eligelavida dijo...

“La música revela la verdad de Dios” y despierta en los oyentes resonancias “que son como un sintonizarse con Su verdad y belleza”. También son palabras del Papa. ¡Felicidades para todos los músicos!

Anónimo dijo...

Anonimo, el ateo busca el auto placer, la auto satisfaccion, el altruismo por el mero sentido de ser bueno y sentirse satisfecho. En el pais donde yo vivo, lo hecen por que se vea que son buenos... Pero esta todo vacio. Sin querer al ver la belleza del mundo se experimenta el Wonder and Awe, don del Espiritu Santo, que ahora no me sale en español....

trozosdevidas dijo...

Aunque estoy de acuerdo con casi todos, conozco a algún ateo que se convirtió a través de la belleza...