miércoles, 2 de septiembre de 2009

El regreso de los mendigos

Un lugar de la Mancha

Han
vuelto los mendigos. Alguno incluso color de veraneante. Y no es que me parezca mal —también ellos tienen derecho a ir de vacaciones—, pero, francamente, a primera vista sorprende un poco.

Julio me dice que ha estado en el pueblo.

—Aquí, en agosto, no hay personal y no se recoge nada. Así que me fui unos días; pocos, porque la crisis no te permite más…

—¿Sabes que hablas como un empresario?

Julio se ríe, pero no sabe que contestar.

—Todos dicen lo mismo; que hay que descansar unos días, que la crisis… Yo creo que tú en el fondo eres como ellos; un autónomo, pero sin pagar impuestos.

Noto que mi amigo se mosquea un poco.

—Bueno, ¿pero me das un euro o no?

—Sí, hombre, sí; pero el año que viene tienes que invitarme a tu pueblo…

Julio (esta vez le he cambiado el nombre) es alcohólico, apenas come y probablemente padece alguna enfermedad mental. Sus hermanos viven en un lugar de la Mancha bien conocido; pero no le quieren por allí. Ésa es su verdadera pobreza. Yo me alegro de que este año haya podido visitarlos y que incluso tenga mejor color.

4 comentarios:

ROSA dijo...

Vd. a su vuelta lo ha encontrado, pero nuestro particular mendigo que cada mañana esperaba a que alguien le diese su café sacado de la maquina y su bollito de pan en la puerta de nuestro Centro de trabajo, falta ... Era algo nuestro, casi nos pertenecía, todo el personal antes de entrar intercambiaba alguna frase con Fede (su nombre), el siempre ha tenido una palabra amable para todos. Poco sabíamos de él y el conocía mucho de nosotros. ¿Volvera también morenito? ¡ojala!, pero algo nos dice que no, han sido 5 o 6 años que no ha faltado a la cita cada mañana……….

Anónimo dijo...

En mi pueblo, a los mendigos no les permiten ni pedir, ante las iglesias. ¡Viva el amor fraterno!

INÉS dijo...

Javi no ha vuelto...se ha quedado por el camino...la droga no da vacaciones.

paloma dijo...

Aqui nunca salen de vacaciones mis mendigos, mis amigos...

A diario nos saludamos en el mismo semáforo, revolotean junto al carro y me saludan. Casi nunca les doy dinero, en cambio a veces les llevo ropa en buen estado y siempre rezo por ellos. Me preguntan por mis hijas, por mi esposo, a todos nos conocen muy bien. Y me dicen: -Pues aqui trabajando jefecita. Estos son los de la mañana.

Ayer por la tarde volví a pasar por el mismo lugar y me encontré a otro 'amigo' que siempre llevaba muletas, tiene las piernas como hilachos pues le dio polio de niño, ahora cuando me vio llegar noté que venía hacia mi en una flamante silla de ruedas, se me acercó my alegre y me dijo:
-¡Qué tal jefa, qué le parece mi nuevo vehículo!, mientras me brindaba una gran sonrisa enseñando sus dientes con un hueco. Platicamos mientras duró la luz roja, él siempre con un gran sentido del humor, a pesar de los pesares.
A veces recibes lecciones de quien menos esperas.
¡Tan importante en la vida el buen humor!.