martes, 2 de febrero de 2010

Soledad

Los hospitales siempre me dejan un sabor agridulce. En ningún otro sitio se percibe con tanta fuerza la realidad de la Gracia de Dios; pero hay demasiada tristeza en algunas miradas, y mucho miedo en otras, y tanta soledad.

Hace dos días me detuvo un enfermo de unos cincuenta años, que caminaba en pijama por un pasillo arrastrando un gotero con la mano derecha y agarrado del brazo de alguien que podía ser su hijo. Me hizo un gesto para que me acercara, despachó a su acompañante y me invitó a charlar. Habló de su enfermedad.

—No sé lo que tengo. Creo que me voy a morir, pero nadie me lo explica con claridad.

Me pidió que le recomendara un “libro religioso” de fácil lectura. Luego hablamos un cuarto de hora o quizá un poco más. Tiempo suficiente, en todo caso, para arreglar sus asuntos discretamente y recuperar la sonrisa. Me pidió que volviera a verlo.

—Estoy muy sólo —dijo sin el menor dramatismo—. Aquí uno aprende lo que es la soledad.

—Yo te veo bastante acompañado —le contesté señalando a la pequeña salita donde le esperaban algunos amigos y parientes—.

—¿Esos…? No son compañía. Son… —se tragó la palabra que estaba pensando—. Van a lo suyo.

Ya en la calle traté de dar gracias a Dios por mi buena salud y por estar tan acompañado siempre de personas que me quieren. Y sentí un poco de vergüenza cuando me sorprendí a mí mismo cantando una canción humorística dentro del coche.

17 comentarios:

GAZTELU dijo...

Madre Teresa de calcuta ya lo decia,no hay cáncer peor que la falta de amor y la soledad....
Hay tanta gente sola en este mundo en tan diversas circunstancias,que a mi personalmente,me remueve interiormente,y muchas veces me pregunto,que puedo yo hacer con esta u otra persona que vive en la más absoluta de las soledades aunque esté rodeada de mucha gente.
GRACIAS POR LA ENTRADA

Relicary's Blog dijo...

Es una historia dura... Sin amor entre nosotros, podemos llegar a un momento en que no tengamos nada...

Espero que este señor encuentre Amor y compañía. Quizás el libro que le recomendó, le ayude :)

Es martes, ¡buenos días!

Nubosidad Variable dijo...

Ayer mi hija mayor -3 años- llegó del cole con un sobre amarillo en el que la profesora haia escrito Haití, me explico con su lengua de trapo que había que meter "ninero" para los niños que son pobrecitos porque no tienen casa, esta mañana ha vaciado su hucha en el sobre y todos en la casa hemos añadido nuestra contribución... ¡Ojalá que los años no borren su generosidad, y sepa dar lo poco o mucho que tenga a los demás!

Isa dijo...

Qué pena don Enrique...Por lo menos este señor encontró su ayuda y usted le pudo confortar.
Cuánta gente hay así...yo me sorprendo cuando voy a veces a los asilos a visitar a ancianillos al oír las historias que me cuentan y lo solos que están. Pero lo peor son aquellas personas que no reconocen que están más solos que la una y los que van encaminados a ello pero no escuchan los consejos que se les da para que no caigan antes o después en esa soledad.
Gracias, porque me ha ayudado a darme cuenta de lo afortunada que soy al tener a tanta gente a mi alrededor que me quiere de verdad y que me cuida tanto tanto. Eso me lleva a ser más agradecida con Dios.
Por cierto, qué gracioso eso de la cancioncilla...hubiera dado todo por haber estado dentro de ese coche...

Anónimo dijo...

Desde ese encuentro con el sacerdote "ya no se llama cáncer, se llama cruz" y le va a dar mucha paz...

MS dijo...

Llevo varios meses leyendo el globo aunque nunca escribo. Hoy no puedo evitar hacerlo, ya que lo hago desde un hospital de Madrid donde está ingresada mi hija de 2 años. Como soy de Bilbao, y a pesar de tener familia aquí, a ratos, también me siento un poco sola. Aprovecho el comentario para pedirle, D. Enrique, y a todos los que leen su "globo" una oración por mi hija para que estemos pronto en casa y sin malas noticias. Cualquier estancia en un hospital es dura, pero cuando se trata de niños, mucho más. Gracias a todos y un abrazo.

Marcela Duque dijo...

Me parece tremendo. La soledad siempre se me ha aparecido como una especie de océano insondable en el que nunca quisiera meterme y del que quisiera sacar a mucha gente. Si pudiera acompañar a alguien a estar solo, daría mi vida por bien servida.
Justo la última publicación de mi blog iba un poco sobre la soledad ("La admiración y la soledad"). Es algo muy distinto, claramente, pero en el fondo todos hemos sentido esa especie de sinsabor.

luis dijo...

por curiosidad, qué libro le recomendó?

Bernardo dijo...

Pobre hombre. Don Enrique, su condición sacerdotal le permitió acercarse a ese hombre con "impunidad", pero no sé por qué tengo la sospecha de que "los de la salita" habrían saltado cual guardia pretoriana de no haber sido usted sacerdote.

Tampoco tengo muy claro que los médicos estén obrando correctamente al no contarle al paciente lo que le ocurre. Yo diría que este hombre podría soportar saber la verdad.

Anónimo dijo...

En el mundo habemos muchos que estamos rodeados con gente como "la salita" que esperan un regalo por acompañarte.

No me gusta la soledad, nunca me ha gustado y cada dia trato de difumarla en mi vida y en la vida de los q me rodean.

Un abrazo.

Burbujita de Mani.

Anónimo dijo...

Hay un voluntariado que es hacer visitas a las personas ingresadas en Hospitales y que se encuentran solas. A lo largo del tiempo me he dado cuenta que hay muchas personas rodeadas de mucha gente que se encuentran realmente solas. Hay veces que como ya te conocen y saben de tu labor te piden pases con ellas un ratito, un día le conteste a una Sra que me lo habia pedido: si Vd. no suele estar sola,siempre la veo por el pasillo con su familia, la contestación fue similar a la que le han dado a Vd. Don Enrique. Si, me dejan hablar y hablar pero no me escuchan y no oyen mis problemas.Durante su estancia en el Hospital procure visitarla con frecuencia, hoy en día me sigue llamando por teléfono cuando tiene algo que contar o qe para ella es importante. Es verdad que a veces no vemos la necesidad de la compañia ya que nosotros no la sentimos o tenemos. Cuantas gracias debemos de dar......

Gilca dijo...

Coincido con usted y me uno a sus agradecimientos por tantas cosas estupendas que he recibido y recibo cada día. También me da verguenza pensar en la capacidad que uno tiene de darle importancia a nuestras "pequeñas chorradas" cuando tendría que estar constantemente pensando en la inmensa suerte que tengo.
Thank´s

INÉS dijo...

A mi me preocupa que, en general, tengamos un corazón tan grande para los que sufren lejos de nosotros y tan pequeño para los que tenemos al lado.
¡Que dificil querer al próximo!

Papathoma dijo...

MS: puedes contar con mi oración y la de todos.No estás sola, cada día en muchos rincones del mundo habrá alguien rezando por tu niña y por tí, y seguro que D. Enrique se acuerda de ella en su Misa. Un abrazo enorme y que Dios te conceda la salud de tu peque.

Anónimo dijo...

D. Enrique, hace muchos años que trabajo en un hospital, además de estar muy acostumbrada a ver mucho dolor y esas "soledades"...lo que hace tiempo me duele realmente es no encontrar por el pasillo de mi hospital,sacerdotes, que como usted, pueda consolar, aconsejar, administrar sacramentos, o simplemente charlar.
Rogemos pues, al Señor de la mies,que mande muchos obreros a su mies, mientras nosotros hacemos lo que podemos...Gracias.

Nuria dijo...

M S, rezaré por tu hija... Ánimo!!
Qué suerte los que tenemos a alguien a nuestro lado!! Es para dar gracias!!

Ineska dijo...

Sabe que a veces me gustaría llevar alzacuellos? evidentemente es imposible pero a veces realmente envidio esa "accesibilidad" que da la tira blanca. Soy enfermera, y aunque soy consciente de mi trabajo en cierta manera es muy sacerdotal; qué difícil resulta a veces desde el pijama verde poder hablar de Dios! Rece x mí, para que también yo sepa aliviar la soledad de mis enfermos