jueves, 8 de abril de 2010

El bocata terapéutico

¿Es posible imaginar algo más apetitoso?
A mi amigo Aurelio le diagnosticaron en en la Clínica Universitaria de Navarra un linfoma particularmente grave, y fue sometido a un tratamiento muy agresivo que incluía el autotransplante de médula. Me cuenta que, gracias a Dios, la terapia funcionó, su organismo la soportó bien y ahora se encuentra muy recuperado.

—Hubo momentos duros —recuerda—. Por ejemplo, cuando tuve que quedarme un tiempo aislado y apenas podía comer. Como todo me producía nauseas y vómitos, las chicas que me atendían estaban preocupadas. Lo cierto es que me cuidaban como si yo fuese el único paciente de la clínica. Un día me dijeron: “por favor, don Aurelio, piense en algo que le apetezca, cualquier cosa, y nosotras se lo traeremos."

Aurelio trató de imaginarse todos los platos que siempre le habían gustado, pero el solo pensamiento de la comida le producía repugnancia. Hasta que, de pronto, le vino a la memoria algo delicioso: los bocadillos de mejillones de lata que le preparaba su madre cuando era pequeño.

—Se lo dije a la que me atendía —continuó mi amigo—. Al cabo de un rato regresó para decirme que no había mejillones de lata en la clínica y que, como era domingo, sería difícil encontrarlos. Sin embargo, no sé cómo, lo consiguieron y me trajeron el bocata. Estaba fantástico.

—¿Y te lo comiste?

—Entero.

Permitidme que saque una moraleja evidente: en cualquier hospital no sólo cuenta la competencia profesional de los médicos. El cariño también consigue milagros.


17 comentarios:

Altea dijo...

¡Huy, pero no sabe hasta qué punto! La simpatía de una enfermera puede llegar a hacer que uno se ría de su enfermedad, cosa sanísima, por cierto.

Isa dijo...

Estoy completamente de acuerdo. En mi casa lo hemos experimentado. ¡Qué diferencia entre las clínicas de mi ciudad y la de Navarra! nosotros estamos encantados: el cariño, la delicadeza, el buen humor y las buenas maneras...
¡Eso no tiene precio!

Nicolás dijo...

Qué haces a las 6,16 am pensando en un bocata de mejillones.
De acuerdo, la amabilidad en el trato de las personas es mas eficaz que toda la ciencia medica.
Lo digo por esperiencia.

Gerardo dijo...

Si señor!!!. Ojala se palpase ese cariño del personal médico y de enfermeras en muchos otros hospitales de España y del mundo!.

Son esas pequeñas cosas lo que me recuerdan el valor divino de lo humano.

Capuchino de Silos dijo...

¡Cómo lo sabe!
El mes pasado operaron allí a mi marido y no conozco atención mejor.
El cariño rebosa por doquier.
No aconsejo otra cosa en España.

Que el Señor le bendiga

yomisma dijo...

No hace falta irse a Navarra...Aqui en Newtown, estuve ingresada 10 dias antes de nacer Cecilia, y las enfermeras fueron estupendas. desde la señora que me cambiaba las sabanas todas las mañanas, hasta la que me daba medicina para mi dolor de muelas... Incluso les pareció bien que mis amigas me hicieran una fiesta en el mismísimo paritorio! Eso sí que fué almodovariano....

AleMamá dijo...

Es como para quedarse otra temporada ahí ¡con ese cariño no deben dar ganas de irse!

DAVID DIAZ CRIADO dijo...

Estoy de acuerdo con todos pero lo mas eficaz es agarrarse a la vida como los mejillones a las rocas.

Anónimo dijo...

D.Enrique, he tenido la suerte de trabajar en La Clínica y en otros hospitales de España y tiene razón, pero lo importante no es el lugar, y menos mal, porque no todos lo pueden elegir (aunque, viva La Clínica, desde luego) sino que está en saber ver al Señor en quien sufre, ésto lo cambia todo... ojalá nunca lo olvidemos (y se puede extender a todas las profesiones)

Juana la Loca dijo...

Ay qué pinta tiene ese bocataaa!!!!!

GAZTELU dijo...

La verdad es que como un bocadillo de calamares nada,aunque los mejillones me arrebatan pero sin pan.
Que cierto es cuando el equipo médico de un hospital se vuelca con un enfermo....yo lo he vivido en primera persona con la muerte de una queridisima cuñada y me atrevo a decir que de los 3 meses que le dieron de vida llegó a los 14,en parte por lo arropada y el cariño que rcibió de todo el equipo oncológico que la trató.
Médicos,enfermeras,auxiliares,camilleros etc....la verdad es que era una persona fácil de querer!!!
Donde no hay amor,pon amor y sacarás amor: su lema durante toda su enfermedad.
GRACIAS

José Antonio dijo...

Don Enrique,

Leo con asiduidad su globo y nunca escribo. Así que aprovecho que me encantan los bocadillos de mejillones para enviarle un caluroso saludo y mi más amistosa felicitación. Disfruto mucho con sus post. Siga usted así, que es un revulsivo para que otros sigamos pegados a la tecla, alimentando, mal que bien, nuestros blogs.
Ánimo y feliz pascua,
José Antonio Méndez (http://www.religionenlibertad.com/blog.asp?idautor=15)

Anónimo dijo...

Necesitamos de esas enfermeras en El Salvador, por q aki nos tratan pesimo...yo no soy tan feliz yendo a hospital de la ciudad y menos al seguro social.

La educacion y el amor se ha perdido, me duele decir eso pero es la verdad de mi tierra.

un fuerte abrazo, burbujita de mani.

Marc Roig Tió dijo...

Algo parecido ocurre en la película de Robbie Wiliams: "Patch Adams", donde una anciana consigue su sueño de nadar en una piscina de espaguetis. El tratamiento médico no termina en la pastilla o en la operación.

Es más, algunas corrientes como la psiconeuroinmunología defienden el lado afectivo del tratamiento (y allí un bocadillo de mejillones en pleno domingo puede ser la clave del éxito).

adela dijo...

Deberíamos de tener miedo a perder la sensibilidad ante aquello a lo que sólo se accede a través de la finura de espíritu.

Los detalles... saben a gloria y el "bocata"... impresionante.

GRACIAS

Aurelio dijo...

D. Enrique, qué bien describe las cosas. Me ha sorprendido muy gratamente el post. Le agradezco mucho que me haya dado la oportunidad de poder manifestar desde aquí, en este comentario, lo mucho que les debo a todos/as lo que han hecho por mí ….. Por si lo le alguien de los citados/as, gracias de veras. Rezo todos los días por la Clínica para que no se pierda ese espíritu.
Aurelio

Bernardo dijo...

Sin cariño no hay bocata de mejillones. Así de claro.