martes, 1 de abril de 2014

Liebre por gato

A Cristóbal Colón 

Querido Almirante. Te escribo desde el siglo XXI, mientras contemplo en una pequeña pantalla luminosa una de las muchas estatuas que los hombres han levantado en tu memoria: la del puerto de Barcelona.
No te quejarás: hay esculturas tuyas repartidas por medio mundo: en Madrid, Nueva York, Puerto Rico, Buenos Aires, Génova, Santo Domingo, Sevilla, Valladolid… ¿Y qué ciudad europea o americana no te ha dedicado un paseo, una plaza o un monumento más o menos significativo? Tu fama es tan universal que incluso se disputan tu linaje. La mayoría de los historiadores sostienen que eres genovés, pero también te pretenden en Cataluña, en Portugal, en Galicia y en Castilla la Vieja. Tú y yo sabemos la verdad: eres de Bilbao y los de Bilbao nacemos donde nos da la gana.
El caso es que descubriste un continente. Supongo que ahora ya lo tienes claro. Es cierto que tú sólo querías abrir una nueva ruta hacia las Indias y que cuando tus tres carabelas llegaron al Caribe, pensaste que lo habías conseguido. Luego hiciste cuatro viajes más, y te fuiste de este mundo sin saber que habías llegado a América.
Es natural que te equivocases. Ni tú ni nadie estaba preparado para recibir una sorpresa tan enorme, y menos así, de sopetón. América surgió por casualidad, como la penicilina, el microondas o el café que me estoy tomando ahora mismo.
Espero que no te ofendas porque te compare con el inventor del microondas o con el del café expreso. Te aseguro que tienes bastante en común con ellos.
Piensa, por ejemplo, en Alexander Fleming. Como tú, era un gran explorador. Él no quería llegar a las Indias, pero trataba de abrir otra ruta igualmente difícil: buscaba  un remedio contra la gripe. Como muchos sabios, Fleming era bastante despistado, y dejó que un moho azul-verdoso infectase una placa y matara al estafilococo que había estado cultivando. Acababa de descubrir la penicilina, un medicamento que ha salvado millones de vidas en todo el mundo.
Y ¿qué me dices del microondas? Imagino que nada. No tienes ni idea de qué estoy hablado, ¿verdad?. Se trata de un horno casi milagroso, que calienta alimentos en un minuto sin que el calor afecte al recipiente que los contiene. ¿No te lo crees? Tampoco se lo creía Percy Spencer, quien, en 1945, sólo quería crear un radar utilizando un generador de ondas de baja frecuencia. Un día decidió tomar un descanso y comerse la onza de chocolate que llevaba en el bolsillo; pero al sacarlo descubrió que el chocolate se había derretido.
Decidió entonces probar con otros comestibles: un huevo y un puñado de palomitas de maíz. Las colocó en un recipiente junto al generador…, y se olvidó del radar. Acababa de inventar un electrodoméstico revolucionario que ahora mismo me va a servir para recalentarme un pincho de tortilla.
Entiéndeme, amigo. No pretendo quitarte méritos. Todo lo contrario. Llegaste a América por casualidad; pero las casualidades hay que merecerlas. Y tú te merecías ser el descubridor del Nuevo Mundo, igual que Fleming se mereció el Premio Nobel de Medicina, y Spenzer, los millones que acumuló con el dichoso horno.
Lo malo es que el mundo está repleto de conformistas aletargados, de gentes sin ambición que nunca se han propuesto luchar por una empresa grande y hasta dejarse la vida en el empeño. Esos no se merecen “la suerte” de descubrir América.
No están de moda los héroes, amigo. Ahora privan sólo los “superhéroes”, esos seres grotescos dotados de “poderes”, que se disfrazan de rata o vuelan por el espacio con una capita colorada. Tú no fuiste de esos. Eras un tipo normal, más o menos como yo, sin medios, sin partida de nacimiento, sin más papeles que tu ambición.
Me dijo una vez un santo que los que se entregan al servicio del prójimo, hasta el punto de jugarse la vida en la aventura, siempre encuentran mucho más de lo que buscan. Quizá no lo sepan, pero tienen a Dios muy cerca, y Dios no se deja ganar en generosidad: Él nunca da gato por liebre, sino liebre por gato.

O sea, lo mismo que tú: los que buscan las Indias y acaban encontrando América.






15 comentarios:

yomisma dijo...

Plas, plas, plas.

Antuán dijo...

Hola d. Enry he tenido el valor de leerme todo lo que nos cuenta, valor porque hace unos dias nos preguntaba cuando usted sabe más que todos. Por cierto Hoy estuve leyendo para prepararme, si ya se que ya voy con retraso: A la sombra de la cruz. Y tuve que salirme a la terraza porque me espanta que me vean llorar... cuando dice en boca de Lázaro: ¿por qué me cuentas esas cosas? Hablándole de su próxima muerte. y es que dice que Jesús también necesitaba alguien con quien confiarse. Y eso. ¡Gracias! Adiosle

pacita dijo...

Bien Pater bien(la estatua de Barna) pero no le había escrito ya a Colón? o yo me he despistado?

Cristina .V dijo...

Genial!!!
" los de Bilbao nacemos donde nos
da la gana" :-)

Pedazo de anónimo dijo...

Me ha dejado aluciná.Me parece que usted padece una intoxicación de alta autoestima.
Lo primero de todo,desde cuando un microscopio se parece a una carabela?
Que parecido tiene un conquistador con un investigador?
Por qué los de Bilbao pueden nacer en cualquier sitio,no les parece bastante guay nacer en sú tierra?
Buff!no entiendo nada.Pero seguro que si hubiera nacido en Bilbao lo tendria claro!

yankee dijo...

¿Se está tomando un café con un pincho de tortilla?????

Anónimo dijo...

Más parece un San Pancracio, con el dedito estirado... Catalán, fijo!

Patricia Jauregui dijo...

What? Lo siento esto del post-recontra-modernismo para expresar una buena idea no acabo de apreciarlo.

pacita dijo...

anónimo tenías q ser!Bon día

Cordelia dijo...

Y el café expreso? Quién lo inventó y cómo?

Merche dijo...

Pacita, no es anónimo, es "PEDAZO de anónimo", que no es lo mismo.

Hexamamá dijo...

No me acuerdo de quién decía aquello de "la inspiración te ha de sorprender trabajando", pero viene al pelo.
Ah, y en el puerto de Bristol se yergue orgulloso un tal James Cook, en cuyo pedestal se pavonea de ser el descubridor de América continental. Por lo visto, para los ingleses lo de Colón fue sólo una tontería de archipiélago de nada.
Aunque les ha salido el tiro por la culata, porque no se ven por ahí muchas estatuas ni calles ni plazas dedicadas a este explorador. Claro, como no era de Bilbao...

Merche dijo...

Perdona pacita, acabo de ver que sí hay un Anónimo. Yo me había quedado con el Pedazo. Es lo que tienen las prisas...

Todoslosnombres dijo...

Toda una lección de Historia muy interesante. Ha valido la pena esperar.

Colón no se merecía no ser de ningún país y ahora entenderá por qué tantos vascos quisieron acompañarle en sus hazañas y descubrimientos.

Sólo me asalta una duda: ¿qué hubiera encontrado el Almirante si en vez de anclarse a la voz de "¡Tierra!", hubiera seguido adelante?

Gracias por sus letritas; vuelvo a creer en las casualidades.

(Padre, ¿querrá compartir con los globeros la respuesta?)

Todoslosnombres dijo...

Anónimo: cualquier parecido con San Pancracio es pura imaginación. Fue la primera estatua que me presentaron mis padres a los pocos días de nacer (yo iba tan ricamente en un cochecito) y durante muchos años nos saludábamos casi a diario. Un día yo tuve que dejar Barcelona pero él sigue allí sin mover ni el dedo (nada de dedito, la estatua es muy proporcionada)).

Luego conocí a San Pancracio y es otra historia.