viernes, 17 de abril de 2009

La chica del sombrero verde



Hace tiempo que no la veía por aquí. Es una chiquilla de 14 ó 15 años que luce un sombrero verde, medias del mismo color y falda rosa. Suele situarse en un semáforo de la Plaza de Cuzco y hace malabarismos con cuatro pelotas de colores para arrancar unos céntimos a los automovilistas que nos detenemos allí.

Hoy ha vuelto después de una larga ausencia. Ha colocado su mochila junto a la acera y comienza el espectáculo sin dejar de sonreír ni un solo instante. Su número es brevísimo, pero lo tiene bien estudiado y, al terminar, hace una reverencia con el sombrero en la mano y se acerca corriendo a las ventanillas de los conductores.

Yo le doy un euro.

—Muchas gracias.

—Gracias a ti, por tu sonrisa.

A ella se le ilumina aún más la cara y corre hacia el siguiente automóvil.

El semáforo se pone verde. Empieza a llover. Me pregunto si la chica suspenderá su actuación. Supongo que no podrá permitirse ese lujo. Yo la encomiendo al Señor y me propongo charlar con ella un día de estos. Aunque lo mejor sería que no tenga necesidad de volver a la calle, que pueda estudiar y conserve siempre esa sonrisa.

11 comentarios:

patzarella dijo...

hoy hemos coincidido en el verde, yo con un tono bastante diferente, pero al fin verde :-)

Isa dijo...

La verdad es que da pena ver a gente tan joven ganándose así el dinero, pero quién sabe si sólo es un hobbie y aparte de eso están estudiando...es mejor pensar eso...

Anónimo dijo...

falta un acento en la "o" entre los números (14 ó 15)

Isa dijo...

Es cierto amigo anónimo, se le habrá pasado...yo también me he fijado en eso enseguida, pero se lo perdono...

Juana la Loca dijo...

Aquí teneis un video, un poco largo,donde vemos el poder de una sonrisa. Espero que os guste:
http://www.youtube.com/watch?v=Cbk980jV7Ao

INÉS dijo...

Desgraciadamente cada vez nos encontramos con más gente que tiene que salir a la calle para ganarse el pan.
No me gustaría que nuestras calles se llenasen de gente que no tiene con que llenarse el estómago y piden para vivir.
No por mí, me encanta verles actuar en los semáforos, es por ellos y por los que pudieran venir después si las cosas no mejoran.

Laurita dijo...

Son curiosos estos pequeños encuentros cotidianos. Estos modestos momentos de alegría con personas a las que no conocemos a veces nos dan tanta vida...

Saludos.

Kike dijo...

Noble tu preocupación, reverendo tocayo, sobre esta jovencita. Y después hay todavía algunos desavisados, que se dan el lujo de preguntar por qué a los sacerdotes católicos les dicen "padre".

Anónimo dijo...

¿Pero de verdad piensa que es tan jovencita?

paloma dijo...

Aquí en México, don Enrique, en cada semáforo te aborda un enjambre de personas que 'trabajan en la calle' desde los que limpian el parabrisas, los que te venden las cosas más inverosímiles, hasta familias enteras disfrazadas de payasos con las caras pintadas, los niñitos vestidos de conejos, de tigres o de torugas ninjas, tristemente les enseñan a mendigar desde la más tierna edad.

Me dan mucha pena. A veces les doy algunas monedas a los pequeños, pero ahora, prefiero llevar bolsitas con galletas o alguna otra cosa que los alimente.

Esta entrada me ha recordado, que mis pequeños limosneros casi no sonríen...

Juanan dijo...

Esos son los peores. Cuando sonríen duelen tanto...