domingo, 2 de noviembre de 2008

Los fieles difuntos


Ayer mirábamos hacia el Cielo. Hoy quiere la Iglesia que nos acordemos de los que están en la antesala: de esos fieles difuntos que aún necesitan purificarse para ser capaces de amar a Dios como sólo se le ama en la Gloria.

Benedicto XVI, en su encíclica sobre la esperanza habla también del Purgatorio, y lo ilustra así:

Algunos teólogos recientes piensan que el fuego que arde, y que a la vez salva, es Cristo mismo, el Juez y Salvador. El encuentro con Él es el acto decisivo del Juicio. Ante su mirada, toda falsedad se deshace. Es el encuentro con Él lo que, quemándonos, nos transforma y nos libera para llegar a ser verdaderamente nosotros mismos. En ese momento, todo lo que se ha construido durante la vida puede manifestarse como paja seca, vacua fanfarronería, y derrumbarse. Pero en el dolor de este encuentro, en el cual lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta con toda claridad, está la salvación. Su mirada, el toque de su corazón, nos cura a través de una transforma-ción, ciertamente dolorosa, « como a través del fuego ». Pero es un dolor bienaventurado, en el cual el poder santo de su amor nos penetra como una llama, permitiéndonos ser por fin totalmente nosotros mismos y, con ello, totalmente de Dios.

Al leer este texto me viene a la memoria lo que San Josemaría nos decía acerca del Purgatorio: cuando el hijo pequeño llega sucio de la calle, la mamá le da un buen baño: lo lava, lo enjabona, lo frota por todas partes, lo perfuma y lo deja hecho un Cielo. Luego, le planta dos besos y lo viste de fiesta.

Si ése es el fuego purificador, me apunto ya.



2 comentarios:

ARdV dijo...

Mis hijos protestan muchísimo cuando los mando a bañar, pero salen del baño guapísimos, oliendo bien, yo les digo: así si dan ganas de besuquearlos!!
Yo también me apunto!

Andrés Cárdenas M. dijo...

jaja no estoy muy seguro que sea así, pero me apuntaría jaja. También decía que es como una fila de "purgantes" esperando entrar al cielo, donde cada intercesión por alguien de ellos se les aplica a todos por igual. Excelente san Josemaría. Además, es buen negocio ayudar a alguien que en poco tiempo estará frente a Dios.