viernes, 31 de agosto de 2012

La piscina



40 años llevaba el paralítico junto a la piscina de Betesda a la espera de que alguien le ayudase a entrar en el agua para librarse de su enfermedad.
Hoy cumplo yo 43 desde mi ordenación sacerdotal y sigo haciendo el ridículo como el primer día. No me felicitéis; rezad para que, por fin, pase Jesús a mi lado y me pregunte como al paralítico: "¿quieres curarte?"
Es una buena pregunta.

jueves, 30 de agosto de 2012

¿Volverán las oscuras golondrinas?


Esta mañana, nada más oír el impertinente pitido del despertador, me ha venido a los labios entre signos de interrogación ese verso de mi amigo Gustavo Adolfo. Él estaba seguro de que volverían las golondrinas; yo no lo tengo claro. Este año apenas han aparecido por los lugares que he frecuentado. ¿Se habrán ido a Alemania por culpa de la prima de riesgo?
Dani, porfa; dime que me equivoco, que tu te has hinchado a ver golondrinas y que incluso las has filmado para que las vean tus alumnos.

Nuevas implicaciones de la Ley de Murphy


Cuando cierres la maleta y estés a punto ya de emprender un viaje, respira hondo: tendrás que abrirla una vez más para meter algo importante que se te había olvidado.
Si debes sacar algo de la maleta, no le des vueltas: está al fondo, en el lugar más inaccesible.




miércoles, 29 de agosto de 2012

La escapada



Hoy los dos curas que quedamos en Molinoviejo nos hemos escapado por unas horas rumbo a Pedraza. Los dos habíamos estado allí otras veces, pero Pedraza ejerce una atracción irresistible especialmente sobre los que ya la conocen.
La entrada del Citroën no fue muy gloriosa. Me equivoqué de dirección, tomé una ruta prohibida y acabé en el centro mismo de la plaza de toros, solo pero sin capote, Mi colega hizo un intento de bajarse del coche para sacar una fotografía, pero di la vuelta al ruedo y salí por la puerta grande.
Dejamos el vehículo en una explanada  y nos dispusimos a recorrer el pueblo a pie. No hay grandes monumentos en Pedraza aparte del castillo y la muralla, pero, cuando uno pasea por sus callejuelas, entre casonas de piedra, balcones florecidos y escudos nobiliarios mordidos por la erosión, se tiene la impresión de que hasta el aire ha llegado de otra época muy lejana.
En Pedraza los únicos establecimientos visibles son hornos de pan, tiendas de artesanía local y restaurantes rurales donde reina majestuoso el cordero. En el jardín de “doña Joaquina” rendimos cumplida pleitesía al soberano.
De regreso a casa nos detuvimos casi una hora en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla, patrona de Segovia, para rezar el rosario y hacer un rato de oración. Ésta es la historia del templo y de la imagen.
Nuestra estancia en Molinoviejo tiene ya las horas contadas.  
 

¿Hipócrita, yo?


“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! (…) Por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía.” (Del Evangelio de la Misa de hoy: Mateo, 23, 27 y ss)


―¿Estará hablando de nosotros el Señor?
―¡No, por Dios; qué cosas tienes, Kloster! Nosotros nunca seremos hipócritas. No hay más que vernos: humildes, piadosos, amigos de nuestros amigos, amantes de las aves del Cielo. Somos buena gente, te lo digo yo.
―Y no sólo lo dices tú: la gran mayoría de los comentaristas del blog te comparan con Salomón por tu sabiduría, con Gracián por tu depurado estilo y con Santa Teresa de Lisieux por tu piedad. De mí no opinan lo mismo, es cierto, pero todos coinciden en que soy hombre de una pieza, sin doblez ni engaño.
―O sea que podemos estar satisfechos. Siempre he pensado que hipócritas, lo que se dice hipócritas, son sólo los demás. Y está bien que Jesús les dé leña.
―Cuando dices “los demás…”
―Pienso, por supuesto, en los políticos, que nos mienten por costumbre y encima sonríen; en los banqueros, que nos engañan para sacarnos el dinero; en los sindicalistas, en los eurócratas, en los jueces; en los mendigos, que se colocan a la salida de las iglesias después de aparcar su cochazo unos metros más allá; en los telepredicadores, en los vendedores de la teletienda, en los futbolistas que cambian de equipo y aseguran siempre que llegan al club de sus sueños; en…
―¡Vale, vale, tío! Entonces demos gracias a Dios. “Señor, te doy gracias por no ser como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros…” Ayuno cuando estoy a dieta, doy limosna. Y encima soy sincero, no como esos individuos...
―Oye, Kloster, esa oración me suena.
―Bueno, es verdad. Se parece un poco a la del Fariseo en el templo. Un tipo estúpido que en realidad no existió nunca; es sólo un personaje de parábola, una mala caricatura.

martes, 28 de agosto de 2012

Duda ortográfica



―Papá,  ¿“ayuntamiento” se escribe con hache?
―No, hijo mío. ¿por qué lo preguntas?
―Por esto…

Dani en ebullición



Dani Morcillo, con su cámara a cuestas, está a punto de sacar su tradicional vídeo pajarero de fin de verano. De momento, publica este vídeo. en su blog. Es muy breve, sólo treinta segundos, pero bastan y sobran para hacernos reflexionar un poco.
Leed también el comentario; no tiene desperdicio.

Cuenta atrás para el año de la fe

Sólo faltan 44 días. 
El Santo Padre hace once meses anunció al mundo entero que, el 11 octubre de 2012 comenzaría un "año de la fe".  Aquí tenéis en primer lugar el vídeo de aquella homilía. Será un año para la conversión personal, para reforzar la fe recibida en el bautismo y para proclamarla sin miedo en todos los ambientes.


En el segundo vídeo, se detallan algunos de los eventos que tendrán lugar este año.


Y, para más detalles, podéis entrar en esta magnífica web. Está en Italiano, pero creo que se entiende perfectamente.

lunes, 27 de agosto de 2012

Diario íntimo



Nunca se me pasó por la imaginación escribir un diario íntimo, ni siquiera cuando estaba en la edad del pavo y ya comenzaban a aflorar ciertas aficiones literarias. Todavía hoy miro con aire de superioridad a esas adolescentes del siglo XXI que guardan bajo llave un cuadernito de color de rosa lleno de confesiones inconfesables y de corazones flotantes, igualitos a los que dibujaban sus abuelas.
 
Sin embargo, después de cinco años y medio embarcado en el globo con el compromiso de escribir al menos una línea cada día, me pregunto si no estaré cayendo en la misma tentación. ¿Habré vuelto sin darme cuenta a mis años de rosas y lágrimas?
 
―Esto es un diario, amigo Kloster. Y tan íntimo como el de una niña de 15 años con acné en el alma.
 
Trata de tranquilizarme mi amigo con el pobre argumento de que el globo es público y cada vez más notorio, hasta el punto de que hay quien copia cada día la última entrada para distribuirla Dios sabe por dónde.
 
―En Internet no hay cajones cerrados ―concluye―.
 
―Tienes razón, colega; pero al repasar los miles de escritos que han ido saliendo aquí desde febrero de 2007, veo con cierta aprensión que he ido perdiendo el pudor progresivamente. He dejado pedazos del corazón diseminados por el globo. He hecho a veces mi oración en voz alta. Casi he llorado en ocasiones. Y no sé qué es más duro: que algunos lectores lloren conmigo o que otros bostecen de aburrimiento.
 
Para colmo, el globo se me ha llenado de mujeres que dialogan entre ellas, meten la nariz por todas partes y me llaman don Henry.
 
―No sé, amigo Kloster, no sé. Yo soy de Bilbao. ¿Cómo he podido caer tan bajo? ¿Quién me ha reblandecido las meninges?
 
―Son los pájaros melancólicos del otoño. No te rindas, colega; pronto llegará la Navidad.
 

domingo, 26 de agosto de 2012

Postdata


Luis me ha telefoneado hace diez minutos a para agradecerme lo que he escrito sobre su historia "con tanta bondad". Me dice que os de las gracias por vuestras oraciones y que cuenta con ellas para el futuro, “sirvan o no”.
―Por ahora no escriba más sobre mí ―ha añadido―. Le pedí que lo hiciera, pero me siento como desnudo. Diga, si quiere, que mañana lunes me compraré un rosario, ahora que sé "cómo funciona".
Por tanto, fin de la historia.


Supervisor de nubes


 Estas aves no son de aquí. Y las nubes tampoco. La foto me llega desde Paraguay
Empieza a presentirse el otoño. No sólo es el descenso de la temperatura. Son las nubes las que marcan la diferencia. Las nubes son como las aves migratorias. En verano vienen de África, como las oropéndolas o las águilas calzadas. Son nubes secas, hinchadas de arena del desierto. Si alguna vez descargan agua tibia, uno teme que caigan también camellos del cielo.
Hace unos días bajé a Madrid y, nada más pasar el túnel que divide las dos mesetas, me topé de frente con un nubarrón africano que parecía cubrir toda la ciudad. A punto estuve de retroceder.
Las nubes del otoño, en cambio, son blancas o negras, pero limpias y refrescantes, como las avefrías que acompañan a las primeras nieves o como esos cientos de grullas que vienen en procesión a la Península Ibérica.
Ayer llegaron las primeras nubes de otoño galopando desde el norte. Las oropéndolas, entre tanto, ya han hecho el equipaje. Apenas se las oye por la mañana. Seguramente van ya camino de África. 


sábado, 25 de agosto de 2012

La última oportunidad



La llamada telefónica me dejó in tanto desconcertado.
―Perdone, don Enrique. Encontré su teléfono en el blog. Así que supongo que no le importa…
―No, por supuesto, dígame.
―Usted no me conoce. He comentado alguno de sus escritos en el blog, pero no he dado mi nombre. Casi nunca los ha publicado, quizá porque soy un poco violento, no sé…
Mi interlocutor acabó por identificarse y me pidió una entrevista.
―Quiero darle una última oportunidad a la Iglesia ―añadió―.
Hoy he bajado a Madrid y me he encontrado con él en su casa de la calle Ayala.
―Si quiere, puede decir en su globo que me llamo Luis, que tengo 62 años y que soy un divorciado múltiple.
No contaré toda su larga historia. Al menos, hoy no, a pesar de que Luis casi me ha rogado que la ponga por escrito.
―De esta forma podré leerla y a lo mejor empiezo a entenderme yo mismo.
He regresado tarde y muy cansado a Molinoviejo. Antes de acostarme leo las notas que he tomado en la agenda, de las que entresaco sólo un párrafo, de cuya literalidad respondo casi por completo.
―Créame, don Henry*; el divorcio crea hábito. Soy un adicto. A los veinte años me divorcié de la Iglesia. A los veintidós dejé a la única chica que me ha querido. A los veinticinco dejé el partido comunista. A los veintiséis me fui del psoe y luego me divorcié para siempre de la política. Me casé a los treinta y uno y me divorcié tres meses después. Luego fui reincidente; me volví a casar y me volví a divorciar. He sido masón durante diez años, pero también me divorcié de ellos; son unos palurdos. Mi hija se ha ido con su madre, o sea que se ha divorciado de mí. Dice que soy un fracasado, pero tengo dinero, una buena casa y una mujer, mi pareja actual, de la que espero no separarme. El domingo pasado decidí divorciarme de la vida y suicidarme, pero antes entré en su blog. Usted contaba que había llevado la comunión a un enfermo. Me emocionó tanto el relato que estuve llorando casi media hora. Para colmo, ayer nos hablaba en su globito de la memoria, de anotar los buenos recuerdos… Yo también los tengo, no crea.
Hemos comido juntos y hemos rezado, “para probar”, un misterio del Rosario. A media tarde, después de tomarse un gin-tonic, me ha confirmado lo que dijo por teléfono.
―Quiero dar una última oportunidad a la Iglesia.
Aquí nos quedamos, de momento.

* Me conmovió lo de "don Henry". Se ha puesto de moda llamarme así entre los globeros.

―¿Sabes lo que te quiero decir?



Hablábamos de los fichajes veraniegos de los equipos de fútbol. Que si los del Athletic se van a forrar con Llorente; que si el Madrid anda mal de pasta. Yo de esas cosas entiendo poco, pero mi amigo, aprovechaba cada pausa de su perorata para preguntar:
―¿Sabes lo que te quiero decir?
¿Qué se responde en estos casos? Yo me limitaba a emitir un sonido vocálico confuso que lo mismo podía significar una cosa que la contraria.
Cuando repitió el ¿sabes-lo-que-te-quiero-decir? por quinta o sexta vez, no pude más y contraataqué.
―¿Lo sabes tú?
No se enfadó ni nada. Seguimos charlando sobre esas frases tontas que empleamos como latiguillos en la conversación. 

viernes, 24 de agosto de 2012

San Bartolomé



 A la vieja ermita de San Bartolomé le ha salido un tejadillo
Ayer hablé de la memoria, y hoy continúo.
el día de San Bartolomé de mil novecientos casi cincuenta..., me fume a escondidas mi primer pitillo, a medias con mi primo. Era un "Buby" y me supo a diablos.
El día de San Bartolomé, unos años antes, me colé en la iglesia y le quité a la imagen del santo el cuchillo que llevaba en la mano. De paso le rompí un dedo. El accidente me llenó de escrúpulos por una temporada.
El día de San Bartolomé de mil novecientos cincuenta y algo, Gorín, enterrador en el cementerio de Lejona, nos contó entre lágrimas y vino tinto, la historia de su hijo azul, que nació muerto y él se trajo a Lejona desde Portugalete, envuelto en papel de periódico, para darle sepultura como Dios manda. Gorín, el hombre más feo de España (ganó un concurso en la tele que lo acredita), decía entre espantosos sollozos que su hijo era más guapo que nosotros, porque era azul.
Aún no me explico cómo dejé escapar aquella historia. Hoy habría escrito un cuento tierno y terrorífico, como los de Allan Poe.
El día de San Bartolomé, cuando ya había cumplido trece o catorce años, me fumé un puro y devolví hasta el primer biberón de mi infancia.
El día de San Bartolomé pasaron muchas más cosas que nunca olvidaré ni contaré; pero es que (aún no lo había dicho) ese día se celebraban y se siguen celebrando las fiestas de mi pueblo.



Memoria de un día cualquiera


Piedras y rosas en la memoria
23 de agosto. Un día corriente, ¿verdad? Sin embargo mi agenda se empeña en recordarme todos los aniversarios, y siempre hay algunos que había olvidado. Son acontecimientos alegres, pero tan de familia o tan personales que ni siquiera deben aparecer aquí. A mí en cambio me sirven para dar gracias a Dios.
Estos días he oído hablar mucho de "la memoria". La memoria de las víctimas de un accidente, la memoria de los atentados, la memoria de la guerra y de las represalias... Y uno empieza a sospechar que, para algunos, la apelación a la memoria es sólo una forma de alimentar el odio.
Entendedme: yo sé que el olvido por sí solo no resuelve nada, pero nos vendría bien un poco de amnesia. O mejor aún: unamos a cada recuerdo amargo otro feliz. Los ha habido, y muchos. No todo es trágico ni siquiera en las tragedias. Fomentemos la memoria del bien. Recordemos los favores recibidos incluso de aquellos que luego nos ofendieron. Y, si somos cristianos, tratemos de descubrir ese “algo divino” que siempre se esconde en cada acontecimiento.
Así, sólo así, estaremos en condiciones de comenzar a aprender a perdonar.

*   *   *
Un consejo para terminar: apuntad en la agenda electrónica el mejor recuerdo de cada día. “Hoy, 23 de agosto de 2012, me comí un helado a las 10 de la noche en el jardín de Molinoviejo en compañía de...”
El  año próximo la agenda me recordará el primer aniversario. Y volveré a dar gracias a Dios, quizá con otro helado.

jueves, 23 de agosto de 2012

miércoles, 22 de agosto de 2012

Chapa, pintura y tatuajes



Ahora los llaman tatús, quizá por culpa de los recortes. Hoy he ido a Madrid y he visto tres o cuatro muy interesantes.
Los dos primeros los lleva Luis. Nunca lo habría sospechado. Luis, el hijo mayor de Plácido, dirige el taller de chapa y pintura que heredó de su padre. Somos amigos desde hace veinte años, cuando Plácido lo echó de la empresa por una temporada total por nada, porque se le escapó una palabra irreverente, sin querer.
Plácido murió hace cuatro o cinco años por “un tema" de pulmón. Según parece, cuando fundó el taller, trabajaba solo y pintaba los coches sin protegerse con la mascarilla adecuada.
―Mi padre ha respirado pintura de todos los colores ―me explicó Luis―, y claro, tenía el pecho muy mal.
Plácido guardaba junto al billetero, en el enorme bolsillo interior de la chaqueta, un gran crucifijo que le traje yo de Roma con la idea de que lo colgara en la pared. Fue un regalo como agradecimiento por todos los arreglos que me hizo en el coche sin cobrarme jamás un duro.
―¿Está bendecido por el Santo Padre?
―Por supuesto.
―Entonces lo llevaré siempre en el bolsillo.
Hoy he vuelto al taller para un arreglo menor que Luis ha resuelto a base de músculos.
―¿Qué te debo?
―Una cerveza.
En el bar de la esquina me cuenta sus experiencias como legionario y el porqué de los dos tatuajes que lleva: en el brazo, el nombre de su mujer, y en el pecho…
―”¡Viva la muerte!”
Se ha abierto la camisa para que toda la barra del bar pueda leerlo.
―Es el lema de la Legión. A que es bueno. ¿Verdad, padre?
―Pues hombre, la verdad…
Charlando, charlando, Luis paga la segunda caña.
 

Santa María, Reina


Reproduzco unos párrafos del último capítulo de "El belén que puso Dios" en el que comienzo a imaginar la coronación de María Santísima. Como veis, los narradores son Zabulón, el pastorcillo tonto, y Salomé, la lavandera. La historia continúa con las doce estrellas, los magos, San José... Pero sería demasiada largo para un post en el globo.
El caso es que hoy celebramos la fiesta de Santa María Reina y no me he atrevido a escribir otra versión de la llegada de la Señora al Cielo. 

...Os voy a contar cómo fue. No sé si me conocéis: me llamo Zabulón, y creo que ya he salido antes en esta historia.
Estaba yo en el Cielo tan tranquilo, jugando con el Niño y con María, como siempre, porque es lo que más me gusta... (Ahora tendría que explicaros —o a lo mejor ya lo sabéis— que en el Cielo también hay un belén, como en Belén y como en vuestra casa). Bueno, pues allí estaba yo y también mi perro, cuando aparecieron dos ángeles y me vistieron de catedrático, con birrete, muceta, toga y todo lo demás. A ellos les gusta hacer estas cosas, así que no le di demasiada importancia. Pero entonces me dijeron que les acompañara, y yo naturalmente me fui volando.
De camino coincidimos con Salomé, que, desde que está en el Cielo, va siempre vestida con delantal y cofia. A ella le gusta ir así; dice que es el uniforme de su oficio, y a todos nos parece estupendo, entre otras cosas porque está guapísima. Sin embargo esta vez resplandecía de forma  particular: la cofia, sin dejar de serlo, se había convertido en una diadema de piedras preciosas, y, como Yahvé siempre dice que Salomé es su Ángel Custodio, se le va poniendo un aire de arcángel, que ya lo veréis cuando os toque venir por esta zona del Paraíso.

Nos asomamos al Cosmos: la noche estaba preciosa. No sé si adivinaban las estrellas lo que iba a ocurrir. Es posible, porque incluso yo, que fui tonto mientras vivía en la tierra, me quedé con los ojos muy abiertos para que me entrara por ellos el firmamento entero. Toda la Creación esperaba en silencio. Hasta los pájaros (que aquí hay millones) parecían contener la respiración. Los bienaventurados —hombres, mujeres, niños y ángeles— venían desde todas las direcciones y ocupaban sus asientos en las tribunas.
—Tú espera aquí —me dijo San Rafael—, que tienes una tarea especial que cumplir.
Enseguida se encendieron las estrellas. No es que antes estuvieran apagadas, pero tampoco se me ocurre forma mejor de decirlo. Fue como una nueva explosión creadora, parecida, según cuentan, a la que hubo al comienzo del universo material.
La luz lo llenó todo y (no me preguntéis cómo) se convirtió en sonido, en acordes de una música imposible, llena de color, que no venía de ninguna parte, porque nacía en cada criatura, en cada uno de los cometas que surcaban el espacio, en cada galaxia y en cada mota de polvo.  De pronto me di cuenta de que toda la Creación cantaba: todos los seres vivos, desde los ángeles hasta los borricos, entonábamos la misma melodía. Era un himno que sólo Yahvé podía entender, porque Él lo ponía en nuestros labios.
Las estrellas comenzaron una danza frenética llena de belleza. Se diría que el orden del Cosmos saltaba en pedazos, pero era una fiesta y no el caos lo que  veíamos delante de nuestros ojos.
Y apareció en el Cielo una grandiosa señal: una mujer vestida del sol, y bajo sus pies, la luna, y ciñendo su frente una corona de doce estrellas.
 Así fue, como lo cuenta San Juan: la silueta adorable de María empezó a dibujarse en el firmamento. Yahvé la pintaba sobre el  muro trasparente que es el espacio donde se expanden y respiran las galaxias: retrataba a su Obra Maestra vestida de reina, y, al mirarla a los ojos, los que la contemplábamos habríamos renunciado con gusto a la Gloria con tal de quedarnos allí para siempre.
¿Cuándo comprendimos que el retrato había cobrado vida? Era, de verdad, la Reina del Cielo, en cuerpo y alma. Tenía la luna, y como un aleteo de ángeles recién nacidos, junto a sus pies descalzos. Su manto azul, tachonado de estrellas, parecía cubrir la tierra. Sólo le faltaba la corona.
Al ver la belleza de mi Madre me quedé tan absorto como aquella noche en Belén, cuando fui a la gruta cargado con la oca. A lo mejor hasta se me puso de nuevo la cara de tonto. Por eso no oí al Arcángel cuando me llamó por primera vez, y tuvo que repetírmelo:
—Vamos, Zabulón, que ahora te toca a ti.

*    *    *   

Yo, de verdad, no sé cómo pude verlo todo si no paraba de llorar como una tonta. Porque, vamos, una nunca ha sido llorona, pero aquí en el Cielo se te ponen unos lagrimones, que, hija, ganas te dan de morirte de gusto.
La Señora estaba divina. Y yo, ya te digo, escondidita, no de miedo, pero sí para llorar más a mis anchas. Y eso que, cuando vi a Zabulón con aquel gorro, que según me dijeron es de doctor o de catedrático, me dio una risa muy recia que no podía parar, y hasta  tuvieron que llamarme la atención. ¡Qué vergüenza, pero qué bien que me lo estaba pasando! ¡Lo que no podía suponer es que me sacarían a mí también a escena! Pues eso es lo que pasó: que se me acercó el Ángel por detrás y me dijo:
—Salomé, la Señora te llama.
Y yo fui.

martes, 21 de agosto de 2012

El búho responde


―Dime, alado observador de la coyuntura, además de los eternos especuladores ¿hay alguien que se beneficie de la crisis?
―En efecto, querido mamífero: los zapateros remendones. Ya que no compráis zapatos nuevos, tenéis que reparar los viejos. Y los afiladores: pronto los oiréis silbar por las calles como en los viejos tiempos. Y las zurcidoras. Volverán los huevos de madera para zurcir calcetines. Y los que arreglan, estiran, encogen, reparan y dar la vuelta a los trajes viejos…
―¿Y los que reparan almas?
―También, colega, también.
 

Murphy responde


No hay situación tan desesperada que no sea susceptible de empeorar.
Sube un grado más la temperatura en Ortigosa del Monte. 

lunes, 20 de agosto de 2012

El violonchelo


Hemos sobrevivido, que no es poco, al día más caluroso del año en Ortigosa del Monte, y yo acabo de ver en la televisión la crónica del homenaje que ha tenido lugar esta mañana a las víctimas del accidente aéreo de Barajas de hace un año. Perdonad la ironía un poco estúpida: a pesar del calor, me he quedado helado.
Oraciones, ni una; ni cruces, ni el menor signo de fe o de esperanza en la dimensión trascendente del hombre. Sólo la consabida alusión a “donde estén” los muertos y el inevitable llanto del violonchelo.
¿Qué pasa con ese violonchelo? ¿Por qué está presente siempre en los responsos laicos que han inventado nuestras autoridades? ¿Eso es todo lo que se les ocurre? ¿Se trata sólo de “recordar” y mover al llanto con el gemido de una melodía?
Estoy del violonchelo hasta la boina. ¡Basta ya de cursilerías laicistas! Un estado aconfesional sabe respetar todas las creencias; no las anula ni las ignora. ¡Recemos todos juntos, amigos; está en juego nuestra dignidad humana! 
No seguiré escribiendo esta noche: bastante se me ha calentado ya la lengua por culpa de este viento africano.

El anuncio del lunes

"El Corte Inglés". ¿Os suena? Este anuncio sí que suena bien. La última noticia es que, por fin, van a uniformar a los dependientes varones. Ya iba siendo hora. Cuántas veces me habré dirigido a un cliente confundiéndolo con un empleado. A ver si a partir de ahora nos aclaramos.
No estaría mal aprovechar los uniformes olímpicos que hayan sobrado.

domingo, 19 de agosto de 2012

El Señor visita a un enfermo



Me esperaba sentado junto a una vieja mesa camilla. Estaba bien abrigado a pesar de que, en la calle, la temperatura superaba ya los treinta grados. Eran las 12 del mediodía. El enfermo respiraba con cierto esfuerzo y recibía oxígeno a través de unos tubitos transparentes que penetraban por la nariz.
Sobre la mesa había un mantel modesto, un tapete de punto y una pequeña palmatoria de loza o porcelana con una vela muy gastada. Él había tratado de encenderla pero fracasaba una y otra vez por culpa del pábilo, que era muy corto, y por el temblor de sus manos.
―Estas cerillas...
Al verme entrar en la habitación, como sabía que yo le traía la comunión, intentó arrodillarse. Le pedí que no lo hiciera.
Dejé sobre el mantel la cajita metálica ―la teca― con la sagrada forma, y el temblor de sus manos se hizo más intenso.
Al fin pudo encender la dichosa vela y yo me puse en pie para comenzar el rito de la Comunión de enfermos.
Pude haber elegido una fórmula más breve, pero pensé que no teníamos prisa y valía la pena dar a la ceremonia la mayor solemnidad posible.
Recordé de pronto aquellos años en que la Comunión a los enfermos se llevaba de forma pública por la calle, con roquete, estola, paño de hombros… Y las gentes se arrodillaban al paso de la Eucaristía cuando oían sonar la campana. En estos pueblos pequeños de la Vieja Castilla todavía sería posible hacerlo.
Cinco minutos más tarde habíamos terminado.
―¿Quieres que vuelva?
―Si, por favor. Siempre que pueda.
Hice varias cosas más esta mañana, pero ninguna tan importante.



El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna” (del Evangelio de la Misa de hoy) 
 
Hoy he recibido sólo dos llamadas telefónicas. Las dos con el mismo recado: ¿podría un sacerdote de Molinoviejo llevar la Comunión a casa de…? 
Se trata de dos personas que apenas pueden moverse. José Luis vive en Otero, cinco kilómetros hacia el Sur; Marisa, en la misma carretera de Segovia, pero hacia el Norte.
Iré yo, y les llevaré el Cielo entero en una cajita de metal. 

sábado, 18 de agosto de 2012

Una invasión de oropéndolas


Nunca he visto tantas oropéndolas en Molinoviejo como este año. Yo sé que el mejor momento del día para ver pájaros es la madrugada, cuando todas las especies se lanzan a por su desayuno y se despreocupan de los posibles observadores; pero, la verdad, estoy un poco desconcertado: las oropéndolas suelen ser escondidizas y tímidas. Les cuesta dejarse ver y se refugian en lo más alto de los álamos, donde construyen unos nidos primorosos. Este año, sin embargo, son como relámpagos amarillos que cruzan el jardín de parte a parte, a pocos centímetros del suelo. Hay demasiadas y empiezo a estar harto. Se lo he dicho esta misma mañana a una hembra, que picoteaba junto a la fuente, sin hacerme el menor caso:
―Mira, chica, estáis perdiendo todo vuestro encanto. Antes tenía que buscaros y me volvíais loco con esos silbidos misteriosos que nunca se sabe de dónde vienen. Ahora sois como gorriones. Un poco de dignidad, por favor, que a este paso os agallinaréis sin  remedio.
―¿Y qué te respondió la oropéndola?
―Buip, buip. 
―Menos mal, colega. Si algún día te contestan, me avisas para que llame a nuestro psiquiatra de cabecera.
―Descuida.

Andrés Ollero y el aborto


Con el título "El acoso a Andrés Ollero", Francisco J. Contreras, publica en el ABC de Sevilla este espléndido artículo que reproduzco.
Me encantaría comentarlo; pero temo que no sería capaz de aguantar las ganas de reírme un poco de estos nuevos censores que han surgido en nombre del progreso. Pobre gente: desde que se les cayó el muro de Berlín y les golpeo el cráneo, van dando tumbos por el ring. Ya sólo les queda el laicismo fundamentalista para justificar su presencia en la vida pública.

 Andrés Ollero
Al trascender que será Andrés Ollero el encargado de redactar la ponencia del Tribunal Constitucional sobre el recurso contra la ley del aborto, se ha desencadenado una tormenta de declaraciones en la que dirigentes de PSOE, IU y grupos feministas exigen que el nuevo magistrado se inhiba. Alegan para ello dos razones: sus conocidas opiniones antiabortistas (que le impedirían “ser imparcial”), y su pertenencia al Opus Dei. Ya hace unas semanas, el líder socialista Tomás Gómez había propuesto (cita textual) “elevar a rango de ley que personas que pertenezcan a pseudosectas como el Opus Dei no puedan ocupar responsabilidades públicas”. Propongo al PSOE un método de acreditada eficacia, ya utilizado en los años 30 para proteger a la sociedad de la peligrosa influencia de otra “pseudosecta”: se cose a la vestimenta una estrella amarilla (en este caso, podría ser una efigie de Escrivá de Balaguer), y así ya no podrá colarse ningún sectario más en el Tribunal Constitucional. Y a los antiabortistas que no somos del Opus, nos podrían coser la imagen de un feto. Unos y otros deberíamos ser excluidos de cualquier posición pública (diputados, médicos, docentes…) donde se debata sobre el aborto. Pues, está claro, “no somos imparciales”.
 
Ollero no puede ser imparcial, aducen los críticos, porque son conocidas sus opiniones sobre el tema. ¿De verdad creen que los demás miembros del TC carecen de opinión sobre el aborto, la hayan expresado por escrito o no? El del aborto es uno de los grandes debates morales de nuestro tiempo: toda persona mínimamente cultivada tiene una posición al respecto. Pero la izquierda está tan segura de su hegemonía cultural que se autoinviste árbitro de la racionalidad, reservando la denominación de “opiniones” sólo para las distintas de las suyas. La derecha tiene “opiniones” (casi siempre “extremas”, “prejuiciosas”, “propias de ayatolás”: los tres calificativos han salido a relucir estos días en los ataques a Ollero). Las tesis de la izquierda, en cambio, no son opiniones, sino “derechos”, “avances sociales” y “exigencias de justicia”.
 
La insistencia en la adscripción católica del magistrado –como supuesto factor inhabilitador- me parece especialmente inquietante, pues confirma que, cada vez más, se trata a los creyentes como ciudadanos de segunda. El corolario implícito es: “Ollero va a fallar contra la ley del aborto porque es católico; estará, por tanto, imponiendo su fe a los demás”. Quien dice esto olvida que también él/ella tiene una “fe” (es decir, una cosmovisión, unas creencias sobre el sentido de la vida), y que su posición sobre el aborto estará tan influida por sus convicciones materialistas como lo puedan estar las del creyente religioso por sus creencias teístas.
 
Más importante: el bando abortista plantea las cosas como si sólo fuera posible discrepar del aborto libre en base a dogmas de fe (es decir, a “supersticiones”). Sin embargo, desafío a quien quiera a que encuentre un solo argumento religioso en las muchas páginas que el profesor Ollero ha escrito sobre el tema: una sola cita evangélica, una sola encíclica. Sí encontrará, en cambio, consideraciones racionales –comprensibles por cualquiera, con independencia de cuál sea su posición religiosa- sobre la problemática constitucionalidad del aborto libre en un país cuya Constitución proclama que “todos tienen derecho a la vida”. Argumentos jurídicos, filosóficos y científicos sobre por qué debe entenderse que este “todos” no puede sino abarcar a todos los miembros de la especie humana, incluidos los pequeñitos que dependen provisionalmente del organismo materno (¿desde cuándo el tamaño o el estado de dependencia excluyen a alguien de la especie?; ¿es menos humano un bebé que un baloncestista, o un tetrapléjico que Usain Bolt?).
 
Sí, es cierto que la Iglesia condena el aborto. También condena los atentados con bomba y la violación. ¿No deberían nuestros laicistas proponer la legalización de ambas cosas (si de lo que se trata es de desmarcarse a toda costa de la doctrina católica)? ¿Qué culpa tiene la Iglesia de proponer una moral razonable? Si tuviéramos que excluir de nuestras leyes todos los preceptos morales que históricamente tuvieron un origen religioso, ¿qué quedaría de ellas?
 
Andrés Ollero es un iusfilósofo de renombre internacional, con libros traducidos a varios idiomas. Es también un experto en jurisprudencia constitucional, como demuestran sus publicaciones. Y es un jurista serio que ―a diferencia de tanto “progresista” avezado en el “uso alternativo del Derecho”― sabe distinguir entre lo que la ley dice efectivamente y lo que a él le gustaría que dijera. Se está intentando reeditar el caso Buttiglione (rechazo a un candidato italiano –técnicamente muy competente― a la Comisión Europea, en 2005, exclusivamente por su condición de católico). Si el intento triunfa, tendríamos la confirmación definitiva de que la izquierda tiene en España el monopolio de la definición de lo decente, lo razonable, lo admisible y lo inadmisible. Y de que todos los demás sobramos.
 

viernes, 17 de agosto de 2012

Hace un año...

PAPAFRUIT en la JMJ
Me escribe Julia para recordarme (cómo lo iba a olvidar) que hace un año estábamos en la JMJ y que los comerciantes de Mercamadrid regalaron 30 toneladas de la mejor fruta a los peregrinos que llegaron del mundo entero. Entonces también lo contamos aquí. Ahora han elaborado este vídeo. Superchulo.
 


La otra olimpiada

Terminados los Juegos Olímpicos de Londres, no se desmantelan las instalaciones deportivas. Aún falta la otra olimpiada, la de los héroes que compiten contra sus propias limitaciones físicas y no se rinden jamás.
Son los juegos "parolímpicos" del 2012. Éste es el vídeo que los anuncia

jueves, 16 de agosto de 2012

Y al caer la tarde…



 La Mujer Muerta duerme entre los pinos
…llegaron los chavales de Peñalar. Peñalar es un chalet de Ortigosa del Monte en el que se celebran convivencias y retiros durante todo el año para gente joven. Ahora mismo hay allí una veintena larga de estudiantes de la Obra, la mitad madrileños y la otra mitad catalanes.
Ayer vinieron por aquí. Tuvieron una meditación en el oratorio de la casa antigua y cenaron en el jardín. ¡Caray que saque tienen estos tipos! Es cierto que las croquetas que prepara la administración de Molinoviejo merecerían ser declaradas patrimonio de la humanidad, pero al menos podían haber dejado una o dos para este anciano cura. Y las tortillas de patatas, los pinchos de morcilla con salchicha incorporada… Yo me acerqué un momento por allí y saqué unas fotos que no publicaré salvo que necesite hacer chantaje a alguno de los devoradores.
Y tras la cena, tertulia. Me invitaron a mí, a pesar de no haber probado las croquetas, y charlando, charlando, llegamos a las tantas de la noche. Tuve que echarlos con cierta violencia. Antes sacaron fotos, vídeos, qué se yo.
Me fui a la cama dando gracias a Dios una vez más. Con veinte tipos como éstos ―cultos, alegres, entusiastas, fuertes y devoradores de croquetas― se puede poner en pie una civilización.
 

miércoles, 15 de agosto de 2012

Y se durmió la Reina.




 La ilustración es de Hortensia Núñez-Ladeveze
Estaba sentada junto a la ventana que da al lago. Allí cosía todas las tardes en silencio. Siempre decía que sus ojos estaban cansados y necesitaban de la luz que se refleja en las aguas plateadas del Mar de Tiberiades.
Tenía en la mano una prenda de lana blanca y unas largas agujas de punto. Le habría gustado tanto acabar aquella chaquetita. Era un regalo  para el niño de Raquel, que acababa de nacer. Pero, casi sin percatarse de lo que ocurría, se le fueron cerrando los ojos. Es cierto; yo se los cerré acariciando sus párpados con mis dedos de ángel. Dios me había concedió el honor de preparar a María para su tránsito al Cielo.
A los pocos segundos entró Juan en la habitación y la besó en la frente como todas las tardes:
―¿Te encuentras bien, madre?
La Señora no contestó, pero su respiración acompasada y la sonrisa serena de sus labios tranquilizaron a Juan. El apóstol la tomó en brazos sin ningún esfuerzo, como a una niña chica, y la depositó en su lecho con la mayor delicadeza.
Los ángeles comenzamos la tarea que se nos había encomendado: Rafael expandió por la estancia un aroma de rosas. Miguel llamó a los Serafines del Cielo para que entonaran el canto que habían ensayado para la coronación de María, y yo, que he sido siempre su Arcángel Custodio, toqué de nuevo su rostro: sus párpados, sus labios, sus pómulos..., y devolví a mi Reina la tersura de su piel de niña.
Fueron llegando los apóstoles uno a uno. Ellos fueron testigos de todo: del nuevo vestido azul, bordado en oro, que llegó del Cielo y envolvió el cuerpo de la Niña; de la música que parecía brotar de cada uno de los objetos que utilizó durante su vida en la tierra…, y de aquel insólito rebuzno en medio de una fiesta tan grande.
―¿Qué ha sido eso? ―pregunté alarmado―.
Es el borrico de Belén. No hay forma de controlarlo ―me explicó Zabulón que pasaba por allí―.
Mi Reina ya había partido de este mundo, y yo fui a preguntar a Yahvé si me permitiría seguir siendo  su Custodio en el Cielo.

Ni el eco


―¡Eco!
―¡¡Ecoo, ecooo, ecooooo!!
―Te lo dije, colega: no hay nadie. Hasta el eco se ha ido a la playa. No sé para qué te molestas en escribir en pleno ferragosto.
―¿Nos vamos, entonces? 
―¡Por mí...! Fíjate, hasta el bueno de Ignacio está fuera, jugando con un halcón peregrino. 
―¡Qué inconsciencia! ¡Si el chico acaba de hacer como quien dice la primera Comunión!


martes, 14 de agosto de 2012

El globo, sin pasajeros

Habitualmente se asoman al globo unos cuantos miles de lectores cada día, pero cuando llega la víspera de la Asunción, me quedo solo.
Sois cuatro gatos, amigos, pero trataré de seguir cumpliendo el eslogan del búho: ni un día sin línea. Hoy os dejo una foto de mi amiga Almudena con un búho real. Ella me ha ha enviado. Quizá no sepa que es la rapaz más agresiva y peligrosa de nuestra avifauna.

Retiro



Una pausa en medio de una pausa. Eso es el retiro del mes de agosto en Molinoviejo. Una semana después del comienzo de estas jornadas de descanso y formación, con el cuerpo sosegado y saldado el déficit de horas de sueño que traíamos de Madrid, dedicamos unas cuantas horas a hablar con Dios, a escucharle en la oración “con el oído atento, la voluntad tensa, dispuesta a seguir sus divinas inspiraciones”, como dijo San Josemaría en sus bodas de oro sacerdotales.
He predicado tres meditaciones. Han hecho un rato de lectura espiritual y han recibido una charla en la sala de estar. El gran oratorio de la residencia no ha estado vacío ni un solo instante. El Señor se ha sentido bien acompañado.
Terminamos con la exposición del Santísimo y la Bendición.
Ya sé que, para la mayor parte de vosotros, esto no es ninguna novedad, pero me gusta recordar que, también en pleno agosto, es posible hacer un alto en el plácido camino de las vacaciones y descansar con Jesucristo, como él mismo lo hizo más de una vez asando pescado en la playa o repartiendo la merienda en el monte.

lunes, 13 de agosto de 2012

Santiago

Ha fallecido Santiago Bernal, el padre de Santi. Lo conocí hace apenas cuatro meses, en la boda de su hijo con Amalia Fontán, una de mis quinientas antiguas alumnas predilectas, de la que ya hablé aquí con un entusiasmo contenido. Lo recuerdo jovial, sonriente, feliz por el acontecimiento tanto durante la ceremonia como en la fiesta. Llevaba ya algún tiempo enfermo y he seguido su evolución las últimas semanas gracias a los continuos mensajes de Amalia.
Hace unas horas he recibido el último, e inmediatamente he rezado un responso en el oratorio de Molinoviejo. Mañana lo encomendaré de modo especial en la Santa Misa. Me he encariñado mucho con esa estupenda familia, y no sólo por su relación con Amalita.  
Traigo aquí esta noticia, contra mi costumbre, no sé muy bien por que. A los sacerdotes nos toca acompañar a muchas personas hasta el mismo instante de su muerte. No ha sido éste el caso, pero me habría gustado tanto estar allí.
Santi y Amalia han comenzado su vida de casados tocando de cerca la Cruz del Señor. Serán muy felices, estoy seguro. Ellos saben ahora que la auténtica alegría tiene raíces en forma de Cruz.


El anuncio del lunes

¿Te apetece un helado?
No es una multinacional ni nos tienta con escenas horteras en las playas del Caribe. No promete sensaciones imposibles. Pero me apetecía un helado, y éstos son de aquí mismo. Un anuncio local y barato de un producto honrado.
 
Este otro es aún más modesto. Parece originario de algún país del Caribe.

No, amigo anónimo. Hoy tampoco hablaré de la crisis ni de los recortes. No censuraré a los banqueros ni a Rajoy. Comprendo que soy un irresponsable. Qué se le va a hacer.  




domingo, 12 de agosto de 2012

Adiós, Olimpiada, Adiós


No me respondáis para reprocharme que tenga tan mal gusto. Ya sé que soy un tipo raro; pero como tiendo a poner por escrito lo que pienso, vuelvo a reiterar que no me han gustado las “ceremonias” de entrada y salida de los Juegos Olímpicos.
―¿Y a mí qué me importa que no te gusten? La de hoy no ha estado mal…
―Vale, Kloster. Pero como fin de fiesta prefiero el “pobre de mí” de San Fermín o la “nit de foc” de las Fallas. Esto de hoy era una receta elaborada con un 80 por ciento de efectos especiales, un 10 por ciento de ingenio y otro 10 de trabajo duro. Todo enharinado con mucha, mucha pasta.

Cosas pequeñas y pequeñeces



Tienes razón, amigo: cuando estás solo, cuando parece que no pasa nada, que solo existes tú y tus pensamientos, aprendes a descubrir que a tu alrededor hay historias mucho más ricas y variadas de lo que suponías. La soledad está llena de matices, de cambios de color, de melodías que casi nadie oye, de brillos inesperados y sombras luminosas, de voces y silencios musicales.
Empiezo a aprender ―y ya iba siendo hora― el valor de las cosas pequeñas. De las pequeñeces no. Las pequeñeces achican el alma, la llenan de agobios y de escrúpulos neuróticos. Las cosas pequeñas en cambio, dilatan las pupilas del espíritu para que podamos descubrir los diamantes espléndidos que Dios va dejando a su paso.
Me han traído el periódico como todas las mañanas y apenas lo he mirado. La prensa ya no lleva noticias. Hace años las portadas se desgañitaban en enormes titulares. Ahora parecen resignadas a la banalidad. Todo lo que cuentan es viejo: lo hemos leído en Internet o nos lo ha contado la radio. Ni siquiera el parte meteorológico parece creíble. Demasiado antiguo.
Las esquelas sí. Puedes fiarte de ellas.
 

sábado, 11 de agosto de 2012

De profesión, anfitrión


Me escribe Jaime:
“Ahora que ha dejado el colegio y todo lo demás, ¿a qué se va a dedicar? No me diga que se jubila.”
Ni lo sueñes. Durante algún tiempo voy a ejercer de anfitrión. Más que un oficio es un lujo: vendrán a mí hombres y mujeres de todas las edades y pelajes; los recibiré en “mi casa”, que será Molinoviejo, el Soto, Riaza o cualquier otra ―como sabéis, soy millonario― y les daré buenos alimentos durante unos días. Si se dejan, incluso les proporcionare agua, jabón y un buen champú para su sesera.
Trataré de ser un buen anfitrión. Ojalá lleguen muchas visitas y salgan felices y contentas, con la sonrisa renovada y con la musculatura del alma en forma.
Por cierto, esta noche viene a Molinoviejo un sacerdote recién ordenado, que pasará unos días con sus padres. Dejaré encendida la luz del jardín. También le prepararemos la cama y un altar para que celebre Misa.