martes, 19 de enero de 2010

El tiempo que tarda una ostra...


Comer ostras crudas en cualquier época del año es un deporte de riesgo que ya sólo practican algunos fanáticos con tendencias suicidas.
Como es sabido, la ostrea edulis, que así se llama el animalito, suele ser devorada viva y, antes de deglutirla, el consumidor se complace en torturarla con un chorretón de limón, es decir de ácido cítrico. Hasta ahora, los sufridos moluscos aceptaban con resignación su fatal destino; pero, ante la creciente proliferación de marisquerías, han decidido quejarse a la sociedad protectora de animales, a la liga antitaurina y a otras organizaciones defensoras de la dignidad de los bichos. Lamentablemente estas entidades no se dan por aludidas. Se conoce que, para ellas, sólo merecen amparo los mamíferos y algunas aves de mirada melancólica.
Total, que los moluscos bivalvos del orden de las ostreidas han decidido pasar al ataque y ahora tratan de acabar con la especie humana inmolándose en el estómago de sus verdugos con un buen cargamento de virus y de bacterias letales, que actúan fulminantemente.
—Fue terrible, colega, —me contaba Kloster, una de sus víctimas, con el gotero conectado a su brazo izquierdo—. Recibí una caja de regalo. ¡Dos docenas de ostras! Primero pensé compartirlas, pero probé una y estaba deliciosa. Así que comí la segunda, y la tercera… Al llegar a la sexta ya había olvidado que, antes de metérmela en la boca, debía olfatearla discretamente. La rocié generosamente de limón, la despegué de su concha con el tenedor y entró hasta la campanilla deslizándose entre la lengua y el paladar a una velocidad de cuarenta nudos. ¡Una décima de segundo tardó la muy traidora en alcanzar un punto de no retorno!
Kloster me miró atribulado.
—Me di cuenta al instante de que el bicho estaba infectado. Antes incluso de que el molusco homicida llegara al esófago comprendí que el proceso era irreversible. ¡Si hubiese podido retroce-der en el tiempo tan sólo medio segundo, habría expelido a la agresora para depositarla discretamente en el plato; pero estaba escrito que debería comenzar el año 2010 con un intruso en mi interior y un gotero en el brazo.
Era el 31 de diciembre de 2009 y faltaban pocos minutos para que sonasen las campanadas de las doce de la noche. Kloster me hizo notar que todos estamos atrapados en la historia, que no es posible rebobinarla ni siquiera un instante, que la soñada máquina del tiempo es un imposible metafísico:
—Yo me habría conformado con desandar un clic. Para que luego aparezca en la tele una señora vestida de marciana diciendo que viene del futuro con un detergente. ¡Valiente idiotez!
A continuación mi amigo se puso a divagar.
—El instante lo es lo que vale —me dijo—. Todos tenemos un pasado y un futuro, pero lo que cuenta es el presente; ese instante tan fugaz como el paso de una ostra hacia el esófago. A mí, ese instante equivocado casi me manda a la tumba. De un sí o un no, que se pronuncian en una décima de segundo, pueden depender la vida o la muerte; incluso la vida eterna.
Era evidente que la ostra infectada no le había dañado las cuerdas vocales.
—Hay quienes se pasan la vida —continuó— mirando por el retrovisor para añorar los años vividos o para lamentarse de los errores que ya fueron perdonados, y hay quienes de tanto soñar con el futuro se rompen la crisma con las farolas del presente.
No me atreví a interrumpir a mi amigo hasta que concluyó:
—Aprovecha el instante, colega, pero de tal suerte que cada segundo de tu vida toque la eternidad. Llenemos de instantes de oro el resto del año. Y que Dios nos encuentre así, en un momento de lucha, de triunfo. Esa última batalla de la vida será sólo un relámpago, pero nos ganará el Cielo. Y si se te cruza una ostra en el camino, no te dejes seducir.
El pecado es eso: un molusco maldito. Si le abres la puerta…

15 comentarios:

Pierre Nodoyuna dijo...

Qué profundo se nos ha puesto Kloster! Yo que iba a comentar que una buena ostra merece una indigestión.... En fin habrá que hacerle algo de caso. Me voy a producir.

Capuchino de Silos dijo...

¡Hay tantas ostras envenenadas!
A mí, concretamente, no me gustan.
Moriré envenenada, pero no por ellas.

Anónimo dijo...

Kloster!!!! tus palabras son mas q palabras en mi mente, gracias por hablarnos un poco de esa Ostra envenada...

D. Enrique, te pido me lleves en tus oraciones, estoy al borde de la decesperacion.

un fuerte abrazo, Burbujita de Mani.

INÉS dijo...

Pues tiene razón su amigo.
Lo malo es que hay que estar muy atentos y eso...sí que es una batalla.
Uno solo no puede...habrá que pedir fuerzas.

Isa dijo...

Cuánta razón tiene Kloster...Por el camino nos encontramos con muchas ostras y muy atractivas, por cierto, que nos creemos que es bueno ingerir y luego se nos indigestan y nos echan a perder.
Por tanto, hay que vivir el presente con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra y si, por un error, consumimos algo podrido, tendríamos que ir corriendo al Médico, que, gracias a Dios, siempre nos cura.

Anónimo dijo...

Desesperación...
No me extraña. Nuestros pecados abundan. Pero Dios, que es tan bueno, tan misericordioso, nos perdona siempre y nos salva siempre de la borde de la desesperación.

Sin embargo...

Desesperación...
Hay otro tipo de desesperación del que es difícil de liberar: cuando tus hermanos, tus amigos, tu familia te tratan con indiferencia, con desaprecio. Dicen que la famlia es a la que vuelves siempre. Vuelves porque encuentras el calor de hogar, el cariño de tus padres, de tu esposa, de tu esposa, de tus hermanos, de tus hijos. ¿Qué pasa cuando los tuyos te tratan...?
Te desesperas.
Con razón Benedicto XVI nos llama a ser testigo de esperanza, nos dice que la caridad de Cristo nos urge a vivir la fraternidad.
La vida en sí es bastante dura. Basta una mirada limpia, sincera y llena de cariño. Basta eso para salvarnos de la desesperanza.

Anónimo dijo...

D. Enrique:
Soy el anómino de 16:45. Lo mismo que el anónimo de 15:30, le pido a Ud. que me lleve a sus oraciones, a la Santa Misa. Parece que la tiniebla de desesperanza va apoderando con silencio de mi alma. Para mí no me bastan los medios sobrenaturales. Los medios humanos los necesito. Me dicen que "te basta la gracia de Dios". Seguir este consejo sólo me lleva a la soledad, a la angustia, a la tristeza. Parece que quieren convertir esa frase de San Pablo en una fórmula mágica o en una técnica que se pueda aplicar a cualquiera persona bajo cualquiera circunstancia. Este anónimo ya se encuentra cansado. Miserere Domine, miserere!

Anónimo dijo...

Estimado Anonimo...

Gracias por tus palabras, mi decesperacion es por la pronta ausencia de un ser muy querido para mi , hoy agoniza en la cama de un hospital y se despide lentamente de todos los q le amamos y ya le extrañamos tanto.

Hoy Pido a Dios y a la Virgencita que me de fuerzas para aceptar lo trsite y amargo de la partida de esa persona que tanto amor nos entrego...

Confio en que algun dia estaremos juntas nuevamente....

Saludos, burbujita de mani

E. G-Máiquez dijo...

¡Ostras, cómo me suena esto, Kloster, —Hypocrite lecteur,—mon semblable,—mon frère! Y quién hubiera leído antes a d. Enrique.

Enrique Monasterio dijo...

¿Acaso pensabas, querido Enrique, que fuiste la única víctima de la ostra maldita?

Enrique Monasterio dijo...

Anónimo: estoy hecho un lío. ¿Por que no me escribes a mi correo?

Juanluís dijo...

Gracias. Es muy ilustrativo; y siempre sin perder el buen humor. Ahora, a ponerlo en práctica.

Bernardo dijo...

Vaya, ¡qué buen post! Enhorabuena por triplicado: por la caja de ostras (qué ricas), por sobrevivir a la ostra infectada, y por escribir un post tan bueno.

Ya tengo una de sus frases en el portapapeles, para enviarla por correo electrónico.

maria dijo...

Con esa anécdota me acuerdo de lo que me sucuedió con las ostras.
En la fiesta de matrimonio de mi hermano había un mesón lleno de mariscos frescos para servirse ...

Como nunca las había probado, puse unas cuántas en el plato y me fui a sentar a la mesa ... a la hora me tuvo que traer devuelta mi marido con la revoltura de estómago más atroz.... y en consecuencia para mí se había acabado la fiesta

Al día siguiente mi madre me llama por teléfono preguntándome que qué era lo que me había sucedido y le conté que no sabía ... que quizás serían los mariscos ... :" Mijita, Ud. sabe que en la familia todos tenemos alergia ( que en realidad es intolerancia) a las ostras "

"Pero mamá , cómo no me contaste"

" Bueno, pensé que lo sabías"

De ahí en adelante me di cuenta que hablar de enfermedades y similares en mi familia , como tradición familiar, está vetado.
Por eso que nunca me enteré de esa intolerancia familiar hasta que la viví.

( Qué desagradable son las cosencuencias, no??? )

javi dijo...

Buenisimo, buenisimo y buenisimo. Se lo voy a mandar a amigos y familiares (que conste que no suelo mandar mensajes "al mogollon"). GRACIAS!