viernes, 5 de junio de 2009

Match ball



El campeón ya ha hecho lo más difícil y ahora debe concluir la faena. Toma la pelota con la mano izquierda y la acaricia con los dedos mientras calcula en qué punto exacto de la pista debe colocarla con toda la fuerza de su brazo. Está cansado, pero sereno: han sido más de tres horas de lucha imponente contra un rival incómodo e incansable. Ha peleado cada juego, cada punto, sin entregar ninguno, a pesar de los gritos desaforados de un público hostil, del sol inclemente que ha contribuido a aumentar su fatiga y de las piernas de su contrincante que parecían llegar a todas partes en décimas de segundo.

La prensa ha hablado de su “fuerza mental”, de su legendaria capacidad de concentración, que es su mejor arma, y hoy, al llegar a este set ball, match ball, sabe que todo está a su favor. La bola que sujeta en la mano puede ser la última; debe serlo, para terminar de una vez.

El campeón se seca con la muñequera una gota de sudor que le cae por la frente y realiza dos o tres movimientos rituales que todos conocen bien y que incluso han parodiado muchos en el circuito: levanta un poco de tierra con su pie izquierdo, mueve la cabeza como una peonza en todas las direcciones y, en voz muy baja, repite una palabra-talismán que nadie conoce. Se hace silencio en la pista.

Ahora mira a su joven rival. Es un chiquillo de 18 años que está contento por haber llegado hasta aquí: perder en el quinto set contra el número uno vale casi tanto como una victoria. El chico devuelve la mirada al campeón y sonríe. Es una sonrisa de resignación y hasta de agradecimiento, pero el número uno se desconcierta. ¿De qué se ríe ese niño?

De pronto el campeón tiene miedo. Piensa que los espectadores están allí para reírse de él cuando se hunda en el último momento. Se ve viejo, incapaz de levantar la raqueta. Le pesan los brazos y tiembla como una hoja. El corazón se le acelera aún más y la ansiedad se convierte en pánico. Recuerda entonces lo que oyó en Italia al terminar un torneo:

– “la paura di vincere”, el miedo a ganar, es el peor enemigo.

En el momento de lanzar la bola, el campeón ya sabe que todo está perdido.


Kloster

9 comentarios:

Enrique Monasterio dijo...

Acertaste, Mercedes: por eso no publico tu comentario

Diana Márquez Luna dijo...

"El miedo a ganar es el peor enemigo". Me encanta esta frase, y no la conocía. ¿Puede decirme quién es el autor? Gracias por adelantado.

Enrique Monasterio dijo...

¿El autor?
Un tal Kloster

yomisma dijo...

Albricias! Nos viene en camino otra niña! Os pido oraciones para que sea guapa, lista y buena. Gracias a todos.

Andrés Cárdenas M. dijo...

Parece la foto de Djokovic, ¿futuro campeón?

Anónimo dijo...

¿Miedo a ganar? nunca había oido hablar de ese miedo.

Porque no me suelo encontrar en esa tesitura o por lo que sea no soy capaz de saber de qué miedo se trata realmente, salvo que no se quiera realmente ganar. A algunos les gusta vivir en el eterno lamento, pero no es el caso del campeón del relato.

Una pista, por fa.

Verónica dijo...

¡Me ha encantado! ¡Lo bien que escribe este Kloster! Pero -será D. Enrique que seremos cortos de entendederas- por favor, dénos alguna pista. ¿Qué es lo que había acertado Mercedes? Supongo que como es una "parábola", tal vez no tiene un claro paralelismo en la vida real... En cualquier caso, es magnífico, y me lo aplico a mí misma, vaya si me lo aplico.

Isa dijo...

¡Qué poema al tenista! Horacio a su lado se queda corto...
Me ha encantado...pero me da pena el final...

Belvís dijo...

Hola a todos!!

Yo sí he oído hablar de ese miedo a ganar...Se comenta mucho en los últimos puntos de cada partido...La presión, el miedo a fallar en el momento decisivo...

A mi también me ha dado penita el final...quizá porque pensaba en nuestro tenista...pero me da la impresión de que el miedo en realidad es al ridículo, a lo que piensen los demás...Y ese no es su caso :-)

(¿Una pista de lo que acertó Mercedes??? Yo también estoy muy intrigada)