domingo, 6 de julio de 2008

Un Dios que se asombra



Son las once de la noche y comienzo a preparar el Retiro que he de predicar mañana.

Busco el Evangelio de la Misa y leo unas palabras de Jesús:

“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.

Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.”

He leído muchas veces este texto, pero hasta ahora no había caído en la cuenta de algo que se me antoja importante: el Señor afirma con toda claridad su omnipotencia y su sabiduría infinita, y sin embargo se asombra de lo que Él mismo ha creado, como si fuera un niño.

Jesús entusiasta; Jesús exultante; Jesús embobado con las cosas de los hombres.

Así lo escribió San Josemaría en "Surco":

“¡Gracias, Jesús mío!, porque has querido hacerte perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se sujeta heroicamente al deber, y se conduce por la misericordia; que vela por los pobres y por los ricos; que cuida de los pecadores y de los justos... —¡Gracias, Jesús mío, y danos un corazón a la medida del Tuyo!"

Aún no sé de qué hablaré mañana, pero pido al Señor que mis palabras broten de ese mismo asombro por las cosas que Dios ha hecho con sus hijos; por la belleza, por la alegría, por las chispas divinas que hay en las miradas, en los guiños, en las lágrimas y en las sonrisas. Que yo también sepa exultar como Jesús, y que mis palabras nunca nazcan de la rutina ni de la mera técnica de viejo predicador curtido.

El búho, que me vigila en el blog con los ojos atónitos, me recuerda que la sabiduría humana y la divina nacen siempre del estupor; estupor por la belleza del tesoro que Dios pone en mis manos y que debo convertir en palabras.

Ojalá sepa hacerlo: ojalá siembre vida y no ceniza; ojalá esas palabras den fruto también en mi alma.

Porque si
no fuese así, si un día me aburrieran las cosas de los hombres. Y si me hastiaran las cosas de Dios...



8 comentarios:

c3po dijo...

Curiosa coincidencia: me pilla Vd haciendo el retiro de julio y, le agradaezco el post. Creo que le daré u par de vueltas al tema, porque refleja muy bien la humanidad santísima de Cristo. ¡Todo un Dios que se asombra!

luis dijo...

Si, gracias por este post, lo estoy imprimiendo para dejarlo por casa

Anónimo dijo...

El post es precioosoo!!!
Y se me ocurre recordarle - aunque sé que no se ha olvidado- que a la medida del compromiso, la medida de la gracia... no se hastiará jamás de Dios ni de las cosas de los hombres... porque Él está empeñado.

LUISA dijo...

ENTRO por primera vez en este blog.Muy bonito.¿Qué buho?¿Es usted del Opus Dei?
Soy Luisa al Sur de España

hector dijo...

Padre, soy de Venezuela y desde hace una semana estoy diariamente revisando su Blog por recomendacion de un colega suyo, ademas estoy comenzando a leer su libro Pensar por Libre y quisiera que me concediera su autorizacion para publicar en un periodico de mi provincia, en el cual tengo una responsabilidad directiva, algunos extractos de su libro o lo que usted pone en su Blog, asi sus reflexiones llegaran a muchas otras personas que no utilizan el Internet y estoy seguro que seran de mucho provecho, tal como ha sucedido conmigo. Saludos Hector Silva

Anónimo dijo...

¡Nunca lo había visto así! Un Dios que se asombra... me encanta. Gracias!

Tras las Raices del saber dijo...

Podriamos decir entonces , que como consecuencia de ese asombro divino, sólo aquel que descubre asombrado la presencia de Dios en su vida,descubre finalmente que el Dios en quien cree es todo amor y que si se deja conducir por él todo será posible pues cree.
felicitaciones padre, tiene un blog muy bonito, que Dios Padre bueno le guie y acompañe en su vocación sacerdotal, tenga por seguro que Él le revelará día a día lo que tendrá que decir y es que si despertamos asombrados de Dios, este asombro nos animará a acercarnos más a él.
Saludos desde Perú.

Enrique Monasterio dijo...

Luisa, ¿de verdad que no me conoces? Sí que soy del Opus Dei. Y el búho preside mi blog en la columna de la izquierda.

Hector: haz lo que quieras con mis escritos. Yo seguiré rezando por Venezuela.