sábado, 12 de febrero de 2011

El síndrome de Boceguillas


Boceguillas es un pueblo de la provincia de Segovia de glorioso pasado y exiguo presente. Tiene apenas seiscientos habitantes y, a juzgar por las apariencias, vive gracias a la carretera Nacional I, que pasa a su vera. En Boceguillas hay un área de servicio, un restaurante de moda para los que van o vienen del Norte de España, y otros establecimientos de menos nivel, que son frecuentados sobre todo por camioneros. Hay también un par de hoteles y un gran taller de automóviles. 
El pasado diecisiete de diciembre, cuando me dirigía hacia Bilbao, nada más poner gasolina en el surtidor de Boceguillas, se encendió una luz misteriosa en el salpicadero del coche. Inmediatamente me dirigí al taller, y un mecánico de origen búlgaro arregló provisionalmente la avería no sin advertirme que, cuando llegara a mi destino, sometiera el vehículo a una revisión más concienzuda.
Mil kilómetros más tarde, ya de regreso a Madrid, volví a detenerme en Boceguillas para repostar. Al salir de la gasolinera, volvió a encenderse la famosa luz en el mismo fatídico kilómetro de la Nacional I. En esta ocasión no me detuve y llegué a mi destino temblando, pero sin contratiempos. 
Mi taller de confianza revisó el vehículo a fondo y todo se resolvió hasta ayer mismo, que volví a pasar por Boceguillas camino de Bilbao. El depósito de combustible estaba en la reserva. No había más remedio que poner gasolina.
―¿Qué haces, insensato? ―me sugirió Kloster al oído―. ¿Pretendes tentar a la suerte?
Traté de acallar sus temores apelando a argumentos racionales, pero Kloster insistió:
―Seguramente tienes razón; pero imagina por un momento que vuelve a encenderse la luz. ¿Qué harás entonces? Es cierto que entre el acto de llenar el depósito y el fallo del motor no hay ninguna relación de causa a efecto, según aseguraron los expertos; pero la estadística es implacable. Así han nacido la mayor parte de las supersticiones. Un día alguien se cruzó con un gato negro y, a continuación, sufrió un accidente de tráfico. Volvió a cruzarse poco después con otro gato negro y volvió a tener otro accidente. Desde entonces, los gatos negros dan mala suerte…
―Ya. Y tú crees que, si ahora se enciende la luz, me convertiré en un supersticioso, inventaré el síndrome de Boceguillas y nadie se detendrá a repostar aquí.
―Así es, colega. Reconoce que tengo razón. 
Me enfadé con mi amigo.
―¿Cuántas veces te he  dicho que los cristianos hemos de ser los más incrédulos del Planeta? Nosotros creemos sólo en Dios. Los paganos, en cambio, creen en los gatos negros, en la sal derramada, en los paraguas abiertos, en el destino, en las brujas y en el juego de la guija. No existe el destino, ni el mal de ojo. A estas alturas de la vida no estoy dispuesto a ser esclavo de una superstición que te saques de la manga.
Antes de acercarnos al surtidor de combustible hicimos un alto en el bar para tomar un café. En la tienda contigua se venden toda clase de productos de la zona.
―Mira, colega ―me dijo Kloster―. Tú dirás lo que quieras, pero si compramos una morcilla para llevarla a Bilbao, lo más probable es que rompamos el maleficio. Es un acto insólito y, por tanto, ritual.
Me encogí de hombros y Kloster se gastó cinco euros en una estupenda morcilla de Burgos envasada al vacío.
Cinco minutos más tarde llené el depósito. Entramos en el vehículo, respiré hondo. puse en marcha el motor y… 
 

13 comentarios:

DAVID DIAZ CRIADO dijo...

Lo mas interesante de esto no me ha parecido inventarse el sindrome de Boceguillas sino descubrir que los cristianos debemos ser los mas incredulos del planeta... ahora estoy sorprendidisimo...gracias.

GAZTELU dijo...

Gracias Dios mío por hacerme tan "incrédula" en lo que se refiere a las SUPERTICIONES, no puedo con ellas!!!!

GRACIAS

Vila dijo...

je,je, sus conversaciones con Kloster son totales...

Al igual que a DDC me ha sorprendido la afirmación de que somos los más incrédulos del mundo; y una vez leido su razonamiento tendré que darle la razón, !visto desde ese punto de vista...pues sí!.

Ya nos contará cómo ha cocinado la morcillita.

Me voy a disfrutar de este día que promete ser la mar de divertido

filósofo dijo...

D.Enrique,

Dice vd. tener un mecánico de confianza. ¿ Los tiene de desconfianza ? Siempre he pensado que el abogado, el mecánico y la mujer tienen que ser de fiar.

¿ Ha pensado si el síndrome de Boceguillas no es en realidad el síndrome de los residuos en el gasoil de la E.S. de Boceguillas ?

En las EE.SS. se dan muchos misterios: 1) el anuncio de Eroski de un precio y luego es si pasas por el super. 2) La menor cuantía de suministro, del debido 3) ¿ por qué dice el gobierno que el IPC se debe a la subida del petróleo cuando el gasoil casi sólo ha subido por el aumento de impuestos. Misterios todos.

Un saludo

Autoayuda dijo...

Entre los siglos XII y XV, la Villa de Boceguillas se desarrolla como aldea del importante alfoz de Sepúlveda, permaneciendo vinculada al ochavo de Bercimuel. Felipe II, el rey Prudente, rubricó el 20 de Septiembre de 1.565, con su habitual “Yo, el Rey”, el documento en el que Martín de Gaztelu, su Secretario, le indica al margen: “V.M. aparta y exime de la jurisdicción de Sepúlveda el lugar de Boceguillas y le da jurisdicción y le hace Villa”. Gusta a Kloster contemporizar con sus villanos.

Marta dijo...

Kloster tiene razón, no en lo de las supersticiones, sino en que siempre que se pueda, hay que comprar morcilla de Burgos. Espero que sólo se coma la mitad...

Juana la Loca dijo...

A lo mejor la luz se enciende precisamente para que Ud. se pare en Boceguillas. Veremos los poderes de esa morcilla...

Almudena dijo...

Me sorprende que ud. que tan bien conoce el valor del "si acaso...", haya vuelto a parar en la gasolinera. Sin pensar en supersticiones, tampoco hay que tentar a la suerte

Antuán dijo...

El tenido el valor de acompañarle en su viaje a Bilbao porque me gusta, estuve alguna vez, es más en la buhardilla uno de los ordenadores tiene de salvapantallas el Gugenghai ¡chulo! para mi que me gusta lo original, el estilo libre. Pero solo quería entrar porque tengo unos amigos en Boceguillas muy cerca de la gasolinera y el primer mesón, enfrete del buzón de correos la calle: General Moscardó, una casa grande de familia numerosa. el padre era el veterinario, no le conocí pero al resto 7 hijos si, tengo una foto con todos nietos incluidos. He estado allí muchas veces antes de que las tres pequeñas y Pedro se fueran a estudiar a Burgos precisamente porque la autopista pasa por alli. Pero he quedao en volver antes de que se case la pequeña en Mayo.
¿La morcilla? lo del vacio para la conservación vale pero deje que se airee y luego con una no le va a dar pa mucho pero como mejor queda es enariná y al horno entera cuando se tueste ya se parte. Adiosle.

INÉS dijo...

Se enciende seguro...será porque una morcilla es poco ¡que usted vive con mucha gente!

Vila dijo...

Gracias por la receta, Antuan.

Merche dijo...

Y QUÉ PASÓ?, por favor continue, que incertidumbre.¿Tiene que volver al taller?, ¿se comieron la morcilla?

Anónimo dijo...

Ja ja ja...
No creo en las superticiones pero si parece que tiene que hablar con el Bulgaro del taller.
No creo en el destino, que es contrario a la libertad, pero si en la Providencia,
A lo mejor tiene tan pocos habitantes que no hay sacerdote o tiempo para confesiones....