sábado, 20 de febrero de 2010

El invierno de Riaza


Ayer por la mañana tuve que acercarme al pueblo para resolver un pequeño problema con el aceite del coche. El mecánico, un tipo encantador y competente, me sugirió que me diera un paseo.

—En media hora lo tiene usted.

Me dirigí a la Plaza. Hacía tanto frío que, por un momento, pensé regresar para refugiarme en el garaje. Pero el espectáculo era hermoso y terrible. El cielo caía lentamente sobre los balcones y amenazaba con envolvernos una niebla sucia de color pardo que ya había devorado los montes vecinos. ¿El invierno nuclear? Tal vez. La brisa hacía danzar en el aire unos copos minúsculos de nieve. Ni un sonido, ni un alma ni un pájaro.

Me vinieron a la memoria unos versos de Pedro Antonio Urbina., que no tengo necesidad de consultar:
Es que se van las aves,
es que el sol está lejos,
es que el mar se repliega
y los árboles huyen
—entre un caer de hojas—
corriendo…
No, no es nadie el invierno,
nada,
es que todos se han ido.

Sólo la panadería estaba viva. El aroma del pan recién salido del horno me atrajo como un imán.



3 comentarios:

Isa dijo...

Madre mía, usted disfruta con ese tiempo y a mí me espanta...Hoy ha salido un día soleado en Murcia, después de muchos lloviendo, y ¡menuda alegría!

JUANMA SUÁREZ dijo...

El olor del pan recién hecho; no hay nada como empezar una mañana con ese olor en la atmósfera..., o el de los churros friéndose en el aceite caliente y humeante...

Aguila _ Roja dijo...

Querido D. Enrique: años llevo haciendo un propósito que hoy se cumple: escribirle unas lineas para agradecerle lo que escribe. Fan incondiconal suyo, le tengo en mi lista de oraciones desde hace años. Hoy además motivado por este post concreto, le digo: mi padre es natural de un pueblo cercano y esos pueblos segovianos no me son nada extraños. Ni la Virgen de Hontanares ni el terrenito de monte paterno con encinas ni la casa que hizo mi padre con sus manos, aneja a la de mi abuelo donde pasaba consulta un médico de Riaguas de San Bartolomé, padre de dos hijos santos, un joven mártir y un sacerdote, ya vinculados después a Toledo. Si no la conoce, le pido que visite la cercana ermita del Santo Cristo del Corporario, que un primo mio aparejador restauró. Y que allí rece por España, y por mi, que falta me hace... para que siga fuerte frenta a la adversidad y haga todo lo que Dios me pida hacer