lunes, 24 de mayo de 2010

La pregunta


Leo, como siempre, el artículo de Enrique García-Máiquez y me quedo con una frase: "La muerte nos hace una pregunta tan radical que sólo Dios es capaz de responderla."

Enrique habla del fallecimiento de una alumna suya en accidente de moto. Esta mañana un alumno, refiriéndose a la muerte de su abuela, me decía algo parecido, pero al revés:

-Si Dios existe, ¿por qué se muere la gente?

La conversación no ha sido corta. Al final, él mismo la resume así:

-O sea, que gracias a que Dios existe, la muerte tiene sentido.

-Y sobre todo, la vida.


7 comentarios:

Regina Rauda dijo...

Qué cierto es...

De hecho,la vida no tendría sentido sin la muerte. ;)

E. G-Máiquez dijo...

Ese "como siempre" me ha llegado al alma. Muchísimas gracias.

maria dijo...

Nosotros de pequeños tuvimos en la casa una empleada mapuche por muchos años; era analfabeta pero tenía frases que nos daba que pensar que era muy culta en otro sentido :

"Mire, nos decía, si en la vida no hubiera sufrimiento no sería vida, sino Cielo."

Isa dijo...

Cuánta razón tien ese alumno suyo...y usted, claro.

Anónimo dijo...

Me gusta mucho el artículo del profesor Jaime Nubiola "Pensar la muerte" :
http://www.unav.es/users/PensarMuerte.html

Un cordial saludo y gracias por el simpático y profundo blog!
Sara

Anónimo dijo...

He leido el articulo de Jaime Nubiola que recomienda Anónimo." ... tener delante de nuestros ojos la clave del sentido de la vida y de la muerte". Mis fuertes convicciones religiosas me dicen desde dentro SI, es cierto, pero mi corazon humano (y, sí también miserable)me lleva a clamar a gritos ante algunas muertes ¿por qué? e incluso a pedir explicaciones ante el Altar.
Por favor, Dios mio que tu mano amorosa no nos acaricie tan cerca y tan de continuo.....

Anónimo dijo...

Sí, tienes razón en decir por qué Señor?? yo acabo de perder en una semana a dos grandes amigas, dos grandes mujeres. Cuando le he preguntado el por qué a Dios he encontrado en el fondo de mi alma la respuesta que aparece en el libro de Lewis "Una pena observada": "Cállate hijo, que no entiendes".
Un cariñoso saludo.