lunes, 8 de julio de 2019

La mejilla y la espada



Las palabras de Jesucristo que comenté ayer se complementan con otras que transcribe San Lucas en su capítulo veintidós. Poco antes de su Pasión y muerte, el Señor dijo a sus discípulos:
—Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?
—Nada. —contestaron ellos—.
—Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada.
El primer episodio tal vez desconcierte a muchos: ¿cómo vamos a extender el Evangelio renunciando a emplear medios humanos, sin bolsa, sin calzado, sin wifi, sin cobertura, sin automóvil, sin dinero... ? El segundo episodio por una parte tranquiliza, pero también inquieta: ¿acaso necesitamos espada para el apostolado?
Pienso que podemos entender las palabras del Señor sin edulcorarlas. Jesús quiere que entendamos que el fruto de la tarea evangelizadora no depende de los medios que tengamos a nuestro alcance. Hemos de estar desprendidos de todo, incluso de nuestras cualidades personales: ésa es la verdadera pobreza de espíritu que Dios quiere.
Por otra parte, Él no desprecia los bienes materiales, que pueden ser vehículos de la Palabra y de la Gracia. Vivimos en medio del mundo; compartimos las alegrías, las penas, los fracasos y los triunfos de nuestros iguales, y utilizamos los mismos instrumentos materiales. Ser apóstol significa, entonces, no dejarse seducir por ellos. Tener el corazón desprendido. No convertir el teléfono en un juguete. No navegar por la red en busca de basura. No utilizar el automóvil para sentir en vértigo de la velocidad ni para mejorar nuestra autoestima humillando a los demás. Y echar la web para pescar, como nos pidió el Maestro en el Mar de Tiberiades.
¿Y la espada? Tal vez el Señor quiera decirnos que, si nos atacan, habrá que poner la otra mejilla; pero por defender a Jesucristo, a la Iglesia o al sucesor de Pedro, alguna vez  tendremos  que enseñar los  dientes.

1 comentario:

Antuán dijo...

Pues si, reconozco que hay que llevar en estos momentos por lo menos billetero y móvil. Cuando descubrí lo que significaba la santa desvergüenza que dice san Josemaria en Camino. No tuve problemas. Bueno al principio por falta de practica te pasa de todo que hay gente que se cambia de cera materialmente. o no te abre por que ves como corre la mirilla de la puerta o te dice que no vuelvas por allí. Pero los menos. He ido a visitar familias donde parece que no puede vivir nadie: una escalera oscura en un tercer piso ya roto el escalón de madrera, en la buhardilla con cinco hijos pero de lo poco que tiene hasta te invitan a merendar cor-flakes cuando solo pides agua. Y más cosa que tengo en el disco duro que llamo en medios de trasportes. Lo de la navaja me vino bien en la JMJ Para cortar el bocadillo y un trozo de lona porque me perdi del grupo y no tenia con que arroparme y pasar la noche. Ahora esta de cortina en una de las camarillas del patio de mi casa de recuerdo. Pero nada más. Adiosle