viernes, 20 de febrero de 2009

En la autovía


Camino de Madrid, poco antes de Motilla del Palancar, me adelantaron dos motoristas de la guardia civil y me indicaron que me detuviera a la derecha, en el carril de entrada a un área de servicio.

–Documentación del vehículo, por favor.

Mientras sacaba los papeles de la guantera hice examen de conciencia y me encontré inocente de cualquier infracción: no había sobrepasado los límites de velocidad, circulaba por mi derecha con el cinturón de seguridad puesto…

–Su permiso de conducir y el justificante de pago del seguro… Bueno, esto no hace falta: mi compañero está comprobándolo.

Tampoco había utilizado el teléfono móvil ni había insultado en voz alta (por lo bajo, creo que sí) a un motorista suicida que me adelantó al salir de Valencia. Quizá tiré por la ventana el envoltorio del caramelo…; pero no, tampoco: estaba en el asiento del copiloto…

–Caballero, le hemos parado porque lleva una puerta abierta y tengo que sancionarle.

En efecto, la puerta trasera estaba mal cerrada. Abierta exactamente, no; pero el policía empezó a escribir algo en un papel mientras yo la cerraba del todo. Pensé entonces que necesitaba improvisar rápidamente una línea de defensa que me librara de la sanción, y como discutir con el agente nunca da resultado, opté por el fácil recurso de la adulación:

–Tiene usted toda la razón y debe ponerme la multa que corresponda. Es un descuido imperdonable circular así. Le felicito por haberlo visto y por detenerme. Se lo agradezco, porque estoy seguro de que usted pensaba en mí y en el peligro que he corrido mucho más que en la sanción…

El guardia detuvo el boli y me miró por encima de las gafas.

–¿Cómo dice?

Volví a repetir el breve alegato sin pestañear. El policía entonces fue hacia su compañero y regresó a los pocos segundos:

–Mire, caballero, no voy a tramitar la infracción, pero a ver si está usted atento a…, a todo. ¿Vale?

–Vale, señor agente. Ahora tengo un doble motivo para darle las gracias.

–Lo hago porque es usted educado; no por sus hábitos, ¿me entiende?

Al poner en marcha el vehículo, Kloster me miró con desprecio y me llamó hipócrita masticando la palabra.

14 comentarios:

Isa dijo...

¡Qué bueno don Enrique! ¡pero qué salidas tan buenas tiene! yo en ese momento me hubiera puesto nerviosa y hubiera empezado a quejarme...pero la verdad es que eso no conduce a nada...cuánto tengo que aprender, jeje.
¡Siempre adular!

chon dijo...

Veo que los viernes toca polemizar.
Esta vez no haré comentarios.

Anónimo dijo...

¡Es usted un auténtico maestro de la adulación y como abogado defensor no tiene precio!Y además, perdón, un auténtico pelota de la autoridad. Aunque en los tiempos que corren y ante tanta grosería y obscenidad su caballeresco comentario no es de extrañar que dejara boquiabierto al guardia.
Kloester se pasa tres pueblos porque... educado sí que lo es. Y además le admiro por esa entereza y presencia de ánimo donde otros hubiésemos reaccionado de otra manera.

Sinretorno dijo...

Estoy con Kloster...y es muy mala señal que la benemérita y el clero empiecen a no respetarse.

GAZTELU dijo...

Es usted un crak D.Enrique,sin adulaciones,que hace poco me regaño por adularle con toda la razon por su parte,pero en el caso de la benemerita todas las adulaciones son pocas sobre todo si se trata de que te quiten una multa.
Hace poco me hice pasar por una viuda pobre,iba vestida de color "morao"(color de moda)y colo.
no hubo infraccion. Sera materia de confesion? porque el show que le monte al poli no esta en los escritos. No he caido yo en esto, pero no me confese de ello pero le digo que lo volveria a hacer(no hay proposito de enmienda)
GRACIAS Y BUEN FIN DE SEMANA

Bernardo dijo...

Jajaja qué buena anécdota!

Creo que cuadrarse y ponerse en primera posición de saludo hubiese sido sobreactuar...

... me pregunto cual es la sanción por circular con la puerta mal cerrada.

Inés dijo...

Siempre he pensado que en estos casos lo mejor es mostrarse arrepentida y sumisa.Alguna vez lo he hecho y me ha dado, como a usted, buenos resultados.
Es bueno dejar la rebeldía para cosas más importantes.Supongo

Pierre Nodoyuna dijo...

Este video le va a gustar...
http://www.youtube.com/watch?v=Cbk980jV7Ao

la Beltraneja dijo...

Gaztelu, lo tuyo es una mentira, lo de Kloster es peloteo puro y duro...Alguien se ha confesado alguna vez de ser pelota???? Yo no.

Anónimo dijo...

ja,ja,ja,ja!!!

Y no les apunto la dirección del blog?.

Seguro que él lo contó en el cuartel al volver!

Lo que me parece dificilísimo es ver el maletero mal cerrado con el coche en marcha!. Qué ojo tenía el tío!. No me sorprendería que acabe por este blog cualquier día!!!

vicky dijo...

Solo escribo para darle las gracias por sus escritos. No estoy en mi mejor momento espiritual y usted escribiendo de lo humano y sobretodo de lo divino me ha ayudado. GRACIAS. Seguro que ahora entrare de vez encuando para seguir aprendiendo que la teología tiene mucho de poesia y que en ocasiones es mejor rendirse a la evidencia que pelearse con la guardia civil. Gracias de nuevo.

Yuria dijo...

pero que pillín.

JUANMA SUÁREZ dijo...

La verdad es que yo no sabría si estar con Kloster o con usted. Eso sí, seguro que el señor de la benemérita le dejó pensando: "¡qué favor le he hecho a ese pobre cura!". Lo que no sabe es que "ese pobre cura" lo ha hecho "famoso", y tal vez haya recogido en unas horas más oraciones por él de las que haya podido recoger hasta ahora...

paloma dijo...

¡Hola Don Enrique!
En México DF, por la contaminación tan tremenda que hay, un día a la semana los coches no circulan, dependiendo del último número de las placas.
Un día salí a la carrera, y me detuvieron pues precisamente era el día que no circulaba el coche. Iba sin el bolso, donde traía el carnet de conducir. El oficial quería que le diera dinero para dejarme ir, obviamente no traía ni le hubiera dado. Siempre cargo muchas estampas de la Guadalupana, de San Josemaría y de Don Álvaro. Muy seria y compungida le dije que había sido un descuido imperdonable, que rezaría un avemaría por él y su familia, le dije que lo único que podía darle era 'esto' y le entregué varias de las estampas que traía. Se me quedó mirando muy serio moviendo la cabeza de lado a lado y dijo: ¡Ay señora ya vayase y no vuelva a salir!.
Por el retrovisor cuando me alejaba lo vi que con atención miraba las estampas.