jueves, 30 de abril de 2009

Para qué sirve un colegio

Redacté este artículo hace bastantes años y tuvo cierto éxito. Ahora anda por la red más o menos mutilado.
Recuerdo muy bien las circunstancias que lo originaron: una cría de nueve años, enfurecida con su profe por alguna razón que ni ella ni yo recordamos, vino a verme a la capellanía y después de exponerme sus quejas, concluyó:
—¡Para qué sirve el colegio, a ver!
Era una pregunta retórica, pero me dio pie para escribir después lo que sigue:


—El colegio debe servir para aprender leer, a escribir, a hablar, a pensar, a rezar, a amar y a contemplar.

—¿Sólo eso?




Saber leer no es recorrer las líneas de un texto o tartamudearlo en voz alta. Tampoco se trata de dramatizarlo, como dijo alguna ministra, ni de rumiarlo con gesto ceñudo. Es sólo sintonizar con el pensamiento del que escribe. ¿Cuántos adultos creéis que estarían en condiciones de leer en voz baja un párrafo sencillo, digamos de veinte líneas, y a continuación explicar con precisión su contenido?

Haced la prueba, y comprobaréis que la mayor parte de los cursos de técnicas de estudio podrían sustituirse por simples clases de lectura.




Saber escribir no equivale a manejar un procesador de textos. En la era del ordenador, muchos universitarios presentan sus trabajos la mar de emperifollados y casi sin erratas; pero redactan como analfabetos. Escribir es encontrar el vocablo justo para el momento justo; es dejar en el papel una huella dolorida, alegre, melancólica, airada o cínica; pero en todo caso auténtica. O, simplemente, saber contar en diez líneas cómo es esta habitación. ¿Por qué no lo intentas, Rocío?

—Vale, pues…, es blanca…




Saber pensar tampoco es sencillo. El problema reside en que pensamos con conceptos, y los conceptos están unidos a las palabras. Ahora dicen que vivimos en la civilización de la imagen. Se nos pasará pronto, porque con imágenes no se piensa.

La imagen es agresiva, elemental, plana; fomenta la pereza, conmueve, pero no dialoga… Las imágenes necesitan de las palabras para tener sentido. Sin ellas no son nada. La palabra, en cambio, llega al fondo del espíritu, llama a la reflexión y al trabajo, excita la inteligencia y demanda respuestas, emplaza al diálogo. Una palabra vale más que mil imágenes.

Cada día manejamos menos vocablos. Eso significa que el pensamiento se empobrece, que somos más manipulables.




Saber hablar casi es lo mismo. Quien no sabe decir lo que piensa, lo más probable es que no piense. Hay libros que enseñan a perorar en público; pero ninguna técnica sirve para decir algo cuando el cerebro está vacío, o para poner en orden un cacumen embrollado.

En todo caso sí que hacen falta clases de expresión oral, o como quiera que se las llame, porque la máquina que Dios nos ha dado para pensar, se alimenta y lubrica con palabras. Un vocabulario bien nutrido y un cierto arte en el manejo del lenguaje pueden bastar para ponerla en marcha.

Pero hablar es sobre todo comunicarse con el prójimo: tener engrasadas las entendederas y las explicaderas; estar en condiciones de transmitir, boca a boca, ideas, sentimientos, afectos y desafectos, alegrías y dolores. Por medio de la palabra uno aprende a ser persona; sin ella no somos capaces de amar.




Saber amar, sin embargo, es algo más. San Juan lo escribe en su primera carta: hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y de verdad. Difícil asignatura. Y es que los niños no aman, se apegan. Los adolescentes, más que amar, se enamoran, que no es lo mismo. Y sólo cuando matan el pavo y se lo comen están en condiciones de entregarse, de desvivirse, con ternura y dolor, con pasión y generosidad: eso es amor.

En estos últimos años muchos padres y casi todos los colegios parecen haber renunciado a educar la afectividad de los niños. Quizá suponen que lo sano es dejarla a la intemperie, para que se exprese indiscriminada y hemorrágicamente. O quizá han delegado en la tele tan ardua tarea. El caso es que el Planeta está llenando de adolescentes crónicos, super precoces en lo sexual e inmaduros en el amor.



Saber rezar es tener el corazón abierto y los oídos limpios para escuchar al Señor. Es también dejar un sí al borde mismo de los labios para que se nos escape sin querer. Rezar es entrar en la órbita de Dios y compartir la intimidad con Él. No hay forma más elevada de comunicación y de amor.

Quien no haya rezado nunca, casi no es humano. Por eso un colegio que no fomente la oración, no educa: mutila y deforma.




Y, por último, saber contemplar. Es la asignatura más importante. El Cielo será contemplación, y la tierra también puede serlo. Si enseñáramos a los niños a ver un cuadro o un paisaje; a gozar con una tormenta, un poema, un atardecer o una melodía; a mirar a los ojos de los amigos y de las amigas; a enamorarse de la belleza más que de la exuberancia metabólica del prójimo, ¡ay, si lográramos todo eso…!

—¿Sólo eso?

—Bueno, si da tiempo, también matemáticas.

18 comentarios:

patzarella dijo...

quiero volver al cole !!!!! mientras, me entretengo contemplando todas las imágenes que encuentro a mi paso, y vaya si son bonitas!

Isa dijo...

Qué impresionante, ¡hasta lasimágenes me han encantado!
¡Ah! ¿existe ese colegio?...si lo sé hubiera ido allí... Pero siempre puedo llevar a mis sobris (cuando tenga, claro).
La verdad es que todo colegio debería enseñar eso, y eso nos concede a los docentes (bueno, yo soy docente en potencia, no en acto) una gran responsabilidad. Menos mal que siempre está El que nunca te deja para pedirle ayuda...

Altea dijo...

¿Y dice que está escrito hace tiempo? Pues parece de ahora.

Carmen Cerezo dijo...

Esperaba encontrarme algo del Adorote Devote, pero esto tampoco me ha defraudado, es más, me ha encantando!para eso sí que sirve un colegio!Da gusto leer estar letras que animan a una futura maestra, como yo, a no desistir ante las palabras llenas de vacío de mi facul.
Gracias!!!

Carmen Cerezo dijo...

Esperaba encontrarme algo del Adorote Devote, pero no, pero no me he llevado ninguna desilusión, porque para eso sí que sirve un colegio!!!
Don Enrique me ha encantado leer esto, ya que todos los dias oigo cosas bastante superficiales, pesimistas y poco convencidas sobre lo que será mi profesión dentro de poco. Esto si que es un colegio! yo tuve la suerte de estar en uno así 3 años, y los tres mejores, que yo recuerde!!!
Molto Grace!!!

chon dijo...

es verdad que este texto circula. Yo lo leí en la revista del colegio de mis hijas. Lo he reconocido por la frase final de las mates. Muy bueno.

Gonzalo dijo...

Magnífico. Gracias.

lolo dijo...

Ya.
Eso "debería" ser.

Aunque los padres tenemos también una gran parte de responsabilidad; no podemos pedir al cole lo que no apoyamos desde casa.

Podemos ayudarles a aprender a leer, a escribir, a pensar, a hablar...pero sobre todo a rezar, a amar y a contemplar.

Me da pena cuando veo cuánto se exige a los profesores desde familias que han delegado, literalmente, todo eso en el colegio.

El artículo me ha gustado mucho y lo he mandado al cole de mis hijos...si no le parece mal.
Gracias, Don Enrique.

Anónimo dijo...

Precioso, siempre gracias.

CRIS dijo...

Me ha gustado mucho el post...me ha puesto en el papel de "alumna", de "madre que educa", de "profe que enseña" y también...de "mis hijos y sus circunstancias". Me parece tremendo que algo tan obvio cómo todo lo que dice...en el fondo, este tan lejos de la cruda realidad...aunque habrá excepciones, claro...

Un saludo

Marite dijo...

Creo que en la familia a los padres nos toca ser maestros de tiempo completo asi es que si me permite reenviare a TODA mi lista de contactos su articulo.
Mi esposo y yo cambiamos hace 6 años a nuestros hijos de colegio de uno laico muy "reconocido" a uno catolico, que supongo que en España le llamarian de Fomento. Nos sentimos como se sintio el ciego que de pronto empiezo a ver. La formacion que recibimos los papas es de lo mas valioso y necesaria. Para aprender a ser papas tambien se necesita "estudiar"
Una comadre siempre nos dijo que MAS importante que saber diferenciar entre un virus y una bacteria era saber que el matrimonio es uno, entre uno y una y para toda la vida.
Mis hijos en los Liceos han aprendido AMBAS cosas.

carlos esteve rozas dijo...

Totalmente de acuerdo Don Enrique. Yo no paro de hacer apología de mi colegio (El Prado) porque creo que llevar a tus hijos para que parendan aleman, inglés, o que tengan amigos hijos de gente importante es tirar su tiempo escolar a la basura. Un saludo

Anónimo dijo...

Impresionante, aunque no tenemos edad de cole, tenemos la suerte de aprender día a día en su blogg. Gracias D. Enrique. AC

Andrea Rodil de del Valle dijo...

Mis hijos están en 3 distintos colegios, dos de ellos como los de Fomento, y el tercero en un colegio que lleva muchos años en España, que originalmente fue católico y luego de la guerra civil pasó a ser laico. No dan religión, ni enseñan a rezar... pero supongo que lo podemos suplir en casa.

Mago dijo...

Soy educadora de corazón y su escrito me ha movido todas las fibras de mi interior. Tengo la suerte de que usted me esté educando para amar, pensar, rezar, contemplar, escribir, hablar y se le olvidó poner reír; y reír mucho... Gracias don Enrique; que Dios lo bendiga. Espero tener la fortuna de conocerlo algún día cuando me pase por España o usted se pase por nuestro México.

MarceD dijo...

¡Don Enrique! :)

Cuánto me gustaría que alguien me hubiera enseñado a contemplar. Creo que es mi asignatura pendiente, algo que aún espero aprender.

Gracias por esto y por lo demás.

Bernardo dijo...

¿Exuberancia metabólica? Je je je.
- Morena, ¡tu tiroides me suliveya!

jose luis dijo...

¡Pero MarcelD! ¡Cómo explicarte que a los 19 años no se tienen asignaturas pendientes!? Que la tenga yo, la misma, con 59 años ... ¡eso sí es tener algo pendiente!

Marcela, mira: Es seguro que tú ya contemplas del verbo contemplar, aunque es probable que aún no lo percibas. Tomar conciencia de nuestras facultades y de cómo las utilizamos, es algo posterior (a veces muy posterior) a su empleo efectivo.

¿A ver si nos sales una contemplativa ejemplar .... ?

Un abrazo de ¡adelante!