jueves, 21 de enero de 2010

Escándalo y necedad


Otro artículo espléndido de Enrique García-Máiquez. Lo reproduzco tal cual del Diario de Sevilla

Una buena foto con un mal ángulo de la Plaza Mayor de Riaza

"Amarás
a tus enemigos" es un mandamiento y una profecía. El filósofo Jacinto Choza ha explicado que a los enemigos les debemos -amén de la oportunidad de cumplir con el precepto- la claridad de nuestras propias ideas, que se acrisolan por el contraste. Y hemos de agradecerles también que se tomen la molestia de tomarnos en serio. ¿Es o no es para cogerles cariño?

En la polémica de los crucifijos, por ejemplo, los que pretenden descolgarlos saben, al menos, lo que significan, cosa que ignoran quienes los defienden sólo como un souvenir cultural o un adorno inofensivo. Cristo Crucificado, si no es la fuerza y la sabiduría de Dios, debe ser, según san Pablo, escándalo y necedad.

Lo que se dice de la cruz vale para toda la Iglesia. Si la fe no choca, será porque la convertimos en una Concejalía de Fiestas, encargada de las lucecitas de Navidad, de la Semana Santa y del día de la Patrona. A eso se apunta cualquiera. Pero la fe es un pack completo. Hablé con unos amigos creyentes de la resurrección de los cuerpos y empezaron a mirarme raro, como si estuviese zumbado o fuese un zombi. ¿Qué se creerán ellos que rezan los domingos en el Credo?

Algo similar le ha ocurrido al obispo de San Sebastián con sus declaraciones sobre el terremoto de Haití, que tienen a toda España rasgándose las vestiduras. Confieso que cuando leí la noticia pensé que, con esa brusquedad que caracteriza a los vascos, monseñor Munilla se había puesto a hablar de teología y a hacer comparaciones cuando tenía que haber recordado al primer inocente, a Cristo crucificado y su grito desgarrador: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Sin embargo, al leer sus declaraciones exactas, he descubierto que eso, justamente, fue lo que hizo; y luego apelar a la solidaridad, donde la Iglesia no escatima esfuerzos nunca, y, por último, decir que aquello, siendo horrible, no es el mal absoluto, que la última palabra la tiene la misericordia de Dios.

Se queja Munilla de que han sacado sus palabras de contexto, y es verdad. Pero ni con las mejores intenciones la cosa tiene remedio. En el mundo siempre estarán fuera de contexto las palabras de fe. En este caso irrita la esperanza. La gente prefiere que se diga que el dolor es lo peor de todo, un callejón sin salida, y no el pecado, que no les parece tan mal. Desde la fe, sin embargo, tiene razón Munilla: la vida eterna compensa los sufrimientos y la muerte, y la gloria celestial espera a la inmensa mayoría de las víctimas de Haití. Si ustedes no creen, pueden escandalizarse, por supuesto, o considerarme un necio, pero esto es lo que creemos los cristianos.

13 comentarios:

Olga Papathoma dijo...

Gracias por poner un poco de esperanza en medio de tanto dolor. Reconozco que estaba como en otras ocasiones similares, sobrepasada y con un enorme interrogante sobre mi cabeza. El sábado pasado, las palabras de un sacerdote pusieron ya un poco de luz: "Dios sabía que esto iba a ocurrir y ha ido preparando una a una a todas estas personas. Aunque hayan muerto miles en el mismo momento, Él las ha recibido una a una." Dudo de que lo haya asimilado, pero al menos he dejado de pensar en la tragedia en masa que nos presentan los informativos y he empezado a rezar también por los que están vivos, para que uno a uno reciban la ayuda humana que necesitan y el consuelo de su Padre Dios.

Verónica dijo...

La verdad es que es un artículo magnífico. Muy bien traído, pues al pobre obispo Munilla le están dando "opportune et importune" a cuento de esas palabras. Me vienen bien los argumentos para defenderle cuando se tercie (y cuando no). Desde luego,choca la pusilanimidad de políticos de cierto partido, que, en efecto, se limitan a defender el crucifijo como mero vestigio del pasado, apelando a nuestras raíces y cultura, y cosas por el estilo. Todo eso está muy bien, pero sabe a poco, y sobre todo, huele demasiado a chamusquina (quedar bien con la propia parroquia), porque denota miedo y vergüenza. Es como lo de que para ampliar el aborto "no hay demanda social", "ya existía consenso en torno a este tema", etc. etc. La religión, como bien apunta Enrique, "es un pack completo", y no podemos fabricárnosla a la medida de nuestra corta estatura.

c3po dijo...

Se puede decir más alto, pero no más claro!!

Almudena dijo...

Gracias "Enriques". Un artículo estupendo.

DAVID DIAZ CRIADO dijo...

Hola a todos, estoy de acuerdo, pero quiero comentar una cosa: dentro de la inmensa pobreza de Haiti resulta que la mayor parte de sus ingresos se deben al turismo erotico y sexual que tienen y lo que les ha pasado es una llamada de atencion de Dios sobre los pecados sexuales igual que ocurrio hace algunos años con aquel tsunami del indico en el que murieron cientos de miles de personas por la misma razon. Dicho de otro modo: la difusion grande e indiscriminada de pornografia y de la lujuria a nivel mundial es hoy la causa de que todos recuerden el castigo de Sodoma y Gomorra.

Enrique Monasterio dijo...

No, David. No puedo estar de acuerdo contigo. En primer lugar, porque los "turistas" a los que aludes no son haitianos, sino del primer mundo. Los haitianos son víctimas de ese tráfico y del hambre.
Haití ha sido durante muchos años un refugio de esclavos. Han vivido y viven en la miseria más absoluta.
¿Y pretendes que además Dios les castigue por eso?
Tu comentario me recuerda a aquello que preguntaron los apóstoles a Jesús cuando vieron a un ciego de nacimiento: "¿Quién pecó, éste o sus padres, para que esté así?"
¿Sodoma y Gomorra? Madrid, París, Nueva York o Milán se parecen mucho más a esas dos ciudades.

Juana la Loca dijo...

No intentemos entender y explicar todo ni diquiera desde el "punto de vista" de Dios. Se nos escapa la explicación precisamente porque no somos Dios. Rezar, ayudar en la medida que sea posible, e intentar tener visión sobrenatural. Terremotos y Tsunamis los ha habido siempre. Lo único que cambia es que antes no nos enterábamos....

Isa dijo...

Me ha encantado el artículo don Enrique; qué suerte que haya gente como ustedes que sepan escribir tan bien y expresar lo que otros no sabemos pero sí pensamos.

erick dijo...

A Dios gracias D.Enrique

Maria dijo...

Las palabras de Munilla fueron acertadas: el pecado es un mal mayor que el dolor. Es el único mal que lo es en si mismo. El dolor es dolor, no es mal sino dolor que es distinto.
Dicen algunos, los más benévolos, que fueron palabras acertadas pero inoportunas. Sin embargo la verdad es la verdad y la oportunidad es otra cosa.
Hemos de dar razón de nuestra fe con ocasión y sin ella. Y nuestra fe como bien ha escrito Enrique (y resalta Verónica) es un pack. Pero es que además, la Cruz, precisamente la Cruz, es la señal del cristiano y por su señal pedimos al Padre que nos libre de nuestros enemigos. Si de verdad pedimos eso, no podremos escandalizarnos de la Cruz, venga como venga.
Abrazar la propia Cruz, ayudar al hermano a cargar la suya y nunca, nunca, escandalizarnos de ella, la Santa Cruz.
Aprovecho para recomendar este otro artículo maravilloso Ana Frank en Haití

Anónimo dijo...

Gracias por poner este articulo. Como vivo en el extranjero, solo habia oido unos comentarios de un amigo sobre las declaraciones del obispo. Este articulo pone las cosas en su sitio.

E. G-Máiquez dijo...

Muchísimas gracias don Enrique por enrolarme en su globo. Me tranquiliza mucho su aprobación y le debo un buen puñado de buenos lectores. Abrazo grande.

Galahad dijo...

¡Bravo, Don Enrique!¡Esto sí que es toda una defensa! Entendamos lo que entendamos de las catástrofes, todo es para bien. ¡Siempre! Y tiene razón Munilla: el pecado es el único mal. El resto es parte del Plan, y es lo mejor que nos puede pasar.