viernes, 7 de mayo de 2010

Altanería y bajanería

Es inteligente y lo sabe. (Si no lo supiera, no sería tan inteligente).

Es de las más guapas y también lo sabe. (Lo saben sobre todo los moscones que la rodean).

Es muy estudiosa. (Los profes también lo saben y le dicen que no exagere).

Se expresa muy bien, tiene un vocabulario más rico que el de sus compañeros de clase. (Eso lo sé yo sobre todo).

Podría ser una presumida insoportable y caer de lleno en el pecado capital de la altanería. Pero no: lo suyo es la “bajanería”, uno de mis pecados provinciales preferidos.

Está frente a mí, colorada como un tomate porque tiene que exponer un tema en público y sólo de pensarlo le tiemblan hasta las orejas.

—Así que te preocupa lo que los demás van a pensar de ti. ¿No es eso?

—Sí —responde con su vocecita de jilguero acatarrado—.

—Bueno, pues te diré un secreto. Yo sé perfectamente lo que pensarán. ¿Te lo digo?

—Sí…

—Nada. No pensarán absolutamente nada. Lamento comunicarte que casi nadie piensa en ti. Cada uno va a lo suyo. En ti piensan tus padres de vez en cuando y el chico ése con el que sales. Así que no seas presumida y lánzate, que a nadie le importa un pito lo que digas.

—Jo.

Casi la he convencido.

12 comentarios:

GAZTELU dijo...

CARAY!!!!es una forma muy original de ayudar a sus alumnos.
Seguro que lo hizo fenomenal.
GRACIAS

Isa dijo...

Nunca se me hubiera ocurrido decir eso, qué original...si la ayudó, que supongo que sí, ¡perfecto!

Bernardo dijo...

Hablar en público es una de las aptitudes básicas para la vida.

Todos los niños deberían recibir clases en el cole para enseñarles a hablar en público.

DAVID DIAZ CRIADO dijo...

Es una chica joven y guapa y tambien inteligente pero humilde. Maravilloso...a mi me encanta.

Yuria dijo...

Me gusta lo que le dijo. pero, que me gusta mucho.

Anónimo dijo...

¿Se trataba de una mera estrategia psicólógica o es la auténtica verdad?
¿Importamos realmente a pocas personas?

rosana dijo...

Anonimo

Al que mas le importamos es a Dios, preocupemonos de hacer cosas que a El siempre le agraden, todo por El

Nicolás dijo...

El argumento convincente que a nadie le importa nada lo que tu digas porque nadie piensa en ti, excepto tus padres y el medio novio con el que sales, es falso.
Sólo con leer los comentarios al caso podemos afirmar que algunos si piensan y les preocupa la formación de las nuevas generaciones.
Dile de mi parte a tu amiga: "Animo chata, suéltate el pelo". Y dale la dirección de mi blog para que entre y vea que ella también puede.

Anónimo dijo...

He estado dos días sin computadora y reconozco que tenía mono de este blog. Ayer pasé por un work center para imprimir una cosa y pregunté al de la empresa ¿me deja ver una página?. No me dejó. Claro que sólo me cobró por la "impresión" que no por la navegación.
Completamente de acuerdo. Generalmente estamos tan ocupados de pensar que impresión causamos que no nos importa nada cómo van o qué dicen los demás.
Al anónimo anterior: desgraciadamente creo que importamos a muy pocas personas pero al menos, a Dios le importamos infinito. Conclusión: lo realmente importante es lo que piense Dios de nosotros. Lo que piensen los demás es absolutamente inútil.

GAZTELU dijo...

La verdad es que pienso que el tono de los comentarios de hoy son muy pesimistas.
No comparto vuestras opinones,creo sinceramente que hay mucha gente preocupada de los demás,entregada a los demás.
El panorama descrito hoy me parece exageradamente pesimista,lo siento es mi humilde opinión pero respeto mucho las vuestras.
En cualquier caso,los que piensen así que hagan un buen examen para ver que pueden hacer por los demás.
GRACIAS

Andrés dijo...

O somos pesimistas o tenemos muy malos amigos, vaya comentarios...; no se si yo he tenido suerte, pero mi grupo de amigos son incapaces (cada uno de ellos) de no prestar atención cuando habla alguno de nosotros, puede interesar o parecer pesado, pero el respeto es la base para la amistad. Por otra parte yo me siento más agusto hablando en público cuando sé que me escuchan.

Un saludo

Clara dijo...

Qué buen consejo!
A mi me habría quitado un peso de encima. Seguro que se presentó más despreocupada, como si estuviera delante de un huerto de coliflores.