martes, 1 de junio de 2010

Los burros, la crisis y los funcionarios

El bueno de Jose H. me envía la siguiente parábola rural y financiera. Copio y pego.

Se solicitó a un prestigioso asesor financiero que explicara la crisis de una forma sencilla, para que la gente entendiera de qué iba la cosa. Él contó la siguiente historia:

Un señor se dirigió a cierta aldea y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente regresó y ofreció un mejor precio: 150 euritos por cada burro. Otros tantos aldeanos vendieron los suyos. A continuación ofreció 300 euros y el resto de la población vendió hasta el último asno.

Cuando ya no quedaban animales, subió aún más el precio: 500 euros estaba dispuesto a pagar, y dio a entender que los compraría la semana siguiente. Dicho lo cual, se marchó.

Poco después envió a su ayudante a la aldea vender a los paisanos los mismos burros a 400 euros cada uno. Los aldeanos, ante la perspectiva de revenderlos por 5oo, los volvieron a comprar, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado.

Como era de esperar, el ayudante y su señor no volvieron a aparecer.

Resultado: La aldea se llenó de burros y de aldeanos endeudados hasta las cejas.


Hasta aquí lo que contó el asesor. Veamos lo que pasó después:

Los que habían pedido dinero prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo. Los prestamistas entonces se quejaron al ayuntamiento ya que, si no cobraban, se arruinarían ellos y no podrían seguir prestando a nadie. Por tanto se arruinaría también el pueblo.

Para que los prestamistas no se arruinaran, el alcalde les subvencionó convenientemente en vez de dar ese dinero a la gente para que pagara las deudas. Y como los prestamistas no perdonaron las deudas a los del pueblo, los aldeanos siguieron endeudándose cada vez más.

El Alcalde había dilapidado el presupuesto del Ayuntamiento, con lo que el Municipio quedó también endeudado. Entonces pidió dinero a otros ayuntamientos; pero éstos le dijeron que no podían ayudarle, ya que un ayuntamiento arruinado nunca podría devolver lo que le prestasen.

Resultado final:

Los listos del principio, forrados.

Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda. Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida. El Ayuntamiento igualmente arruinado.

Naturalmente, para resolver la crisis y salvar al pueblo, el Ayuntamiento bajó el sueldo a sus funcionarios.

8 comentarios:

Burbujita de Mani dijo...

Siempre habra uno mas vivo que otro...excelente parabola. Me queda mas que claro que en momentos de necesidad no siempre habra ayuda, gracias D. Henrique por compartir tan espectacular entrada.

Slds

Almudena dijo...

Y los menos "burros" de todos, los burros. Está genial la parábola. ¿No tendría el economista, por casualidad, alguna otra con la solución al problema?

Bernardo dijo...

Qué bonita historia. Los aldeanos no supieron valorar sus burros. O sucumbieron a la avaricia o la envidia, que es peor. He ahí la raíz del problema.

cristina v dijo...

Claro, así estamos. La avaricia rompe el saco.

nico dijo...

Me ha dado una idea. Yo les voy a comprar ahora los caballos a estos tontos.

maria dijo...

Y hay quienes venden burros que no tienen en su patrimonio ... ventas a futuro o como decimos por acá o " ventas cortas" en la bolsa ( derivados financieros) que también causan una burbuja bursátil .

Mientras necesitemos burros habrá especulación.

Anónimo dijo...

Esta también le gustará. Circula por internet

¿Cual es la diferencia entre trabajar y no hacerlo?.

¿Lo calculamos juntos? Será sólo un ejemplo. Vamos allá:

Tenemos a Paco y a Manolo. Paco y Manolo entraron a trabajar juntos en una ferretería. Por razones diversas, Paco fue despedido hace tres años, recibió diez mil euros de indemnización, y desde entonces está en el paro.

Manolo sigue en la ferretería, trabaja cuarenta horas semanales y cobra 1200 netos € al mes.

Paco cobró 740 € de paro durante dos años y ahora cobra 420 €, y si no, estaría cobrando la ayuda familiar. Por tanto pongamos que, de media, en este tiempo Paco cobra de ayudas y subsidios unos 575 € al mes.

Manolo, por tanto, se levanta todos los días a las siete y media de la mañana y trabaja ocho horas, por 425 € de diferencia respecto a su ex-compañero, que no hace nada. Su salario real es de 2,75 € la hora. ¿Qué os parece?

Con cualquier chapucilla en negro que encuentre Paco, y que cobre a más de 2,75 € la hora, ya estará ganando más que el que sigue trabajando y cotizando.

Pero es que además, si seguimos con el supuesto de vidas paralelas, ambos viven con sus parejas, con las que no se han casado (eso es de carcas), y sus chicas trabajan de cajeras en el mismo supermercado, ganando 800 € netos al mes.

Por tanto, la cosa no se detiene en los 475 € que Manolo ganaba de más trabajando.

Paco tiene derecho a una VPO, y Manolo no.

El hijo pequeño de Paco tiene preferencia en la guardería municipal, y para el de Manolo no hay plaza y lo tiene que llevar a una privada.

El hijo mayor de Paco tiene derecho a beca y el de Manolo no.

Paco no tiene que hacer declaración de IRPF y Manolo tiene que hacerla.

Podría seguir, pero me detengo aquí.

Al final, ¿por cuánto está trabajando Manolo en la ferretería? Lo cierto es que por NADA o por una cantidad cercana a cero. Manolo trabaja porque es idiota ya que, sin trabajar, ganaría mucho más y en su casa se viviría mucho mejor.

¿Qué tiene de raro que Manolo llegue todos los días tarde a trabajar, o trate mal a los clientes de la ferretería, intentando que también lo despidan a él?

Ya me diréis, si es normal o no que el país vaya como va. Y si creéis que me paso, enviad este artículo a algún amigo y cada cual tendrá más de un caso que contaros.

Juanan dijo...

Jojo, la parábola es tan real y tan contundente que hasta da miedo. Viendo cómo está el mundo, parece que la mejor opción es venderlo todo, comprarse una parcelita en el campo y ponerse a cultivar la tierra y criar marranos. Y tener una escopeta preparada para cazar de vez en cuando (o para recibir a los hombres de negocios).